Alemania alerta en las Filipinas

Carlos A. Font Gavira
Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla




El Océano Pacífico representa una vasta área casi imposible de abarcar por entero. Este inmenso lago azul pasó desapercibido para los exploradores y navegantes europeos durante siglos hasta que el impulso descubridor de españoles y portugueses durante el siglo XVI hizo concebir esta zona oceánica de otra manera. El incipiente imperio español fijó su atención en las islas Filipinas de mano de Fernando Magallanes y Juan Sebastián Elcano, en aquella expedición que sirvió para descubrir y explorar numerosas islas del Océano Pacífico.

.....El dominio español sobre las islas Filipinas se extendió por periodo de casi cuatro siglos. Las Filipinas mostraban ser una excelente base de operaciones para el comercio con China y otros reinos asiáticos, aparte de una escala naval de primer orden para los barcos que venían de los virreinatos americanos. Menos conocido, quizás, es la presencia española en Oceanía. Numerosas islas y archipiélagos estuvieron bajo el dominio y soberanía de la Corona española tales fueron los casos de la isla de Guam y los archipiélagos de las Marianas, Carolinas y las Palaos. Hay que resaltar que el dominio español era más teórico que real pues nunca hubo una presencia efectiva de soldados, civiles, eclesiásticos, colonos o administradores en las islas durante siglos. Aún así ninguna potencia discutía las posesiones de España en el Océano Pacífico.

.....Esta situación de relativa tranquilidad cambió drásticamente a finales del siglo XIX al calor de la gran expansión colonial de los poderes europeos. Una nueva era de imperialismo se presentaba ante el mundo. Todos los países con pretensiones de convertirse en grandes potencias buscaban con avidez territorios que no hubiesen sido ocupados o explorados para ocuparlos y explotar las materias primas que ofreciese. La Conferencia de Berlín (1884-1885) marcó las áreas territoriales de África designadas a cada país europeo así como las normas para establecerse evitando conflictos bélicos entre los países interesados. El mapa del continente africano fue repartido con asombrosa rapidez, de manera pactada y sin incidentes graves, entre británicos, franceses, alemanes, belgas, españoles, portugueses e italianos. Este modelo de reparto colonial no fue aplicado al Océano Pacífico, que también ofrecía enormes espacios vírgenes por la cantidad casi infinita de islas, archipiélagos y atolones que ofrecía para ser ocupados. No se trataba de una ocupación territorial como en África pero, en una época de expansión naval, se mostraba idóneo para establecer bases navales, arsenales y estaciones de radios y carbón para mantener abiertas las líneas de comunicaciones de los distintos imperios coloniales.

.....Entre los países europeos destacó sin duda uno que se había unificado como Estado-Nación recientemente y que aspiraba a convertirse en una gran potencia mundial. Nos estamos refiriendo al II Imperio Alemán. Una potencia tradicionalmente continental se marcaba nuevas aspiraciones y pugnaba por tener “un lugar al sol” en terminología de la época. El advenimiento al trono imperial alemán del káiser Guillermo II supuso un cambio brusco de dirección en la política exterior y colonial alemana. Alemania, país sin tradición colonial, había llegado tarde al reparto del mundo entre las potencias imperialistas, y estaba ávida de buscar nuevos territorios que añadir a las colonias, esparcidas e inconexas que ya poseía en África. No se buscaba colonias como fuentes de materias primas sino como bases de prestigio mundial ( “Weltpolitik —Política mundial”). El Océano Pacífico, como hemos destacado antes, se ofrecía como un área a ocupar que ofreciera posibilidades si se llegaba con la suficiente celeridad. En este contexto histórico se produce la irrupción alemana en el Océano Pacífico.

.....El primer intento de Alemania de apoderarse de las posesiones españolas en el Pacífico se dio en el caso de la isla filipina de Joló, entre Mindanao y Borneo. El asunto se encauzó mediante unas largas negociaciones diplomáticas entre ambos gobiernos que desembocaron en el Protocolo de 7 de marzo de 1885 por el cual España cedió Sabah (Norte de la isla de Borneo) y concedió franquicias y ventajas comerciales a los alemanes en Joló. El gobierno de Berlín no se quedó satisfecho pues quería algo más que ventajas comerciales: la ocupación efectiva y dominio absoluto de las islas españolas en el Pacífico. El siguiente paso de Berlín se iba a fijar en las islas españolas de Carolinas y Marianas, aunque de soberanía española, no presentaban una presencia efectiva de la potencia colonial. El gobierno alemán intentó la ocupación de la islas Carolinas al amparo de la doctrina colonial establecida en el Congreso de Berlín: “Sólo se podía reivindicar la soberanía de aquellos territorios que se controlaran efectivamente y no teóricamente”. Era el comienzo de un conflicto diplomático entre España y Alemania que bien pudo haber desembocado en una guerra abierta entre los dos países.

.....El gobierno español decidió el asentamiento definitivo en las islas para evitar la presencia alemana mediante un gran esfuerzo económico y militar. España preparó desde sus posesiones en Filipinas, en Manila, una expedición naval compuesta por los transportes de guerra “Manila” y “San Quintín”, y con órdenes de ejercer la soberanía española ante los intentos de otras potencias de ocupar las islas. El gobierno alemán responde, mediante su embajador en Madrid, anunciando al gobierno español su intención de ocupar las islas Carolinas, ya que las considera territorio sin dueño (res nullius). Los dos barcos españoles enviados llegaron a Puerto Tomil (isla de Yap) e iniciaron los preparativos para el acta de posesión de las islas con el ceremonial correspondiente en estos casos, con la adhesión del cacique local e izado de la bandera española. Los alemanes no perdieron el tiempo y enviaron también un barco de guerra, el “Iltis” a la zona. La crisis se acentuaba y el conflicto estaba más cerca que nunca.

.....El comportamiento alemán causó una gran indignación y efervescencia patriótica en la población española que veían el comportamiento alemán como “pirático”. En España no tardaron en aparecer los alborotos traducidos en el intento de asalto a la embajada alemana en Madrid, con rotura del escudo imperial alemán. Como vemos las espadas seguían en algo y los ánimos encendidos.

.....La presencia naval de España en las Filipinas, aunque no fuera una fuerza demoledora, había que tenerla en cuenta. La fuerza naval española en el teatro de operaciones constaba de los cruceros “Aragón”, “Castilla”, “Navarra”, “Velasco”, “Marqués de Duero”; la corbeta “Vencedora”, tres goletas de hélice “Sirena”,”Valiente” y “Animosa”. Aparte hay que contar los transportes correspondientes a estas unidades navales y algunos pequeños cañoneros. A pesar de esta fuerza, la potencia de combate real no sería la esperada debido a las averías y falta de reparaciones que adolecía algunos barcos. El Gobernador de las Filipinas, Emilio Terrero y Perinat, describía la situación de la siguiente manera: “Desgraciadamente, Vd. no desconoce la falta absoluta que tenemos de medios materiales para rechazar tan inicua agresión, agravada con los temores que abriga el gobierno de S.M. de que a la vez pueda ser amenazada esta capital (Manila) por fuerzas alemanas”.

.....Finalmente España propuso la mediación del Papa León XIII para evitar un conflicto armado de imprevisibles consecuencias. Mediante un acuerdo entre el Reino de España y el Impero Alemán, se firmó un Protocolo el 17 de diciembre de 1885 según el cual, España conseguía el reconocimiento de su soberanía sobre el archipiélago de las Carolinas pero concedía al Imperio Alemán la libertad de comercio, navegación y pesca, y las islas Marshall, así como de establecimientos agrícolas. Por otra parte se concedía una estación naval y un depósito de carbón a la marina alemana. Este acuerdo cerró un conflicto que podría haber derivado en una guerra abierta entre España y Alemania. Lanzamos la hipótesis de historia-ficción que, quizás, en caso de haberse declarado la guerra, el desastre de 1898, en términos de la historiografía española, podría haberse adelantado trece años cambiando a los EEUU por Alemania.

.....Muchos aducen a Bismarck como principal artífice de la paz con España por su falta de interés en la expansión ultramarina y su concentración en los asuntos del continente europeo: “¿Qué hacer? ¿Bombardear las fortalezas marítimas españolas? Muchos impulsaba a hacerlo, pero yo pensaba que sería preciso gastar quizás unos 100 millones en nuevos odios y en nuevas discordias… Son las declaraciones de un estadista a quien las islas no merecían una guerra y la enemistad de España, quien pudiera acercarse a Francia, comprometiendo gran parte de la labor diplomática del viejo canciller.

.....Después de la crisis de las Carolinas de 1885, Alemania no se dio por satisfecha y buscaba otra nueva ocasión para hacer acto de presencia en el Pacífico como una potencia de primer orden y no una simple espectadora. Habrá que esperar a la guerra hispano-estadounidense de 1898, para que se les presentara a los germanos una ocasión para posicionarse en el área del Pacífico. La guerra de Estados Unidos contra España conocemos de sobra como terminó, con el fin del Imperio español de ultramar y la adquisición de sus últimas posesiones coloniales a manos de la potencia emergente de los Estados Unidos. El episodio cubano es muy conocido pero la actuación norteamericana en el área del Pacífico pasa un poco desapercibido. Cuando estalla la guerra contra los Estados Unidos, Alemania ve la oportunidad de sustituir a España en el control de todos los archipiélagos y así, con el pretexto de defender a los súbditos alemanes, envió una flota de considerable poder y comparable a la que enviaron los Estados Unidos a las Filipinas. Aparte de la flota, los alemanes tenían preparado un contingente de soldados prestos a intervenir a la primera orden de ataque. A pesar de los rumores que circularon en España sobre la intervención alemana a favor de la posición española, lo que realmente ocurrió es que se limitaron a observar las actividades norteamericanas.

.....Los alemanes en su afanosa búsqueda de colonias ya tuvieron algunos roces con los estadounidenses, también ávidos por establecerse como gran potencia en el Pacífico, en el caso, por ejemplo, de Samoa. Estadounidenses y alemanes apoyaban a facciones rivales de la isla para poder ejercer su influencia en todo el territorio de Samoa. Cuando se abren las hostilidades en 1898, entre españoles y estadounidenses, los alemanes siguen atentamente los acontecimientos intentando aprovechar cualquier oportunidad favorable para ocupar las islas Filipinas. Incluso el propio káiser Guillermo II, al tanto de los movimientos navales del almirante Dewey frente a las Filipinas, avisó, a través de su embajada en Madrid, a la Reina Regente del peligro de ataque norteamericano a las islas Filipinas.

.....La fuerza del Imperio Alemán consistía, básicamente, en su ejército de tierra, organizado y disciplinado, y aprovisionado con las armas más sofisticadas del mundo. En términos navales aún les quedaba mucho por avanzar pero ya existía una línea clara para avanzar en el refuerzo naval de la flota alemana en número y potencia. Cuando el almirante Dewey bloqueó con su flota Manila, algunos países enviaron barcos de guerra en calidad de observadores como Inglaterra, Francia y Japón. Alemania quiso hacer una demostración de fuerza y despachó cinco buques de guerra al teatro de operaciones. La fuerza naval alemana constaba, entre otros, de los cruceros “Irene” y “Kaiserin Augusta”. La postura oficial alemana era que su presencia naval obedecía a la necesidad de proteger a los ciudadanos y propiedades alemanes ante una posible evacuación de los mismos de Manila. El almirante Dewey, no obstante, estaba preocupado porque los alemanes pudieran interferir en las operaciones antes de la rendición de España, asegurándose así un papel en las negociaciones de paz y la posterior disposición del territorio filipino.


...........................S.M.S. Irene

.....La flota alemana se podía equiparar a la que tenían los norteamericanos en Filipinas y los recelos y suspicacias siguieron creciendo entre las dos potencias. El gobierno norteamericano tenía muy claro sus objetivos en la isla de Cuba, no así en las Filipinas, y Alemania no estaba sola en los deseos de las otras potencias destacadas en la zona de establecer una división del archipiélago en esferas de influencia o ponerlas bajo un mandato internacional. Finalmente, con la captura de Manila por los estadounidenses, el fin de las hostilidades y la firma del protocolo de paz, los barcos de todas las potencias, incluidos los alemanes, abandonaron la zona. Alemania dejaba escapar, una vez más, una ocasión para establecerse en el Pacífico.

.....Los alemanes no cesaron en sus empeños imperialistas por tener una zona de influencia en el océano más extenso del planeta y la ocasión propicia se les presentaría de la manera más inverosímil. Esta vez la tentativa no estaba en una guerra sino en un tratado de compraventa. Después de la derrota española frente a los EEUU, España se encontraba en una posición de debilidad que aprovecharon los alemanes para presionar al gobierno español para que les vendiese sus últimas posesiones en Oceanía. En el Tratado de París, los EEUU, por ignorancia o desidia, habían incluido Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam, que pasaban a su dominio pero se les había olvidado incluir todas las islas que estaban bajo la soberanía teórica de España. Estos territorios eran las islas Carolinas, las Marianas y las Palao. Esta vez Alemania no iba a dejar escapar la ocasión y se iba a hacer por fin con un imperio ultramarino en esta zona oceánica. El tratado de 1899 dispuso la venta a Alemania por parte de España de todas estas islas por la cifra de 25 millones de pesetas (unos 17 millones de marcos). El tratado fue ratificado por la Reina Regente María Cristina pues su hijo, el futuro Alfonso XIII, aún era un menor de edad. Con esta firma España dejaba de estar presente en el Océano Pacífico después de casi cuatro siglos desde que sus navegantes fueran los primeros europeos en surcar estas inmensas soledades oceánicas.



........................................Flotas españolas en Filipinas


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Kaiser Guillermo II

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Tomo XVI, no.3,
Invierno 2012-13
,

Director: Edmundo Farolán
Isaac Donoso
Subdirector, Redactor




En este número:

Editorial

El Documental "El Idioma Español
en Filipinas" se proyecta en Manila

Javier Ruescas

El documental sobre el idioma
español en Filipinas

Guillermo Gómez Rivera

Introducciones a la literatura filipina
en español:
Análisis de las obras de
Estanislao Alinea,
Luis Mariñas y Delfín Colomé

Cecilia Quirós Cañiza

Isaac Donoso y Andrea Gallo:
Literatura hispanofilipina actual

Jorge Molina del Callejo

Intertextualidad hispanoamericana
en las letras hispanofilipinas

Manuel García Castellón

Carpe diem en el poema “Manila”
de Fernando Ma. Guerrero:
Las conexiones del presente,
pasado y futuro

Therese Chua

El recuerdo y la resistencia:
Poética de
Enrique Fernández Lumba

Jad B. Monsod

Alemania alerta en las Filipinas
Carlos A. Font Gavira

Bitácoras Filipinas en español
Roberto Rico


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