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Tomo XI, no.3,
Invierno 2007-08
Director: Edmundo Farolán


En este número:


Cuando llegues


El recuerdo nunca muere
de Emocionario,
versos de la adolescencia (1929)

Francisco Zaragoza

Versos contra
los indignos filipinos

G.Gómez Rivera
Carta abierta a José Rizal
Francisco Zaragoza

Nueva antología de
escritores
filipinoamericanos
con una intro. a P. Rosal y A.Girmay
E. A. Lozada

Como vidrio
Patrick Rosal

Lamento del gallo
Patrick Rosal, Aracelis Girmay


Memorias de
la guerra de Filipinas
en los recuerdos de
María dolores Tapia del Río

Andrea Gallo

Homenaje
al Profesor Leandro Tormo Sanz

Perla Primicias, Andrea Gallo


BIBLIOTECA DE
CRÍTICA LITERARIA FILIPINA

Número Primero
José Rizal y el canon
literario occidental:
El Consejo de los dioses (1880)

Introducción y edición de
Isaac Donoso Jiménez









Todos los derechos reservados /
Copyright © 2007 Revista Filipina,
Edmundo Farolán

Diseño: E. A. Lozada


Francisco Zaragoza

Cuando llegues
de Emocionario,
versos de la adolescencia (1929)




Tu presencia presentí
en aquel vivo fulgor

de un ocaso de rubí.
Desde entonces siento en mí
los estigmas del amor.

Tu fragancia voy siguiendo
sonámbulo de tus huuellas.
De ansiedad todo me enciendo
y a mi paso van cayendo
cual pétalos las estrellas.

Cuando llegues, rasgaré
mis sendales interiores
y como ofrenda pondré
–pobre alfombra de tu pie–
mis estrellas y mis flores

Cuando llegues a mi lado,
tendrá más luz la mañana,
muestro amor será sagrado,
nupcial y limpio brocado
la linfa de la fontana.

De oro serán sus raudales
formados para un joyel.
Florecerán los rosales,
destilarán los panales
su más deliciosa miel.

¡Alza el rosal de tus manos!
¡Déjame oír tus latidos!
Se enjoyarán los pantanos
y los pájaros livianos
arrullarán en sus nidos.

¡Fascina con tu mirada
la nostalgia de mi vida,
que la noche está callada
y, la luna, en la enramada,
parece que está dormida!

Sobre mi pecho reclina
el candor de tu belleza,
de clara luz matutina.
Y tu sonrisa divina
restañará mi tristeza.

La brisa errante y alada
vendrá a besarnos la frente
con su azul scheherazada
y una embriaguez encantada
será el sueño adolescente.

Cuando llegues a mi vera
¡oh, mi adorada Vestal!
surgirá la primavera
y será la vida entera
un arpegio de cristal.