La historia de la escena filipina
(fragmentos)
Conclusión

Cecilia Quiros Cañiza
(La autora terminó sus estudios de B.A. en el colegio de mujeres, Bryn Mawr
en Pennsylvania, EEUU. Publicamos aquí con su permiso fragmentos de su tésis final.)



Teatro Zorilla (Manila, 1893). Fotografía. Gerónimo Berenguer de los Reyes Museum, Cavite.
The World of 1896.


ADELINA GURREA

En el Círculo Filipino de Madrid en 1954, Adelina Gurrea y Monasterio dio una conferencia sobre la historia de las Filipinas y declaró que su país era “heredera privilegiada: decía ayer...digo hoy” (Gurrea, Filipinas heredera privilegiada ). Sin embargo, leyendo de nuevo su disertación de 1935, pronunciada el año que los Estados Unidos establecieron el Commonwealth en las islas, Gurrea pensaba en el futuro de la nación filipina y habló de sus dudas sobre la independencia de 1946. El mismo año de la conferencia ella utilizó las dudas y los acontecimientos históricos y escribió un drama en un acto, Filipinas. La obra se trata de los personajes alegóricos Tío Sam, España, Historia y Filipinas discutiendo las razones y las consecuencias del imperialismo. En ella, la política y el pasado sirven como base para una alegoría nacional en donde analiza el destino de los filipinos a lo largo de su historia.

Gurrea es más conocida como poeta y autora. La hija de padres que mantenían una hacienda en Negros Occidental, Gurrea estudió en la Universidad de Sta. Escolástica y era editora del periódico La Vanguardia. En 1921 ella se trasladó a Madrid y ayudó en fundación de la Asociación España-Filipinas en 1934 y el Círculo Filipino de Madrid en 1950. Como miembro de la Academia Filipina y la Real Academia Española de la Lengua, ella promocionaba sin éxito la conservación del lenguaje español en las islas. Y aunque ella vivió en España hasta su muerte, mantuvo su ciudadanía filipina por el resto de su vida.

La vida, según la poetisa y dramaturga, “Es un drama, de más o menos actos...” (“A mis primos,” 147). El tema de la vida como representación y camino no es nuevo a la literatura, especialmente a la escritura y al teatro filipino que toman como influencia las tradiciones occidentales. En la obra El gran teatro del mundo de Calderón de la Barca, por ejemplo, el autor dice: “Y pues que yo escogí de los primeros / los hombres, y ellos son mis compañeros, / ellos, en el teatro / del mundo, que contiene partes cuatro / con estilo oportuno / han de representar” Gurrea misma establece su drama dentro de esta tradición teatral de España, y toma los autos sacramentales, popularizados durante el Siglo de Oro principalmente por Calderón, para presentar al público español la situación actual de su país.

El crecimiento de los autos sacramentales y otras formas de teatro teológico fueron una respuesta a la Reforma (que llegó a ser una de las influencias más importantes en la creación del drama nacional en España). Representados en las calles de los pueblos, eran una manera de confirmar las ideas de España como protectora única de la fe católica durante la Contrarreforma en Europa

En este mundo de teatro teológico, el hombre y su destino son sujetos de análisis e investigación. No era una coincidencia que Adelina Gurrea escogió el auto del Siglo de Oro para presentar sus preocupaciones sobre su país natal. De hecho, el auto trata de educar a la gente sobre la religión, específicamente el papel de la fe en su salvación. La obra española tiene que empezar, entonces, con la historia humana.

Esta historia humana universal alegorizada comienza con la caída del hombre hasta su redención, y cada etapa llega a ser personificada a la misma vez en el escenario. Es precisamente esta idea del tiempo sincrónico relacionada generalmente con los autos que Gurrea manipula en su obra.

Usando este modelo español que trata del proceso histórico desde la perspectiva de la religión, Gurrea escribe un auto sobre los siglos de imperialismo que han influido la cultura y la mentalidad de sus paisanos. Su obra Filipinas no es, entonces, un auto sacramental en el sentido religioso que caracteriza el teatro teológico del siglo XVI de España. Este proceso de transformación y reapropiación por parte de Gurrea, un proyecto de “descolonización” literaria, incluye la reconsideración de la patria a lo largo de su pasado.

Para ver la dirección de la vida humana, Gurrea dramatiza los agentes principales en la escena de la historia filipina, incluso Historia misma quien apunta los acontecimientos entre Filipinas, España y Tío Sam. Pero distinto a los autos sacramentales de España, donde el comienzo de la religión católica y su pronóstico sirven como respuesta salvadora de los errores mortales, el desenlace de Filipinas no tiene resolución. En vez de interceder Cristo redentor al final, interviene los Estados Unidos. De hecho, no hay fin al drama del imperialismo que ha representado al país filipino. Para Gurrea, el estudio del pasado no ofrece respuestas para el futuro de las islas y no provee en la explicación de la condición actual de su país.

Al concluir su obra, entonces, ella se resigna a dejar la cuestión del destino filipino con la Historia.: “¡Cuánta historia!” exclama Tío Sam al escuchar la migración de los negritos, indonesios, malayos, y mahometanos a las islas. Esta narración de la cultura indígena que escucha el país americano forma parte de la charla que organiza el personaje Historia para apuntar en sus libros. La historia, según ella, “tiene que llegar tarde. Es su obligación...Yo tengo que llegar cuando todo ha pasado, cuando todo se ha hablado...para que yo las pueda ver y registrarlos” (Gurrea, Filipinas heredera privilegiada ).

. Es preciso notar que la conferencia tiene lugar ocho años después de la independencia filipina de los EEUU el 4 de julio de 1946. Este acto de recordar los acontecimientos históricos por los personajes y el reconocimiento de las huellas del imperio parecen ser un intento de poner en su sitio la narración de Filipinas, que ha sido silenciada por muchos siglos. “La historia no se debe olvidar nunca,” regaña Tío Sam, e Historia confiesa: “Razón tienes, pero a veces...olvida, olvida” (Gurrea, Filipinas ). Dentro del espacio de teatro, entonces, Filipinas recupera toda su historia problemática, y critica y se burla de los costumbres de Tío Sam y España, a la misma vez que ella se da cuenta de que los ha adoptado también como parte de su cultura.

“La epopeya más grande de la historia,” cuenta doña España, “es la colonización...” (Gurrea, Filipinas) Y en el drama de las Filipinas, el resultado de la colonización del pueblo filipino es el tema de la cita. Doña España en la obra de Gurrea repite que ella fue en busca de otros países para salvar las almas de los nativos. Hay un tono irónico y crítico en la conversación siguiente entre los personajes, que se extiende por el resto del acto:

0000000España: Colonización, no; formación de veinte naciones con una misma
0000000religión y una misma habla, sin destruir las razas, ni el carácter típico de los habitantes;
0000000sin arrancar las raíces autóctonas ni borrar las huellas de su pasado.
0000000Un dar sin tomar nada, un perder sin ganar, más que la gloria de crear y de formar,
0000000y la gloria de llevar almas al cielo.

0000000Tío Sam: Yo creo que exagera.

0000000Filipinas: Tst...que en esto pierdes. (Gurrea, Filipinas)

A pesar del tono negativo frente a España, la obra sugiere una resignación al hecho que España sí cambió el carácter de las islas y casi aniquiló la cultura indígena del país. De hecho, Gurrea pronuncia en su charla en Madrid que “[v]olver a nuestra pura esencia malaya es tan imposible como borrar del calendario trescientos cincuenta años” (Filipinas heredera privilegiada).


Si Filipinas misma no contradice el habla de España, es el personaje Tío Sam quien expresa la confusión a esta bienvenida de la cultura española en las islas, y su manifestación particularmente a través del Catolicismo, aún durante su propio reino. Comparando los cincuenta años bajo su tutela a los casi cuatro siglos del imperio español, Tío Sam señala las empresas favorables que deberían haber promovido mejores relaciones con el país. Sacando su cuaderno, América lee: “Primero: Llevé 2.000 maestros inmediatamente detrás de mis soldados[,] Segundo: Enseñé mi lengua a todos los filipinos...para comerciar mejor en el mundo[,] Tercero: Les hice hacer gimnasia todos los días...[Y] [h]oy Filipinas es un pueblo libre...” .

Sin embargo, Tío Sam nota que Filipinas todavía le tiene cariño a España. Exasperado él pregunta: “¿Y cómo han podido hacer dinero, tener amigos y ser felices los filipinos?...¿Y los pobres?...¡No os comprendo, no os comprendo!...[España] no os dejo carreteras, puentes, fábricas; no combatió las epidemias...y por no enseñaros ni siquiera os enseñó su lengua”

Pero al final de la obra Filipinas reconoce las herencias americanas y españolas, y está de acuerdo con lo que apunta Historia en sus archivos. Ella concluye,“Yo perdono y olvido todas las debilidades, todos los defectos de su comportamiento conmigo. En el otro platillo de la balanza ¡es tanto y tan bueno lo que he recibido de los dos!”

La imagen de la Justicia con su balanza nos vuelve a la obra de Rizal, quien evalúa su educación extranjera, y Gurrea hace lo mismo con su estimación de la historia complicada de la patria. Su “desenlace” optimista y fácil, sin embargo, al decir que el pasado y el presente ya tienen equilibrio, esconde la gravedad de la situación política e histórica en el país y las preocupaciones de la autora sobre la identidad filipina. Hacia el fin del acto Filipinas admite, “España me enseñó a tomar con risa todo lo irremediable” .

Este momento cómico al concluir la obra es distinto al final del auto en el sentido tradicional, es decir, dentro del ambiente de fervor religioso que normalmente termina en la celebración eucarística. Pero en Filipinas no hay ni una promesa de esperanza ni epílogo por parte de Historia cuando ella cumple con su “función” dramática. Historia escribe los hechos históricos que ella escucha, un escenario en que ella también participa. Luego, Historia sale de la escena y deja a Tío Sam, a España y a Filipinas a decidir cómo van a pasar el día. En esta última escena, España y Filipinas consienten en ver un juego de fútbol, y Tío Sam se marcha solo.

El enigma del teatro filipino no tiene que ver con la redención del espíritu mortal por la religión sino la salvación del pueblo asiático por la independencia. En vez de pensar favorablemente en la libertad filipina, sin embargo, Gurrea duda sobre la preparación de sus paisanos para gobernarse. De hecho, Gurrea pensaba que la independencia llegó algo temprano para los filipinos, en un momento todavía lleno de riesgo y división donde la historia se atrasa siempre. Su obra Filipinas es, entonces, no sólo una dramatización del pasado y del complejo legado cultural del país, sino una reflexión de su inseguridad sobre el destino de la joven nación filipina y el presente inestable.


CONCLUSIÓN

Dentro de las páginas de su pasado, se ven etapas de la lucha filipina hacia su supuesta redención al recibir la independencia en 1946. En la historia filipina, se reconoce cómo las representaciones teatrales tienen una función importante en desarrollar y reflejar los momentos decisivos que transformaron el país. De hecho, las obras alegóricas de Rizal, Recto y Gurrea sirven como registro de todos los años bajo las potencias imperiales y locales, y ofrecen claves para comprender la situación actual en las islas. Con ellas, se destacan el curso de los logros filipinos que incluye una adopción de modelos extranjeros para crear un teatro nacional.

Es precisamente el carácter histórico del teatro filipino lo que constituye un recurso abundante para historiadores, estudiosos e investigadores que se proponen trazar los movimientos nacionales y el nacimiento de la conciencia nacional. En una sociedad que todavía siente los afectos del colonialismo, los dramas en su conjunto presentan un proceso en el que la historia de la escena filipina es la escena de la historia filipina. En el teatro hispano-filipino descubrimos el sentimiento profundo del nacionalismo y las preocupaciones de los autores por el futuro. Exploramos el conocimiento clásico del joven Rizal, el mundo del periodismo afirmado por el político Recto, y la comprometida obra de Gurrea, una escritora prolífica pero casi desconocida en su propio país.

Hay que darse cuenta que la llegada de los norteamericanos y su estancia en las islas corresponden con la pérdida del uso de español en las islas, hasta tal punto que ahora la mayoría del pueblo filipino que lee las obras de su héroe nacional lo hace en traducciones. Los críticos filipinos observan que para el estudio de la literatura nacional hay que conocer no solamente la escritura en inglés y filipino, sino las obras "minorías" en español que captan inicialmente el alma filipina en los momentos de crisis. Más que nada, sin embargo, su peso como retratos de la sociedad filipina se halla en sus desenlaces inciertos. Distinto a sus precursores religiosos que acaban por glorificar la Eucaristía e inspiran confianza en la salvación del hombre, estas escenas no llegan a una conclusión. Esta decisión por parte de los autores subraya, irónicamente, su incertidumbre sobre el porvenir de su pueblo con la intervención de otras fuerzas imperiales. Al estilo de Recto quien expone que la lucha de emancipación de las Filipinas durará tras su independencia, las pronosticaciones de Rizal y Gurrea en cuanto a los efectos coloniales y las tensiones regionales todavía resuenan, generaciones después de su estreno.

La descolonización se aplica a las sociedades que continúan sintiendo las consecuencias de su historia. Los sucesos finales de las representaciones filipinas, que alegorizan las épocas de progreso político y a la vez muestran la compleja herencia del país, no cierran los capítulos del pasado. Al contrario, los últimos momentos anticipan otro episodio que acompaña a la Historia para apuntar hacia sus archivos, cuando ella llega a la escena en la que el pueblo filipino dirige por fin el epílogo de su drama. Todavía se espera el aplauso del pueblo filipino.

(conclusión p.1)

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Tomo XI, no.1,
Primavera/Verano 2007

Director: Edmundo Farolán



La historia de la escena filipina ,
(conclusión)
Cecilia Quiros Cañiza

La Pesca
Jesús Balmori

Amor Tirano
Enrique K. Laygo

El sombra del tiempo
(en chabacano)

Flora del Rosario

Conversación con
Elizabeth Medina
sobre su libro
Sampaguitas en la Cordillera
Andrea Gallo

Una excursión a Malolos
y Hagonoy, Bulacán
Guillermo Gómez Rivera
 
Olvidemos las elecciones,
completemos la revolución

inconclusa la de Bonifacio
Alejandro Lichauco
 
(Traducción:

Guilermo Gómez Rivera)

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