Biblioteca de Crítica Literaria Filipina

Número Cuarto


FILIPINESCAS:
LA FORNARINA Y EL SINO DEL CASTICISMO ESPAÑOL

ISAAC DONOSO JIMÉNEZ
Universidad Normal de Filipinas


I. CUPLETISMO: CONSUELO BELLO

....Jácaras y tonadillas, a más gracia dramática sainetes y mojigangas, composiciones de la literatura más popular que formalizadas a finales del siglo XIX y, aderezadas con el pomposo nombre parisino de couplet, germinarán en el género ínfimo del lugarón manchego de la villa de Madrid. Mientras se discutía sobre Belmonte y Joselito, la República y la Monarquía, liberales y conservadores hacían ojos ciegos a la sangre que corría ya después de un siglo de episodios nacionales y cataclismo político. Más se perdió en Cuba, decían los optimistas, pero de Filipinas llegaban las rémoras que testificaban la verdadera realidad post-noventayochista: el mantón de Manila y la guerra perdida. España era un país de casino, de tertulia impertinente mientras el jornalero se partía la espalda de sol a sol. Se había perdido el Imperio, pero quedaba la risa, la gracia, el salero, aquello genuino que, bienvenido de la Perla del Oriente, ya era parte del concepto—lo Castizo:
“El casticismo se nutre de objetualidades que asume como propias y atemporales, y cuyo origen es frecuentemente exógeno. Es el caso de los mantones de Manila, por ejemplo. El mantón de Manila es una prenda femenina asimilada, por el costumbrismo pictórico, e incluso por algunos integrantes de las vanguardias, como Matisse, a la feminidad meridional. En particular mantiene un fuerte vínculo con las artes de la seducción femenina de las andaluzas. Sin embargo, el origen de los mantones de Manila se encuentra en China, y en el comercio que llevaban a cabo las islas Filipinas en dirección a Sevilla, sobre todo a partir de que en 1821 se creara la Real Compañía de Filipinas, lo que permitió establecer un contacto directo entre aquella ciudad y la colonia más oriental de España. Los motivos florales eran imitados por los chinos, habituados desde antiguo a ese trabajo de encargo, o bien bordados directamente en Sevilla. La prenda se convirtió así en un elemento clave y referencial de la imagen castiza de las andaluzas, siendo sin embargo, de procedencia exógena a la propia cultura local. La orientalidad andaluza se afirmaba objetualmente desde los confines del Oriente” 1,
....El casticismo español es un concepto cultural ciertamente complejo que se remonta a la formación por abstracción de un ideario secular en torno a una nacionalidad peninsular. En tal sentido, tiene sus verdaderas bases de construcción durante el Romanticismo, no influyendo en menor medida la imagen idealizada que los extranjeros, especialmente viajeros y aventureros de los siglos XVIII y XIX, dieron a la idea de “carácter español”. A través del súmmum de heterogeneidades culturales en una península divergente, se estableció un hilo conductor desde el alhambrismo hasta el majismo, estrategia cultural que no es inocente a las conflictividades revolucionarias que se desarrollaban de forma contemporánea en Europa. La exaltación de las formas populares y la popularización de la aristocracia y la burguesía como elementos pertenecientes a un cuerpo homogéneo, daban legitimidad a un status quo de flagrante injusticia social. Lo Castizo, frente a lo Francés, creaba una idea de unidad cultural de trasfondo político, buena para las relaciones exteriores, pero sin duda buena para el mantenimiento de una Monarquía centralizada. De ahí que en ese ideario amalgamado, donde morenas con mantón de Manila paseaban por la Alhambra, divergentes realidades del mundo popular español acaben construyendo una idealidad de España— lo Folklórico.
....Es aquí donde un elemento tan extravagante como los mantones de seda y filigrana china que desde Filipinas fueron llegando al puerto de Sevilla y se fueron naturalizando como objetos de lujo, la propia aprehensión de lo exótico, de los flujos culturales que no tienen fronteras y mueven por consiguiente al deseo, lo llevó a prenda del vulgo. El mantón de Manila se convirtió en la prenda genuina de la mujer más castizamente española. Con el paso por los diferentes estratos sociales y deseos de identificación con el concepto cultural, se llegó al Madrid chulesco, chulapas de verbena y, con poco más descuido tertuliano por los madriles del Retiro, a la formación del género chico y la Zarzuela. Como las formas culturales son de ida y vuelta, la misma zarzuela fue importada posteriormente a Filipinas, creando la Sarswela filipina tanto en español como en las diferentes lenguas filipinas. Pero en la capital se seguía un proceso de apología del género popular, y el Cuplé vino a culminar esa linealidad, que seguirá con el género de variedades y la revista, en una reinterpretación más inocente de lo que supuso la vida azarosa de las cupletistas.
....Y en este contexto debemos situar a Consuelo Bello (1885-1915), icono del cuplé español, mujer trágica y misteriosa que murió siendo aún joven, mujer que impuso modas y modales, o bien dio que pensar sobre esos modales que la sociedad madrileña aún mantenía como provinciana. Nacida de familia humilde, fue creciendo a través de los escenarios y recorriendo España y parte del extranjero y, así, en ciudadana europea, se consolidó el cuplé como modernidad de la escena peninsular 2.


––––––––––
1. José A. González Alcantud, “Nacimiento del tropo cultural de lo Moro: Casticismo, estereotipia y máscara”, en Lo moro. Las lógicas de la derrota y la formación del estereotipo islámico, Barcelona, Anthropos, 2002, p. 124. Cf. VV.AA., El mantón de Manila, Madrid, Museo Municipal, 1999.
2. Cf. Javier Barreiro, “La Fornarina y el origen de la Canción Española”, en Asparkia: Investigación feminista, núm. 16, 2005, pp. 27-40.


....Mojigatas y señoritos veían en la sicalipsis tema de divagación y chismorreo y, con el mantón de Manila, todo se esfumaba, incluso la evidencia de una guerra civil en ciernes. Su fama picarona y seductora parece ser que le hizo recibir el nombre de la Fornarina, cuyo concepto hay que remontar a la “harinera”, amante o, al menos icono, del pintor renacentista italiano Rafael, cuadro de aproximadamente 1520 que se encuentra en la Galleria Nazionale d'Arte Antica en el Palazzo Barberini de Rome.


II. DECADENTISMO: ÁLVARO RETANA

....Las canciones, tonadillas, habaneras y cuplés que Consuelo Bello y otros objetos de deseo de las tablas interpretaban eran la savia de una de las figuras determinantes del decadentismo español, maestro del género frívolo, del picadero narrativo y del desenfado homosexual: Álvaro Retana Ramírez de Arellano (1890—1970). Hijo de Wenceslao Emilio Retana y Gamboa (el mayor filipinista de todos los tiempos), y emparentado por parte materna con una de las familias filipinas más intelectuales, Álvaro Retana era un mestizo hispano-filipino, cuya memoria, infame para unos, gloriosa para otros, ha sobrepasado sin embargo a la gigantesca figura que fue su padre. Wenceslao Retana ha pasado a la historia por su seriedad, rigor, meticulosidad y esfuerzo sobrehumano para componer decenas de libros que son el sustrato de los modernos Estudios Filipinos. Paradójicamente su hijo, que le ha oscurecido en el alcance histórico a pesar de ser Wenceslao una figura gigantesca e incuestionable, ha pasado a ser reconocido por su frivolidad, libertinaje, chascarrillo y devaneo con las formas establecidas.
....Álvaro Retana vino al igual que el mantón, de Filipinas, y su contribución a la dramatización de lo Castizo fue, igualmente, determinante. Elemento en toda regla filipino, como el mantón, se naturalizó para hacer de lo exótico la más genuinamente popular, patrimonio de una masa caracterizada de “española”, en dos Españas desangradas salidas del carlismo y entrantes en el 36. De la charlotada se hizo oda y, como el mantón de Manila en la Zarzuela, los clavelitos volvieron a Filipinas. Así aparecía la primera noticia de Álvaro Retana en la prensa manileña:
“UN JOVEN POETA ESPAÑOL

Álvaro de Retana
....He aquí un poeta, madera de poeta, por mejor decir. Es Álvaro de Retana, hijo de D. Wenceslao, quien vio la luz en Batangas en 1890. Como el padre, es prosador y es, además, dibujante.
....La poesía que transcribimos más abajo, tiene, pese a las repugnancias del severo dómine de la literatura nueva, sabor barriolatinesco. Parece haberse escrito en pleno hall de vaudeville, bajo la influencia de un canto perverso. El ritmo es muy musical y Álvaro revela dominio de la métrica. Es innegable que el joven, por la elegancia y exquisitez que muestra al pulsar la lira, con el tiempo será digno compañero de Juan Jiménez. Es muy joven y “llegará”.
....He aquí su poesía:
Clavelitos.
A LA CÉLEBRE «VEDETTE» «FORNARINA»


La orquesta inicia una canción galante,
y una rubia gentil surge triunfante.

*
* *

¡Clavelitos, señores!
¿A quién le doy claveles?
Canta tirando al público las flores
con sus manos señoriles que parecen azucenas;
manos suaves, delicadas,
manos de archiduquesa.
¡Clavelitos, repite,
de la tierra adorada!

¡Clavelitos!, insiste,
poniendo en su mirada
una caricia, y en su risa loca
la promesa de un beso de su boca.
Vela un amplio mantón su tallo cimbreante,
y el fleco ondulante
se enreda en los adornos de la toilette encantadora:
gasas, encajes, joyas, flores,
lentejuelas que brillan con mil colores;
¡una fortuna en la toilette,
realza su belleza pecadora!
Y cuando acaba el primer tiempo del couplet
sube un tanto la falda, mimosamente,
muestra sonriente
con sin igual coquetería su lindo pie.
Rubia figura de ensueño,
con sonrisa que Gioconda envidiaría,
¡quién pudiera ser tu dueño!...
Torna a cantar, llevándose con gracia
la mano prodigiosa
al pecho, que, escotado con audacia,
diríase que descubre un corazón
que irradia avasallante frivolidad genial;
frivolidad también en su tocado,
rizado y perfumado,
y su canción también frivolidad;
canción en que las flores
sólo son el pretexto para ofrecer amores…
¡Clavelitos!
que los traigo yo aquí para ti…

y aunque a todos y a nadie se dirige:
«¡Para mí!…»
Concluye de tirar los clavelitos rojos
y entorna satisfecha, sonriendo, los ojos;
y cuando la canción ha concluido,
airosa se arrebuja en el mantón,
llevándose prendido,
al retirarse, en cada hilo del fleco, un corazón.

*
* *

De amor por una rubia yo me muero,
y aunque a nadie le he dicho que la quiero
siempre que de ella hablo, se adivina
que es mi rubio ideal ¡La Fornarina!


A. de Retana y R. de Arellano.
Madrid, 1910”
3.

....Autor de una obra sin duda extensa y compleja, de tonadillas, cuplés, y poesía, sus novelas son determinantes para el desarrollo de una prosa desenfadada y la aparición de personajes abiertamente homosexuales en la narrativa española4 . A ello hay que sumar obras de mayor calado como La historia del arte frívolo o La reina del cuplé, que recogen ese mundo en donde lo Castizo se había quintaesenciado hasta el grado de la pontificación, y había acabado disociándose con los propios receptores. No obstante, su obra es la apología de la mayor de las decadencias asumidas, personaje que hace de su hecho existencial fauna del deseo. Y ante el deseo, cuando las hipocresías sociales ya han sido desveladas, sólo queda el lado más naturalmente salvaje de nuestra humanidad.


___________________
3. Excelsior, Manila, 14 de diciembre, núm. 20, 1910, p. 13.
4. Cf. Luis Antonio de Villena, El ángel de la frivolidad y su máscara oscura (Vida, literatura y tiempo de Álvaro Retana), Pre-Textos, Madrid, 1999.
III. SALVAJISMO: FELIPE TRIGO

Aunque la obra de Felipe Trigo (1864—1916) comienza a ser recuperada en el puesto que le corresponde dentro de la novela española del siglo XX, ciertamente su idiosincrásico estilo le hace difícilmente clasificable en su contexto. Si bien autor naturalista y afamado rallante con Blasco Ibáñez, también es epígono de una novela noventayochista que pretende remover conciencias y regenerar moralmente, y preludio de una novela social que denuncia la indignante injusticias social en las tierras peninsulares. Entre naturalista, regeneracionista y socialista, lo que su obra al final revela es el salvajismo de los seres humanos llevados por los instintos viscerales ante la falacia de estándares sociales. Su obra es la explosión del erotismo por su propia carnalidad, por un mundo desollado y en bruto; así no hay mayor concepto que lo defina que Jarrapellejos.
Trigo se consagró profesionalmente gracias a los honores recibidos en Filipinas en acción épica durante su destino al Archipiélago como médico. En efecto, en septiembre de 1896 se produce una sublevación, Trigo sufre siete machetazos y es dado por muerto, se arrastra por la selva a lo largo de un kilómetro para dar la alarma, y con heridas imborrables llega a España en calidad de héroe. Con Blasco Ibáñez, Felipe Trigo fue el autor español más leído e internacional de la primera parte del siglo XX. Parece fuera de toda duda que en la propia Filipinas, origen del fenómeno literario «Trigo», su obra fuera ampliamente conocida. Definitivamente, en la novelística de Jesús Balmori los elementos y el ideario de Trigo se manifiestan como en ningún otro autor filipino: la denuncia de las falacias sociales a través de los instintos más primitivos
5. Así pues, del mismo modo que el mantón de Manila y Álvaro Retana, la obra de Felipe Trigo, nacida en Filipinas, volverá a ella para influir decisivamente, en este caso en la obra novelística del principal autor filipino en lengua española, Jesús Balmori.
Aún más, lo que encontramos en Felipe Trigo es la vulgarización del idealismo en torno a las cupletistas, la puesta en su lugar de ese populismo casticista que en verdad era la España del sudor:
“Un segundo hubo de sobrarla para divisar a quince metros a la Isabel, a la Fornarina, a aquella aborrecible muchachota de ojos negros, que era en La Joya la preocupación constante de los hombres. La reconoció, la había reconocido su corazón, todo en celosa ira, a pesar de su apariencia de furia desgreñada y de su congestionado rostro, cubierto de chafarrinones de sudor y tiznotes. Medio desnuda, casi haraposa, con una faldilla corta, ayudaba en un trigo a su padre y a su madre. No habíala visto Orencia, en verdad, durante aquel breve segundo, sino empeñada con una leona furiosa en el trabajo, nada atenta a Pedro Luis, al parecer…: pero éste, ¡oh, sí, sí!, con la atención o sin la atención de ella, era lo innegable que se había estado complaciendo en contemplarla las piernas y los brazos…” 6.
En conclusión, la construcción del concepto de lo Castizo se nutre de elementos exógenos que abstrae en una idealización asumida como real. En ese proceso cultural, las Filipinescas son parte decisiva en la dramatización del casticismo español, drama y feria que ha sido motor ideológico en aspectos decisivos del mundo cultural de España, mundo cultural que transformado volvió a revertir en Filipinas. La Fornarina epitomiza esa conflictividad inherente a la cultura, entre lo propio y lo ajeno, entre lo popular y lo culto, entre lo ideal y lo real, entre lo Sublime y lo Horrendo. Así se producirá la alegoría del sino del casticismo, la violación y muerte de la Fornarina:
“Separándola los pies, Saturnino, poco a poco, situábase entre ellos… La inminencia de derrota, la vergüenza, de indecencia, dábala ahora a la infeliz la sensación del abandono de aquella madre suya que no venía en su auxilio, que no gritaba siquiera porque hubiésenla matada.
—¡Madre! ¡Madre mía del alma! ¡Madreee! ¡Madreee!—clamaba, con un terror más de alma asesinada, sobre aquel otro terror de los pudores que iban a robarle.
Y como de pronto sintió que se agotaba, que se le tendían encima de la desnudez otras desnudeces esqueléticas de un cuerpo duro y frío, recogida en las últimas invencibles rabias del asco y del rechazo, retorcióse toda y extendió a la vez las piernas, en un enérgico impulso de ballesta, que hizo ir al desmedrado Saturnino rodando fuera de la cama”, p. 333.
[…]
“Cedía, sí, cedía…; se le entregaba inerte…, de espaldas, al antojo de él, enteramente inmóvil después de unos últimos estremecimientos leves y de una especia de últimos y más roncos estertores de protesta; había dejado de esquivarse…, y faltábale a él apenas nada más corregirse de torpeza un poco…, un poco… Sólo que, ¡oh!..., besándola, besándola en un pecho…, queriendo después buscarla la boca entre las manos de los otros para acabar de persuadirla de que ella, a la vez, debiera poner de su parte alguna voluntad…, la alzó la cabeza y la vio blancos y extraviados los globos de los ojos, como saltados de las órbitas, amoratados los labios, la lengua fuera y negras, de tan azules, la nariz, la frente y las mejillas… Le dio miedo: si aquello era un desmayo, era horroroso…; de la Isabel, de la bella Fornarina, no quedaba más que una espantosa y repulsiva carátula del infierno, que le miraba con las quietas y eternas fijezas de la muerte… Soltó la cabeza, que cayó abajo, rebotando, entre las manos del Gato, que todavía por el cuello la apretaba; y todavía él, entre los muslos que fueron tanto su codicia, pero en una convulsión, que le alzó el tronco todo lo largo de un brazo, hubo de exclamar: —¡Muerta!”
7.
5. Cf. Martín Muelas Herraiz, La obra narrativa de Felipe Trigo, tesis doctoral, Madrid, Universidad Autónoma de Madrid, 1986 [inédita]. Sobre relecturas feministas a la obra de Trigo ver Wadda C. Ríos-Font, “Horrenda Adoración: The ‘Feminism’ of Felipe Trigo”,en Hispania, Mayo, 1993, núm. 2, pp. 224-234.
6. Felipe Trigo, Jarrapellejos. Vida arcádica, feliz e independiente de un español representativo, Madrid, Castalia, 2004 (1914), pp. 67-68.
7. Ibid. pp. 333-335.


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Tomo XIII, no.3,
Otoño 2009


Director: Edmundo Farolán




En este número:

Editorial

El Deleitado Mundo
Del Enamorado

Flora del Rosario

Felipe II y la conquista política, militar
y espiritual de China

Juan Hernández Hortigüela

Mantón de Manila: la revolución del comercio
con Oriente por la ruta de Acapulco

Carlos Santamaría

La Constitución Política de Malolos: una carta hispánica
Francisco Ángel López Cabello

Noelses, un poemario plurilingüe de
Noel Guivani Ramiscal
(con una breve entrevista al autor)

Andrea Gallo

Corazón "Cory" Cojuangco de Aquino
Guillermo Gómez Rivera


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Número Cuarto

Filipinescas:
La fornarina y el sino del casticismo español
Isaac Donoso Jiménez


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