La historia de la escena filipina
(fragmentos)
Primera Parte
Cecilia Quiros Cañiza
(La autora terminó sus estudios de B.A. en el colegio de mujeres, Bryn Mawr
en Pennsylvania, EEUU. Publicamos aquí con su permiso fragmentos de su tésis final.)



Teatro Zorilla (Manila, 1893). Fotografía. Gerónimo Berenguer de los Reyes Museum, Cavite.
The World of 1896.

En la novela Noli me tangere, las autoridades del pueblo de San Diego se reúnen para decidir cómo celebrarán sus fiestas patronales. A pesar de la opinión de la mayoría, el gobernadorcillo accede a las órdenes del padre cura y declara que el pueblo va a conmemorar las fiestas con “seis procesiones, tres sermones, tres grandes misas…comedia de Tondo y canto en los intermedios”(Rizal, Noli me tangere. Madrid: Ediciones de Cultura Hispánica, 1992, pág. 200). El padre cura también escoge la obra, El príncipe Villardo o los clavos arrancados de la infame cueva, caracterizada por magia y fuegos artificiales.

Al filipino le encanta esta clase de espectáculo y representación; de hecho, como escribió el héroe nacional José Rizal, el filipino “gusta del teatro y asiste con pasión a las representaciones dramáticas; oye silencioso el canto, admira el baile y la mímica, no silba, pero tampoco aplaude” (267-68).

Describiendo la evolución de la atracción popular en la provincia de Laguna, el autor dice, “En otro tiempo representaban únicamente dramas; el poeta del pueblo componía una pieza en que necesariamente necesariamente había de haber combates a cada dos minutos, un jocoso y metamorfosis inverosímiles. Pero desde que los artistas de Tondo se pusieron a pelear cada quince segundos, tuvieron dos jocosos y dieron en cosas más inverosímiles aún, mataron a sus colegas provincianos” (268).

Rizal resistió estas obras fantásticas y en sus escritos, promocionaba un arte más indígena. La visión de Rizal para un teatro nacional se revela cuando su protagonista Crisóstomo Ibarra sugiere sin éxito que lo que más le importa al pueblo filipino es un escenario que corresponda a la vida diaria de la gente. Ibarra pregunta: ¿No sería mil veces mejor que representásemos la pintura de nuestras propias costumbres para corregir nuestros vicios y defectos, y ensalzar las buenas calidades?” (198)

El teatro filipino hoy…evolucionó de las tradiciones occidentales introducidas por España. Contrario al estudio El teatro tagalo (1890) de Vicente Barrantes, en donde el estudioso ibérico dice que el comienzo del teatro en las islas coincidió con la llegada de los españoles, algunos críticos filipinos notan que había evidencia de representaciones escénicas en el país antes de la colonización. Su comienzo se halla en la mímica indígena de celebraciones sencillas como el nacimiento, el matrimonio, la pubertad, y la cosecha, pidiendo la intervención divina para ayudarles durante momentos de crisis, cantando y bailando sus súplicas (Doreen Fernández, Palabas: Essays on Philippine Theater History. Quezon City: Ateneo de Manila Univesity Press, 1996, págs. 2-3).

Los españoles llegaban a las islas y utilizaban el teatro como medio de instrucción religiosa. Los primeros dramas españoles siempre trataban de temas sagrados en la comedia, el cenáculo, la pasión, el auto sacramental, y la loa para explicar al pueblo los misterios del nacimiento y la Pasión de Jesucristo.

Wenceslao Retana descubre que la primera representación teatral fue una comedia del padre Vicente Puche en Cebu en en 1598 (Palabas, 6). También hay documentos que mencionan las obras representadas por estudiantes en honor de los primeros obispos designados a las islas, “las oraciones españolas”, un tipo de loa para celebrar la inauguración de los colegios.

En 1609, un drama escrito en cebuano sobre los sacrificios de Santa Bárbara asistió en la conversión de un pueblo en Bohol. (Nicanor Tiongson, “The Spanish Colonial Tradition”, CCP Encyclopedia of Philippine Art, IX: Philippine Literature. Manila: Cultural Center of the Philippines, 1994. pág. 44).

La literatura poscolonial ha sido identificada apropiadamente the stage of becoming por los críticos Ashcroft , Griffiths y Tiffin (The Empire Writes Back: Theory and Practice in Post-Colonial Literatures. London and NY: Routledge, 1989). En las obras alegóricas El consejo de los dioses (1880) de José Rizal, La ruta de Damasco (1913) de Claro Mayo Recto, y Filipinas (1954) de Adelina Gurrea Monasterio, se traza un proceso de escenas de la historia filipina, etapas de inseguridad y desarrolllo, y finalmente la independencia filipina. Estos conceptos de transformación y de cambio son lo que distingue el género de alegoría.

En estos tres ejemplos del teatro hispanofilipino, se destaca un camino histórico hacia el nacimiento de Filipinas como nación independiente. Los autores, cuyas vidas se extienden por los períodos más importantes e inciertos del siglo, nos presentan su visión del joven país y su papel en su proceso histórico. Por fin, como directores de sus propias piezas, Rizal, Recto y Gurrea conciben en el lenguaje del imperio, la patria, y a la misma vez, prevén su liberación final.

(Se continuará.)

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Tomo X, no.2,
Otoño 2006

Director: Edmundo Farolán



Filipinas y la recuperación
de su identidad
Fernando Arenas Álvarez

El poeta Edwin Agustín Lozada
La poesía filipina en español
continúa manifestándose

Manuel García Castellón

La dama de blanco
(nueva versión)
Edwin Agustín Lozada

La historia de la escena filipina
(fragmentos),
(Primera Parte)
Cecilia Quiros Cañiza

Discurso de ingreso
en la Academia Filipina

de Hilario Ziálcita y Legarda:
La maravilla del español hablado.

Grabación del Presidente
Manuel Quezon
en castellano e inglés

 
Cartas de lectores



Itinerancias:
Comings and Goings
Carayan Press anuncia
la nueva publicación
de la poesiá de
Edmundo Farolán Romero




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