Intertextualidad hispanoamericana
en las letras hispanofilipinas


Manuel García Castellón
University of New Orleans



Si según las teorías de Bakhtin o Genette se entiende por intertextualidad el conjunto de relaciones que acercan dos o más textos determinados, es obvio que el fenómeno haya existido entre las letras de la Filipinas colonial (cuando el castellano era lengua franca y cultural) y las otras literaturas hispánicas, tanto la peninsular como la hispanoamericana. Con estas como hipotexto o texto anterior, la literatura hispanofilipina sería el hipertexto que se inserta en aquel de muchas maneras, no solo en cuanto a escuela o tendencia artística (caso del Modernismo), sino también en cuanto a ideología (caso del Indianismo-Indigenismo).

.....Hubo una vez una literatura filipina escrita en español, la cual es hoy parcela ignorada o soslayada para la crítica. Sus límites temporales podrían situarse entre 1864 (aparición del poemario Flores filipinas, de Miguel Zaragoza) y 1959 (cuando Evangelina Guerrero de Zacarías da a la luz su Kaledidoscopìo espiritual). Característica de dicha literatura, desde su incepción hasta su agotamiento, es la emulación de modelos hispanoamericanos, tanto coetáneos como virreinales, por más que al principio se nutra de neoclasicismo y tardorromanticismo peninsulares. Sobre todo, la influencia de Rubén Darío, Chocano o Nervo hará que la casi totalidad del ciclo literario hispanofilipino se defina como modernista e hispanoamericano. En refuerzo de esta tendencia, sendas visitas de los modernistas españoles Salvador Rueda y Francisco Villaespesa, en 1915 y 1917 respectivamente, cual embajadores culturales de la Madre Patria, dieron lugar a clamoroso recibimiento por parte de los intelectuales filipinos. La modernidad, que no el Modernismo, no llega a aquellas letras hasta que el poeta Manuel Bernabé muestre mejor aggiornamento con la poesía española de su tiempo al publicar en 1957 su poemario Perfil de cresta. Bernabé, que en 1934 había acogido en Manila a Gerardo Diego, en 1950 visita Madrid, donde es fraternalmente homenajeado por los poetas de aquella generación.

.....Allá por mediados del siglo XIX, reinando en la metrópoli Isabel II y gobernando en las islas el general Narciso Clavería y Zaldúa (1799-1851), se implementaba el esfuerzo educativo que maduraría hacia finales de la centuria. La remota colonia filipina ya era directamente administrada por España; lejos quedaban los días en que, por mor de la distancia, hubiera de serlo a través del virreinato mexicano, si bien quedarían (hay quien dice que hasta hoy) la querencia y la mutua influencia entre Filipinas y el Nuevo Mundo. Fruto pionero de aquel esfuerzo educativo parece ser el poeta Miguel Zaragoza. Como ya postulamos en un número de Revista Filipina en 2008, Zaragoza se nos presenta como primicia literaria de una sociedad mestiza que, educada por religiosos agustinos, franciscanos y jesuitas venidos de España, vería en el español la lengua franca y cultural necesitada por un archipiélago de asombrosa variedad lingüística. Con su poemario Flores filipinas, impreso en Madrid en 1864, Miguel Zaragoza merece el nombre de primer poeta filipino en castellano. Con anterioridad a él apenas hay noticia de algún peninsular trasterrado que escribe algún poema de circunstancias, como Francisco Alvarado, apodado el “Filósofo Rancio” y autor de mediocres sonetos en contra del jansenismo.

.....Muy joven aún, Zaragoza se traslada a España con objeto de estudiar Bellas Artes. Se ignora la fecha de su llegada, pero en 1864 publica en Madrid su poemario Flores filipinas, dedicado a su novia en la contraportada. Dice contar solo veinte años, por lo que su nacimiento bien puede situarse en 1844. A no ser por vía terrestre, llegaría tras larga singladura a través del Índico y el Atlántico, no existiendo aún ese Canal de Suez que, inaugurado en 1869, permitiría mayor intensidad de contactos entre España y su Oceanía. Zaragoza es, pues, pionero entre los jóvenes estudiantes filipinos que en la península esperan alcanzar un grado superior. Quizá por ello pudiéramos considerarlo también precursor, al menos “avant la lettre,” de aquel movimiento llamado “Propaganda,” formalmente iniciado en la década de los 80 por Pedro Alejandro Paterno, José Rizal, Marcelo Hilario del Pilar, Graciano López Jaena y otros estudiantes filipinos de Madrid y Barcelona, con el objetivo de exigir reformas en la administración colonial y reivindicar para Filipinas el estatuto de provincia española de pleno derecho. A tal fin, los jóvenes propagandistas, desde un españolismo que ni se cuestiona, cuentan con la literatura y el periodismo como armas. Al mismo tiempo quieren dar a entender que, merced al elevado nivel cultural de aquella joven intelligentsia expatriada, de ella podrían suscitarse los futuros cuadros dirigentes de la sociedad isleña.

.....Pero eso es otra historia, ya más que narrada; sobre todo por John Schuhmacher en su obra sobre el tal Movimiento Propaganda (v. Bibl.). Volviendo al citado Zaragoza y a su americanidad, su libro Flores filipinas, en su juvenil frescura y entre influencias de neoclásicos y tardorrománticos españoles (Espronceda y Bécquer, por supuesto), también deja ver la impronta cubana: es decir, uso abundante de la décima (tan cara a la tradición literaria antillana) y claros ecos de Gertrudis Gómez de Avellaneda y de José María de Heredia. El poema de Zaragoza “Adiós a Manila” con toda evidencia emula el desgarro y nostalgia expresados en el soneto “Al partir,” donde la Avellaneda dice adiós a su patria. Es obvia también la similitud entre "La tempestad," de Zaragoza, y la homónima composición de José María de Heredia (1803 1839), poeta cubano de una generación anterior. El huracán antillano de Heredia, que destruye florestas y aterra a todo ser viviente, inspira el tifón malayo de Miguel Zaragoza, cuyo vendaval también destroza selvas y solivianta carabaos. Dice Heredia: Oscuridad universal. Su soplo / levanta en torbellinos / el polvo de los campos agitados. / En las nubes retumba despeñado / el carro del Señor, y de sus ruedas / brota el rayo veloz. Se precipita,/ hiere y aterra el suelo, / y su lívida luz inunda el cielo.

.....Y Zaragoza: Triunfante el genio de la noche extiende / al fin su velo en el espacio extenso; / … / ¿Tal vez será de Satanás tirano / el ancho carro, y de maldades lleno /sierpes de fuego arroja / … / ¿Será su voz el pavoroso trueno…? (32).

.....La verbalidad de Zaragoza es deudora a la del poeta cubano, a poco que se compare. Asimismo, el retumbante “Niágara,” donde Heredia se compunge de su propia muerte (“Niágara poderoso … / Dentro de pocos años / Ya devorado habrá la tumba fría / A tu débil cantor") inspira a Zaragoza para expresar el turbión de emociones que le ha producido la muerte de un amigo, y quisiera que su gemido emulara “del hondo Niágara el bramar horrible” (24). Curiosamente, las similitudes alcanzan también la vida de ambos poetas: si el independentista Heredia es prófugo de las autoridades españolas, también Zaragoza procede de una familia de laborantistas; es decir, de aquellos primeros patriotas que, por osar protestar ante ciertas arbitrariedades de la administración colonial, sufrirían deportación a las islas Marianas. Zaragoza figura también como uno de los padres de la independencia, ya que es uno de los co-redactores de la 1ª Constitución Filipina.

.....Hasta que hablásemos de Zaragoza en el citado número de la Revista Filipina se tenía a Pedro Alejandro Paterno (1857-1911) como el primer literato hispanofilipino de tal nombre. En efecto, Paterno, entonces estudiante de Derecho en España, se da a conocer con su poemario titulado Sampaguitas, y posteriormente con su novela costumbrista titulada Nínay. Perteneciente a una familia de terratenientes nativos, Paterno agasajaba en su elegante apartamento de Madrid a personalidades peninsulares de las letras y la política. La parte americanista de la poesía de Paterno la constituye su largo poema titulado “La Cruz,” émulo formal de La Cristíada de Diego de Hojeda. Con Hojeda, al igual que con Ercilla o Pedro de Oña, poetas señeros del virreinato peruano, emparenta Paterno al utilizar la vetusta forma de la octava rima, tan cara al renacentismo de la épica colonial.

.....Más tarde, ya repatriado en la Filipinas sometida a los EE. UU., y lejanos los días de sus saraos madrileños, en los que descorchara champagne y presumiera ante sus coterráneos de maginoo (título propio de la aristocracia isleña), Paterno cambia de talante. Toma parte activa en la política filipina, dejando ver en su actividad y en sus escritos un enojoso populismo, como intentando educar en disciplina y en valores burgueses a la naciente clase obrera del abacá y el azúcar. Entonces escribe folletinescos pliegos con títulos como Maring. Amor de obrero filipino, donde un culto operario fabril lee en sus horas libres nada menos que el romance de Bernardo del Carpio. Allí, Paterno también deja poesía que inequívocamente remeda los “Versos sencillos” de José Martí: Bella es la lumbre del cielo, / Dulces los ecos del mar / y me encanta en este suelo / amar a esta obrera, amar. / En la gallera ganar / y un buen tabaco fumar. / Y me encanta en este suelo / su independencia cantar /… /en el monte pelear / y a nuestra patria salvar (35). El aire de guajira cubana es innegable, como puede verse.

.....Pero la definitiva americanización de la poesía filipina tiene lugar con la llegada del Modernismo, avasallador y suscrito con entusiasmo por la generalidad de los vates isleños, ahora retados a poner a prueba su maestría en sonoro léxico, en majestuosa métrica. Modernismo significa entonces modernidad, y el movimiento secundaba el deseo de aquella clase narcisista y refinada, educada en español, de conectar con la actualidad literaria. Los maestros ya no son ni los Núñez de Arce ni los Espronceda, sino los Darío, los Nervo, los Chocano... Y así transcurren casi tres décadas. En efecto, pasa de largo 1916, año de la muerte de Darío y fin oficial del ciclo modernista, sin que los poetas filipinos se den por enterados de aquella clausura. En 1922, Eduardo Martín de la Cámara publicaba su antología Parnaso filipino, donde la pléyade filipina sigue cantándole en alejandrinos a líricos cisnes y rosas, a la “Hispania fecunda” de Darío y a su mórbido Quijote.

.....Ejemplo máximo del modernismo hispanotagalo es el citado Fernando M. Guerrero, saludado en sus días como "Príncipe de los Líricos Filipinos,” de la misma forma que Rubén fuera tenido por “Príncipe de los poetas castellanos.” Con soltura, Guerrero manejó los metros "cerrados" cual la décima y el soneto, para luego entregarse a la vibrante métrica de alejandrinos y temas modernistas. Guerrero fue uno de los fundadores de la Primera República Filipina y a su impulso se creó la Academia Filipina de la Lengua. Funda periódicos, desde los cuales fustiga los abusos del directorio militar norteamericano, no sin represalias y disgustos. En 1914 publica su poemario Crisálidas, donde lo esencialmente modernista —decadentismo y preciosismo— se ve en poemas como "S.M. la reina Quimera", "Psyche", "Jardín muerto", "Fantasía carnavalesca"... También son modernistas sus alabanzas patrias, en suntuosa musicalidad y verbo: "Virgen de la Malasia, ramo de flores / que argentan con su espuma los roncos mares /... / Palpita en tus entrañas, arde en tu suelo / la áurea y candente lava de tus volcanes; / sierpes de escamas ígneas hienden tu cielo / cuando ruedan mugiendo los huracanes" (Cf. “Mi patria,” 11). Se advierte en ello el eco nativista o indianista de Santos Chocano, autor de Selva virgen (1901). Dice Chocano: "Los suspensos follajes protectores / se espejean en fuentes cristalinas / como fantasmas de dolientes ruinas / en los ojos de cándido Amores." Por su parte, para Guerrero, en su poema “Laudanza de las selvas,” "Una selva es la casa de todas las quimeras, / las quimeras del viento, del agua y del color; / es la sala en que ríen las Reinas Primaveras, / entre un eco de flautas sollozantes de amor” (28).

.....A Guerrero le seguirán los jóvenes poetas que le tuvieron por maestro de estilo. Antologado por Martín de la Cámara, Balmori —émulo de Guerrero, a la vez que de Darío— canta "A nuestro señor Don Quijote de la Mancha" (46), sin importarle remedar la "Letanía a Nuestro Señor Don Quijote," del poeta nicaragüense. Si Darío se refiere a don Quijote como "Rey de los hidalgos, señor de los tristes," Balmori inicia su poema con un "Señor de los poetas, de los desventurados, de todos los de ensueño de libertad turbados," también usando resucitados versos monorrimos. Nostalgia y sensualismo modernistas también alcanzan a muchos de los antologados en Parnaso filipino. Lorenzo Pérez Tuells, en su poema "Neurótica," dice que "Una nostalgia azul de primaveras / teje en el cielo su ilusión de encaje, / y languidece el alma del paisaje / asomada al balcón de sus ojeras" (228). No faltan el esplín ante la triste cotidianeidad y la añoranza de la rubendariana “juventud divino tesoro,” como cuando Fernández Lumba evoca: "Sueños de mi niñez, sueños floridos / que el dolorido corazón añora, / sueños de juventud, sueños de aurora/ de clara luz y de ilusión vestidos.” Otro esencial tópico modernista es el escape a lo medieval: "Atruenan el patio ligeros corceles / ... /los hierros del puente desartan sus nudos / ... / La garza, una rubia marquesa de nieve / ha muerto en las garras de un vil gerifalte" (231), que dice Pérez Tuells. El elogio de la belleza se obtiene a costa plasticidad aliterativa, ritmos marcados, sinestesias… como hace José Teótico laudando a la "dalaga" filipina, dulce “cual arpegio de una cítara pagana... envolviendo pudorosa sus encantos tropicales." El poema en prosa, iniciado por Amado Nervo y tan caro a los modernistas, halla continuidad en el “Canto del solitario", de Ramón Escoda, también meditativo y apodíctico. Y en fin, por parecerse a los poetas latinos, que soñaban con un París trasterrado de café y tertulia, los modernistas de la Manila de entreguerras también contaron con su propio cenáculo. En un breve artículo de Isaac Donoso, publicado en Revista Filipina (Internet, vol. XVI, 1, Primavera 2012), se aprende que "El Jardín de Epicuro," club iniciado por Fernando Ma. Guerrero, tenía sus reuniones periódicas en el Hotel Metropole, situado en el bohemio barrio de Santa Cruz. Es precisamente Guerrero quien saluda con gozo la reapertura del citado espacio bohemio, tras algunos años de abandono: “El antiguo jardín / solo os pide otra vez / … / una sed de habitar con la Reina Ilusión” (En Martín de la Cámara, 133). En dicha tertulia no solo se cultivaba la poesía modernista, sino también se pretendía conspirar contra la influencia americanizante, tenida por deletérea entre aquellos jóvenes a fin de cuentas moldeados por frailes españoles, y en general convencidos de que al español le aguardaba el destino de seguir siendo lengua franca, lengua de la Hispanidad filipina.

.....El aislamiento cultural, la abolición progresiva del sistema educativo en español (sectariamente impuesta por el directorio colonial norteamericano), así como el envejecimiento de aquellas primeras generaciones educadas en español, hicieron que el gusto modernista se prolongara sin rivales hasta el final de la efímera "Edad de oro del castellano en Filipinas," final que podría situarse en torno a los años 50, cuando Evangelina Guerrero, hija de Fernando María Guerrero y primera mujer en ser distinguida con la membresía de una Academia hispánica, en su Kaleidoscopio espiritual (1959) todavía se expresa con los tópicos y formas de una escuela ya más que preterida.

.....Precisamente, en aquellos poetas que optaron por la variante literaria hispanoamericana, el imaginario escape a lo soñado exótico —insoslayable tópico modernista— lo suple la imagen de la vieja madre Patria, toda vez que siendo orientales ellos mismos no necesitaban ni Chinas ni Japones para adornar su estro. Y si Darío es el introductor de la hispanofilia modernista en poemas como “Al Rey Óscar,” “Cyrano en España,” “Los cisnes,” la “Salutación del optimista,” (de la que recordamos los hexámetros de “Inclitas razas ubérrimas, sangre de Hispania fecunda”), Guerrero se muestra buen seguidor del tópico, poniendo la suntuosa verbalidad y los cadenciosos metros al servicio de la causa nacionalista y antiamericana. En este punto, emulando al Darío que en su poema a Roosevelt advierte que “hay mil cachorros sueltos del león español, Guerrero afirma un nacionalismo de estirpe cultural hispánica, alzado con “gritos de protesta y rebelión … contra todas las limazas, … contra el búho y el halcón … contra la sierpe asquerosa que quiere alzarse hasta el sol … contra Verres coloniales y su dólar corruptor” (En “A Hispania,” 72). La alusion a Verres, abusivo pretor de Sicilia condenado por Cicerón, alude a las arbitrariedades del régimen colonial norteamericano en Filipinas.

.....A la educación hispanizante proveída por los frailes españoles ha sucedido el hispanismo modernista y en guardia ante la americanización, cual inaugurado en 1900 por el uruguayo José Enrique Rodó (Cf. su ensayo Ariel). Así, muchos de los antologados por Martín de la Cámara prodigan los elogios a una España más ideal que real. Para Emilio Jacinto, la cultura de la joven nación filipina se nutre de raíz española: “tuyo es nuestro idioma, es tuya la cultura / que a remontar nos lleva tu nacional altura; /que nutre el santo anhelo de nuestra independencia” (29). Manuel Bernabé asocia cristianismo a colonización española: “ ¡Dichoso instante aquel que vió a las olas / dialogar con las naves españolas, / … / De entonces a hoy, portentos mil se han visto, /y es que el poder de España arraiga en Cristo, / manso y sin hiel, multiplicando panes” (72). Jesús Casuso Alcuaz se muestra elegíaco: “Allá, detrás del mar, descansa España / con aire augusto de titán, rendida; / que al peso tanto de su mucha hazaña, / sobre sus lauros se cayó dormida” (91). Rosario Dayot afirma la inmutabilidad del amor filipino por la vieja Madre Patria: “Ni del tiempo los cursos infinitos,/ ni el nuevo rumbo de tutela extraña,/ extinguirán en tierra filipina / La fe en tu amor, la fabla cervantina / ni este grito supremo: ¡Viva España!” (94). Fernández Lumba, también en alejandrinos, proclama que lengua castellana y religión católica son el legado ideal de España a Filipinas: “Y en el alma filipina, ¿qué recuerdo habrá más dulce? / ¿Qué potencia irresistible que al progreso nos impulse,/ que la fe de Jesucristo, más la lengua de Cervantes?” (191). A Lorenzo Pérez Tuells no le importa remedar abiertamente el panhispanismo de Darío, cuyo “Inclitas razas ubérrimas, sangre de Hispania fecunda, salve,” en Pérez Tuells es “Salve, fraternas repúblicas. Pueblos de América, salve” (228). Y en tal tenor, otros muchos de los antologados por Martín de la Cámara.

.....España es, pues, en el imaginario del Modernismo filipino, la tierra remota y anhelada, un mítico occidente en defecto de un mítico oriente para aquellos poetas de suyo orientales. La mayoría de ellos jamás alcanzaría la soñada Madre Patria, cuando la distancia con ella todavía era de arduo periplo. De aquella España idealizada y elevada casi a deidad, emana según ellos lo más profundo de una nacionalidad que ellos proyectan como hispánica, fundada en tres siglos de tutela colonial española. Sus “colonized minds,” como tildan hoy los estudios orientalistas, les harían luchar hasta el final de su generación contra circunstancias históricas adversas a su proyecto. Tales circunstancias, brevemente enumeradas, fueron los tardíos y escasos esfuerzos por generalizar la instrucción en español, y el reservarla a una élite; la decisión norteamericana de interrumpir el ciclo educativo en español; la destrucción de Manila y su influyente población hispánica durante la II Guerra Mundial; la esencia cultural asiática de las islas y los concomitantes movimientos nativistas y, sobre todo, el fenecer de la generación que aspiró a una nacionalidad fraterna con las veinte naciones de estirpe hispánica.



Obras citadas:


Alvarado, Francisco. Carta décima séptima del Filósofo Rancio. Manila: Reimpreso en el Reyno de Filipinas, 1814.

Bernabé, Manuel. Perfil de Cresta. Manila: Imprenta Bauermann, 1957.

Chocano, José Santos. En XX Century Latin American Poetry. A Bilingual Anthology. Edición de Stephen Tatscoth. Austin: University of Texas Press, 1966.

Donoso, Isaac. "El jardín de Epicuro, cenáculo modernista filipino." Internet: Revista Filipina, Primavera 2013, Vol. 16, 1. c

Escoda, José María. El canto del solitario. Manila: General Printing Press, 1936.

García Castellón, Manuel. “Miguel Zaragoza,” el primer poeta hispanofilipino.” Revista Filipina. Verano 2008. Internet: http://revista.carayanpress.com/mzaragoza.html
—. “Semblanza de Manuel Bernabé.” Revista Filipina, Otoño 2003. Internet:
http://alasfilipinas.blogspot.com/2009/08/revista-filipina-tomo-vii-n-otono-2003.html

Gómez de Avellaneda, Gertrudis. Poemas: “Al partir.” Internet: http://www.poemhunter.com/poem/al-partir/

Guerrero de Zacarías, Evangelina. Kaleidoscopio espiritual. Manila: Imprenta Phoenix, 1959.

Guerrero, Fernando María. Crisálidas. Manila: Philippine Education Foundation, 1914 (Facsimil ed. 1952).

Heredia, José María de. Poemas. “Niágara.” Internet:
http://www.los-poetas.com/c/here1.htm#NIÁGARA

Hojeda, Diego de. La Christiada. Digitalizado en Google Books a partir del original de 1611,
sito en la Biblioteca Nacional de Baviera. Internet:
http://books.google.com/books/about/La_Christiada.html?id=ufJFAAAAcAAJ

Martín de la Cámara, Eduardo. Parnaso filipino. Barcelona: Editorial Maucci, 1922.

Nervo, Amado. Plenitud. Madrid: Ediciones América, 1917.

Paterno, Pedro Alejandro. Sampaguitas y poesías varias. Madrid: Imprenta Minuesa, 1880.
—. Nínay. Novela de costumbres filipinas. Imprenta Minuesa, 1886.
—. Aurora Social. Colección de novelas cortas. Amor de obrero filipino. Manila: Imprenta La República, 1910.

Schuhmacher, John N. The Propaganda Movement, 1880-1895. The creation of a filipino consciousness. Manila: Bureau of Printing, 1973.

Zaragoza, Miguel. Flores filipinas. Madrid: Imprenta de Manuel Minuesa, 1864.



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Tomo XVI, no.3,
Invierno 2012-13
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En este número:

Editorial

El Documental "El Idioma Español
en Filipinas" se proyecta en Manila

Javier Ruescas

El documental sobre el idioma
español en Filipinas

Guillermo Gómez Rivera

Introducciones a la literatura filipina
en español:
Análisis de las obras de
Estanislao Alinea,
Luis Mariñas y Delfín Colomé

Cecilia Quirós Cañiza

Isaac Donoso y Andrea Gallo:
Literatura hispanofilipina actual

Jorge Molina del Callejo

Intertextualidad hispanoamericana
en las letras hispanofilipinas

Manuel García Castellón

Carpe diem en el poema “Manila”
de Fernando Ma. Guerrero:
Las conexiones del presente,
pasado y futuro

Therese Chua

El recuerdo y la resistencia:
Poética de
Enrique Fernández Lumba

Jad B. Monsod

Alemania alerta en las Filipinas
Carlos A. Font Gavira

Bitácoras Filipinas en español
Roberto Rico


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