Tomo X No. 1 Verano 2006


De consumos y de idiomas
Fernando Olszanski

Un buen vendedor, de lo que sea, debe crear una necesidad en el cliente. Debe decirle que lo que conoció hasta el día de hoy no sirve más y, que la alternativa que él le está ofreciendo es la única que le garantizará progreso, felicidad y hasta quizás la vida eterna. Qué mejor entonces que menospreciar el pasado, hacer olvidar la memoria y la historia e imponer una idea nueva, la de un sistema que asegura beneficios y que se inculque la necesidad de cambiar el idioma que habla un país para poder insertarse en el mundo y ser visto de otra manera.

Cuando los Estados Unidos invadió las Filipinas, en una secuencia más de la vergonzosa guerra contra España, se encontró con un país arraigado a tradiciones hispanas, ligadas a la religión, a los sistemas educativos y judiciales, que no le sería posible doblegar si no se atacaba alguno de estos vínculos que aún sostenía con el antiguo régimen. Entonces había que destruir la lengua franca del país y reemplazarla con la de los invasores. Suprimir al español como lengua oficial y crear la dependencia del idioma inglés. El consumo del idioma estaba asegurado. Después de todo, las armas les habían dado ese derecho.

Durante trescientos años en las Filipinas se habló español como lengua oficial. La historia del país y el himno nacional están escritos español, y hasta los héroes independistas se manejaban en esta lengua para comunicarse. Cabe preguntarse cómo es posible hacer desaparecer un idioma y reemplazarlo por otro en tan sólo el lapso de algunas décadas. La respuesta es sencilla y complicada a la vez. Pero una vez creada la necesidad el consumo está garantizado. La regla de un buen vendedor. O la de un país con sueños imperiales que experimentó con un pueblo el modo de hacer prevalecer su Destino Manifiesto.

Los resultados de esta guerra de los usenses, como el hispanista filipino Guillermo Gómez Rivera llama a los estadounidenses, contra el idioma español en las Filipinas son invariablemente inciertos. Porque si bien el español como idioma oficial desapareció, el inglés nunca lo reemplazó en la práctica. La existencia del idioma de Cervantes está más que presente en la vida de los filipinos. Se lo ve en los nombres con que bautizan a sus niños y las varias lenguas y dialectos que aún tienen una fuerte base hispana. Como el chabacano, lengua del sur de las filipinas donde el setenta por ciento de las palabras son de origen español y por lo tanto de fácil compresión para un hispano parlante.

Las Filipinas es uno de los dos países que tiene una Academia de lengua española donde no se habla español como primera lengua. El otro país, paradójicamente, es Estados Unidos. Los miembros de la Academia Filipina de la Lengua Española están en lucha constante por recobrar el idioma como lengua oficial del país, que fue derogada en el año 1987, porque saben que un pueblo que ignora su pasado y su historia está condenado a repetir los errores de sus mayores.

Es obvio que hay muchas cosas diferentes entre el mundo hispano de América y Europa con estos "hispanos" de Asia. Pero hay muchas otras cosas que nos ligan por historia, tradiciones y lenguaje. La lucha de los hispanistas en Filipinas es similar a la lucha por la lengua hispana en los Estados Unidos. Defender el idioma es la tarea natural que nos compete en cualquier latitud como patria común y medio básico de expresión.

Lo extraño es que la guerra contra el español que una vez fue a nivel mundial, hoy se ha retractado hasta las propias fronteras de este país, y es de conocimiento cotidiano en casi toda urbe de la Unión. El hecho de escuchar voces que se alzan contra esta realidad es por el increíble efecto que está causando en el espectro social de este país. Los cambios que están ocurriendo parecen indicar que la reestructuración idiomática es constante y permanente, y los beneficios pueden ser inmensos. Contrariamente a lo que sucedió en las Filipinas, no se está imponiendo la lengua por la fuerza, sino que está regresando al estado natural que tuvo siglos atrás en la Norteamérica hispana.

Tal vez no se hable nunca más español en la Filipinas, tal vez esta avanzada de nuestro idioma en los Estados Unidos algún día se detenga y no crezca más que de lo que aparenta crecer. Pero lo importante es distinguir que ser consumidor de nuestro idioma, hace que no seamos consumidos por la propuesta verborrágica de un vendedor ciego y a veces, mal intencionado. Nos cabe decidir a nosotros de que lado del mostrador nos queremos poner. No se trata de comprar ni vender, sino de ser partícipes de nuestro propio destino.


Fernando Olszanski (fernandoolszanski@yahoo.com), escritor argentino, es autor de la novela Rezos de Marihuana, y del poemario Parte del polvo. Ha residido alternativamente en Ecuador, Japón y Europa. Actualmente vive en Chicago, Estados Unidos. Es el fundador y director de Revista Contratiempo.


Editorial
E. Farolán
De consumos...
~F. Olszanski
Manifestación...
~J. Avelino
Intramuros
V. L. Santaromana
Algunas palabras...
V. L. Santaromana
Tributo a Claro M. Recto
A. Fernández Pasión
 Claro M. Recto...
E. Farolán
Una asociación..
J. Ruescas
Poesías filipinas
A España
J. Casuso Alcuaz
A Magallanes...
E. Fernández Lumba
Díptico
Edilberto Lazcano
Homenaje
D. H. Balagtás
Filipinas a España
M. Bernabé
A España imperialista
C. Apóstol

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