Piratas del Pacífico
Carlos A. Font Gavira



Si unimos las palabras Imperio Español y piratas casi instantáneamente nos situemos en las cálidas aguas del Mar Caribe e imaginamos algún tesoro escondido en la Isla de la Tortuga por la pendenciera mente de Barbanegra. En cambio, hubo una zona geográfica del incipiente Imperio de la Monarquía Hispánica donde los piratas fueron los primeros en hacer sus incursiones y fechorías. Nos estamos refiriendo a las Islas Filipinas y por extensión a la zona del Océano Pacífico circunnavegada por las rutas oceánicas de los galeones españoles. Antes que ingleses, franceses y holandeses fueron los chinos y japoneses los que estrenaron el oficio de piratas contra nosotros. El Gobernador de Filipinas, Gonzalo de Ronquillo, describió a los japoneses, en un informe al Rey, de esta manera: “Los japoneses es la gente más belicosa que hay por acá. Traen artillería y mucha arcabucería y piquería. Usan armas defensivas para el cuerpo. Lo cual todo lo tienen por industria de portugueses, que se lo han mostrado para daño de sus ánimas”. En las casi virginales islas Filipinas, recién descubiertas, se hallaban enfrente de poderosos vecinos asiáticos que pronto demostrarían sus derechos de vecindad a la flamante colonización española en el Pacífico. Esta es la crónica y suceso de aquellos piratas y corsarios orientales que sembraron el terror y lanzaron sus ataques a unos españoles desperdigados en unas islas desconocidas de naturaleza exótica, alejados de su hogar por la geografía y abandonados al solo concurso de sus propias fuerzas.

......El mosaico de islas conocido con el nombre de archipiélago de las Filipinas ha sido de antiguo un espacio complejo de variado fondo étnico. Localizadas en un estratégico triángulo en el sudeste del Pacífico asiático las islas han sido una verdadera encrucijada de rutas marítimas donde han pasado los más variopintos pueblos: negritos (los más antiguos), papúes, melanesios, polinesios, hindúes, chinos, japoneses… y, finalmente, europeos o, apuntando el disparo, ibéricos (portugueses y españoles). Las más de 7.000 islas del archipiélago filipino forman un conjunto desparramado de exuberantes selvas tropicales que encierran la más profusa de las biodiversidades. En esta especie de Edén perdido habitaban los nativos pre-hispánicos en perfecta armonía ecológica con su entorno hasta que unos extraños barbudos que navegaban en enormes plataformas de madera hicieron su aparición en 1521. Fernando Magallanes y su tripulación hicieron escala en las islas para reabastecerse de provisiones y especias (el verdadero objeto de la expedición). El navegante portugués pagaría con su vida este descubrimiento al morir en Mactán en una reyerta entre aborígenes. Habría que esperar la llegada en 1565 de Miguel López de Legazpi para conocer el primer intento colonizador consistente de los españoles en Filipinas. Los primeros colonizadores hispanos ocuparon poco a poco las atractivas planicies litorales de las dos principales islas: Cebú y Luzón. Construyeron sólidas fortalezas y murallas en puntos estratégicos como el fuerte de Santiago, en Manila. Al poco de llegar Legazpi a Cebú ya pudo informar al Rey Felipe II de la presencia de chinos y japoneses en el archipiélago. El territorio de las Filipinas fue gobernado por el Virreinato de Nueva España desde 1565 hasta la independencia de México en 1821. Hasta entonces las islas eran administradas desde la Ciudad de México y controladas a través del puerto de Acapulco sobre la costa Novohispana del Pacífico.

......Hemos descrito el archipiélago filipino pero varios miles de kilómetros al Norte surcando el extenso Océano Pacífico se encuentra otro archipiélago bastante alejado de una imagen paradisiaca y pacífica: Japón. A mediados del siglo XVI Japón ya había recibido la visita de algunos misioneros y comerciantes portugueses (los cuales introdujeron las armas de fuego en el archipiélago nipón). Japón entró de manera acelerada en un proceso de unificación que presentaba su apertura al mundo, y en especial a sus vecinos asiáticos más inmediatos: China, Corea y por el Sur, Filipinas. Los primeros asentamientos japoneses en Filipinas hay que situarlos en relación con la actividad de los “wokon” (wako) o piratas japoneses, que fueron muy activos en las costas de China desde el inicio de la dinastía Ming. Su actividad se intensificó de nuevo en el siglo XVI, alcanzando también las islas Filipinas, aunque para entonces bajo el nombre de “wokon” se tendrían que incluir también piratas chinos porque, a veces, actuaban asociados tanto piratas chinos como japoneses. Una de las razones por las que los portugueses fueron aceptados en Macao fue precisamente la de que podrían servir como ayuda para controlar dicha actividad pirática.
......La primera noticia que de los wokon tenemos es de 1573 cuando Diego de Artieda envió un informe al rey en donde señalaba relaciones comerciales regulares entre Japón y Luzón. Los japoneses llegaban cada año a Luzón para intercambiar plata por oro, (las islas españolas tenían fama de ricas en oro en Japón), y llegaban noticias poco claras acerca del daño que infligían a los nativos.

......La acción de los corsarios-o piratas- japoneses se repitió en los años sucesivos sobre las costas de Luzón y afectaba a las naves de los comerciantes, hasta el punto de que el gobernador Santiago de Vera temió que peligrase el comercio con los chinos, que andaban temerosos y no se atrevían a volver a su tierra. Las expediciones corsarias japonesas podían ser conocidas en Manila-preparativos de naves o de gente- por avisos de portugueses, jesuitas y otros predicadores, cuando los mendicantes pasaran a Japón, así como de comerciantes locales; pues el recelo hacia los japoneses era grande en Manila.

......En 1582, se habla claramente del pirata Tayfuzu (Tay Fusa) que se aprestaba para ir a Cagayán con 10 navíos. El gobernador Gonzalo Ronquillo de Peñalosa envió a Juan Pablo Carrión a Cagayán para tomar control del norte de Luzón y esperarlos, para lo cual tuvo que luchar primero contra algunos barcos chinos y luego contra uno japonés, que, con la intención de obtener oro, había establecido una base a la entrada del río Cagayán, con una pequeña fortificación. Carrión se adentró por el río Cagayán y fue asaltado por 18 sampanes de japoneses. Se defendió y dio muerte al general de la armada, a un hijo suyo y a 200 japoneses. Carrión asentó allí cerca a sus leales, y pidió a los japoneses que dejaran el lugar, éstos aceptaron a condición de que fueran compensados con gran cantidad de oro. Carrión no sólo dio una respuesta negativa, sino que los japoneses pensaron que Carrión iba a actuar para confiscar el que ya tenían. Los más de 600 japoneses allí presentes iniciaron una rebelión en la que fueron derrotados, acabando así los años del puerto japonés de Cagayán. Lo que más asombró e inquietó a los hispanos fue la fiereza y belicosidad de los japoneses, así como el buen armamento que traían: artillería, arcabucería, piquería y armas defensivas para el cuerpo; se reseñó que eran gente de coraje y valor, y se comenzó a insistir en la necesidad de refuerzos de hombres y armas para las islas Filipinas.
La actividad japonesa en esta área del norte de Luzón, con el transcurrir del tiempo prácticamente desapareció y los japoneses de Cagayán trasladaron sus actividades a otro puerto en que también tenían actividad, situado en la bahía de Lingayen. En cualquier caso la actividad de los piratas japoneses no desapareció de inmediato. En el memorial de la Junta de Manila de 1586 proponiendo remedios al Consejo de Indias para las Islas, se señalaba la necesidad de fortificar las costas para garantizar el comercio con China amenazado por piratas japoneses.

......Un nuevo incidente de 1588 vino a aumentar el clima de desconfianza. Don Agustín de Legazpi, nieto del conquistador Miguel López de Legazpi, y algunos indios más principales de esta comarca, hijos y nietos de los que antes de la venida de los españoles señoreaban la tierra, tramaron una sublevación contra el gobierno colonial español. A Manila había llegado de Japón en 1587 el almirante Juan Gayo (japonés cristianizado) con un navío y con numerosa tripulación japonesa y muchas mercaderías. Agustín de Legazpi había tomado una gran amistad con él y trabó contacto a través de un japonés cristianizado, también, que le sirvió de intérprete llamado Dionisio Fernández. En el citado barco llevaban también armas y numerosos pertrechos militares para iniciar una sublevación contra los españoles y proclamar a Agustín de Legazpi rey de toda Filipinas. Un proyecto un tanto quimérico pero peligroso y que fue descubierto a tiempo. La conjuración fue desarticulada al año y medio de comenzar a organizarse: los principales cabecillas fueran ejecutados y otros desterrados. Este fue la más audaz de las acciones en las que intervinieron marinos japoneses, en este caso bajo disfraz de contratación, y durante meses habían de sufrir sus consecuencias los comerciantes hispanos.

......Las correrías de los japoneses por las costas de Luzón, sobre todo por la zona norte, se prolongaron hasta 1600. Tokugawa Ieyasu, a petición del gobernador Francisco Tello, en un clima favorable a la ampliación de las relaciones comerciales, mandó ajusticiar a más de cincuenta corsarios en Nagasaki; el castigo pareció de gran dureza a los mismos españoles, pues alcanzaba a las mujeres e hijos de los culpables, pero pareció solucionar el problema. En 1603 ya no llegó a Luzón ningún barco de piratas.

......No fueron los japoneses el único pueblo oriental que puso en aprietos la incipiente y precaria colonización hispana de las Filipinas. Detrás de la Gran Muralla se hallaba el soberbio y poderoso Imperio de los Ming en China y de sus costas partían los más temibles piratas y corsarios. Hubo un pirata chino, el más célebre que se recuerda, llamado Limahon (o Li Ma Hong) que dejó un amargo recuerdo entre los españoles por su ferocidad y la magnitud de su ataque a Manila en 1574. De haber triunfado las huestes del pirata chino Li Ma Hong, tal vez, el dominio español de las Islas Filipinas hubiera sido sólo una anécdota. El fin de algo que apenas había comenzado. Manila, ciudad que había sido fundada por Legazpi en 1571, iniciaba el primero de los episodios bélicos en que se ha visto envuelta la capital filipina y, por desgracia, no el último (el peor fue el ocurrido durante la ocupación japonesa en la Segunda Guerra Mundial).



......La llegada de Li Ma Hong a las Filipinas y su posterior derrota no fueron olvidados y permanecieron en el imaginario colectivo filipino durante generaciones Fue tan violento e inesperado el ataque chino que cerca de tres siglos después de ocurridos los acontecimientos aún se recordaba en el archipiélago y su figura se asociaba a algunas fiestas como la de San Andrés, el 30 de noviembre, pues en vísperas de ese día fue cuando los chinos asomaban en la bahía de Manila. Tomamos una descripción de las fiestas de San Andrés en Manila, (extraída del Boletín de Manila de 1856), que más bien parece un pregón por la solemnidad épica y enérgica con que lo expone. Reza así. “Una de las fiestas más solemnes que se celebran en nuestra capital es sin duda la que decía anualmente el Excmo. Ayuntamiento a San Andrés, en conmemoración del glorioso hecho de armas que libertó a estas islas en 1574 de la esclavitud y la barbarie. Un pirata chino, llamado Limaong, seguido de numerosas hordas, logró penetrar de noche en la bahía, y sorprendiendo y atacando alevosamente nuestra población descuidada, entra por sus puertas difundiendo por todas partes la consternación y el espanto. Empero la Divina Providencia reservada a un puñado de españoles la gloriosa empresa de conservar estas islas bajo el amparo de la cristiandad y la civilización, y reuniéndose todos denodadamente en el campo llamado de la fuerza, rechazan con valor al pirata, que, destrozado completamente, tiene que abandonar con el resto de sus andas la capital y sus costas. Este es el hecho que se solemniza anualmente, y cuyo aniversario tuvo lugar en la mañana del día treinta, y su víspera por la tarde·”.

......Pero, ¿quién era este Li Ma Hong que no se hace olvidar en el recuerdo de los filipinos? Ataque piratas chinos hubo muchos y frecuentes en las costas del Pacífico; ¿qué hacía a éste diferente a los demás?

......Li Ma Hong nació en la ciudad de Tru Cheo (Teochew) en la provincia de Cuy Tan (llamado Catim por los portugueses a mediados del siglo XVI). No disponemos de muchas fuentes escritas para conocer los primeros años de Li Ma Hong pero todo apunta a que pronto comenzó su actividad delictiva. Sus primeros ataques fueron dirigidos a buques de los puertos del Sur de China. Un Estado tan centralizado como la China de los Ming reaccionó de inmediato y las autoridades emitieron una orden para capturarlo. Convertido en un proscrito cambió sus actividades a la piratería en alta mar y fuera del alcance del poder de China. Dotado de capacidad de organización y de cierto carisma fue capaz de reunir una flota de hasta 40 barcos, con los cuales empezó a atacar ciudades y puertos del Sur de China. La piratería era una actividad frecuente para la gente humilde y sin recursos y una manera de escapar de la asfixiante fiscalidad del Imperio Chino y del régimen señorial. La primera prueba de fuego que pasó Li Ma Hong fue el ataque que realizó a una ciudad ocupada por Vinh Para Quianm, otro pirata, quien fue derrotado pasando sus barcos y hombres a engrosar el ejército de Li Ma Hong quien logró reunir cerca de 95 barcos. Ahora era un verdadero rey de los mares del Sur de China.

......Todo rey tiene su reino y Li Ma Hong quiso establecer el suyo en unas islas rebosantes de exuberante vegetación, colonizadas por unos barbudos que venían de lejanas tierras y con poca protección. Contamos con un documento excepcional para conocer este suceso gracias a la pluma excepcional de Miguel de Loarca, soldado que estuvo de misión diplomática en China y participó en la defensa de Manila contra Li Ma Hong, quien escribió “Relación del viaje que hezimos a la China desde la ciudad de Manila en las del poniente año de 1575 años, con mando y acuerdo de Guido de Lavazaris gobernador y Capitán General que a la sazón era en las Islas Philipinas (1575)”. Este testigo de excepción dejó escrito varios capítulos de su relación de viaje “La venida del corsario Limahon sobre Manila”, tal y como lo tituló, mostrando lo confiados y vulnerables que se presentaban los españoles en Manila antes de la acometida china: “Sucedió pues que estando los españoles bien descuidados de enemigos que los pudiesen ofender por estar casi todas las Islas conquistadas y a la obediencia de la magestad del rey don Philipe 2º, nuestro señor, i muy amigos con los chinos que venían a contractar a todas las islas y teniéndolos obligados con buenas obras que se les avian hecho, que un corsario natural del reyno de China de los quales nunca faltan en aquel reino, así por la multitud de la gente que en el hay, como la tiranía grande con que los tratan sus mayores, viniese sobre la ciudad de Manila” Vemos que los españoles no discernían muy claramente entre los piratas chinos y el Imperio de China, (de hecho ambos estaban enfrentados) y de ahí las suspicacias de las autoridades españolas a los numerosos comerciantes chinos afincados en Manila que los llamaban sangleys. Tras el desastre militar que supuso para los chinos esta campaña, las autoridades españolas, sabiamente, decidieron concentrarlos en el Parian de la Alcaicería.

......En 1574, Li Ma Hong, al frente de una flota de 62 naves que transportaba unos 3.000 hombres armados (incluidos mercenarios japoneses dirigidos por un tal Sioco) atacó Manila. No fue este una simple razzia para saquear y obtener un buen botín sino que tenían proyectado instalarse en el terreno colindante a la desembocadura del río Pásig y fundar un poblamiento. A partir de la información y el conocimiento que tenían los piratas de que China tenía una política de no-guerra con sus vecinos durante ese tiempo, decidieron capturar Manila y establecerse, y Li Ma Hong proclamarse como gobernante de su posible reino y fortaleza. El gobernador general Guido de Lavezares y el maestre de campo Juan Salcedo, al mando de unos 500 españoles, y con más ingenio y determinación que medios hicieron frente al ataque chino.

......Las defensas de Manila eran muy precarias. El gobernador Lavezares apenas si había tenido tiempo a construir un pequeño fuerte de madera. Defendido por apenas unos 150 españoles cortos de pólvora y armas, al mando del maestre de campo Martín de Goyti. Sioco perdió el factor sorpresa al equivocarse de población costera al desembarcar y de esta manera proporcionó un tiempo valioso a los españoles para organizar su defensa. Antes de que arribara a Manila, algunos habitantes de Parañaque (que así se llamaba el pueblo), corrieron hasta la ciudad para avisar al anciano gobernador de que se acercaban "moros boyernes". La llegada de las fuerzas españolas al mando del capitán Juan de Salcedo hizo que los piratas fueran rechazados y la ocupación de la ciudad fue impedida.

......La fuerte resistencia de los residentes de la ciudad sorprendió al pirata chino, que pensaban que la captura de Manila iba a ser fácil. Limahong no esperaba que los defensores de la comunidad, a pesar de estar mal equipados, lucharan hasta el final, hasta el punto de que el mar frente a la ciudad se puso rojo de su sangre. La batalla llegó a ser conocido, bastante trufada de épica, como la “del Mar Rojo”.

......Paraqueños no sólo salvó su ciudad, sino que contribuyó decisivamente a que Limahong abandonara sus planes para conquistar la zona. Sioco no desesperó y desembarcó rápidamente con sus fuerzas y entró en Manila. Los chinos, que iban bien armados y en orden arrollaron inicialmente a algunos sorprendidos españoles y empezaron a saquear e incendiar todo lo que podían. Ocurrió una anécdota, muy dentro de los cánones del Siglo de Oro, por la cual estaba asomada al balcón doña Lucía del Corral (esposa de Martín de Goyti),quien insultó a los chinos con éstas palabras: ¡Andad perros, que todos habéis de morir hoy! Enterado Sioco del insulto por un intérprete portugués que iba con sus tropas, mandó prender fuego a la casa de Goyti. Los chinos, entraron en la casa y doña Inés fue degollada y dada por muerta (aunque luego sobreviviría), Martín de Goyti, que combatía en una casa, viendo la suya asaltada y su esposa en peligro, saltó por la ventana, cayendo entre la algarabía de chinos, que le traspasaron con sus lanzas y cuchillos. Esta historia posee un espíritu bastante cervantino y es muy literaria pero refleja el dramatismo de la situación y lo encarnizado del combate. Sioco, viendo que la resistencia se estaba organizando y que sus tropas estaban desconcertadas y cansadas, se retiró de Manila, por el momento.

......Llegó como refuerzo la armada china a Manila, y comenzó un corto pero intenso cañoneo sobre la misma, que precedió al asalto de tropas chino-japonesas. Además de lanceros chinos, Sioco mandó desembarcar también esta vez a los arcabuceros japoneses (probablemente ashigaru mercenarios). Los españoles se atrincherados en el fuerte, y opusieron una resistencia numantina. Viendo los orientales que los españoles seguían en el fuerte, y no se rendían iniciaron un violento asalto. Los españoles, bien atrincherados, respondieron a la cargas del enemigo con fuego de arcabuces y unos pocos cañones y rechazaron a los orientales de tal manera que, viendo que sólo a costa de grandes pérdidas conseguirían la victoria, decidieron reembarcar. Sioco, fiel al honor guerrero japonés no se retiró y combatió hasta el final contra los españoles. Chinos y japoneses se agruparon en tropel en la playa, desesperados. Li Ma Hong, desconcertado por la heroica resistencia de aquel puñado de occidentales barbudos que no perdían la formación ni se rendían, mandó poner vela hacia el norte de la isla, intentando reorganizar sus fuerzas. Se atrincheró en la provincia de Pangasinán, construyendo un fuerte que podía albergar hasta 600 hombres.

......Lejos de saborear el triunfo de la victoria, Juan de Salcedo propuso al gobernador Lavezares la siguiente idea: ir directamente a por Li Ma Hong. Lavezares aceptó y llamó a los españoles de otras islas cercanas y a los tagalos (indios nativos), formando una fuerza de poco menos de 500 españoles, 2.000 nativos filipinos aliados y 4 piezas de artillería. Con tan exiguas fuerzas partió Salcedo hacia Pangasinán, cercando a Li Ma Hong en su fuerte, que batió con la artillería día y noche. Siguiendo el texto de Miguel de Loarca hubo un intercambio de mensajes entre los chinos asediados y los españoles atacantes instando a los chinos a rendirse y a Li Ma Hong a entregarse. El intercambio de mensajes no tiene desperdicio. Juan de Salcedo, mediante un intérprete chino, le hizo sabe el siguiente mensaje: “ E oydo decir, Limahon, aunque no te conozco, aver tu venido a estas Islas, de que me admiro teniendo tu tan buenas tierras en la China; y aviándote faltado tres capitanes i muchos soldados en la guerra de Manila de los más principales, muertos por los españoles (…) por lástima grande que te tengo te escrivo esta carta avisándote de su daño i ruegote que vengas de paz por parte del Maese de Campo pues el huirte ni esconderte no será parta para escaparte”. El militar español muestra un trato cortés y la promesa de ausencia de represalias a pesar del daño infligido pero deja clara sus intenciones. Un ejemplo de hidalguía española en el Extremo Oriente pero que no fue correspondida por Li Ma Hong a tenor de su respuesta: “Que si el Maese de Campo tiene mucha gente valiente, tamben yo la tengo, i bien experimentada, porque con ella me he escapado de más de cien mil hombres de China, y a los naturales desta tierra por inumerables que sean yo no los estimo en nada, i soi como tigre que esta emboscado i todos lo quieren prender i no saben si el tigre matara la gente o la gente prendera el tigre. Cada una de las partes piense bien lo que le conviene, pero yo con esto concluyo mis razones y escritos, i si estas condiciones fueren aceptas huelgo de ello”. La respuesta fue la del guerrero indómito que nunca se rinde, el profesional del combate cuya existencia se justifica en la lucha y que a pesar de estar en inferioridad la rendición no es una salida sino un deshonor. Si el tigre es cazado sacará las garras hasta el final.
Sintiéndose derrotado, el astuto Lima-Hong acudió a una ingeniosa argucia para escaparse y fabricó cestos con mechas encendidas (cual cuerdas humeantes de arcabuz) que colocó en las almenas para hacer creer a Salcedo de que disponía de muchos hombres, mientras construía lanchones para reembarcar en su ya mermada flota. Escapó, pues, el pirata chino, dejando en la estacada a muchos de sus hombres, que fueron masacrados en el asalto final de los españoles, que tomaron finalmente el fuerte. Ahora, el tigre huía con el rabo entre las patas.

......Los españoles, tan desmemoriados para recordar su historia, no han hecho una excepción con este suceso de armas ocurrido en tan lejanas tierras. Chinos y filipinos han conservado un recuerdo más sólido de las correrías de este pirata chino que parece sacado de alguna novela de Salgari. Nunca iba imaginar Li Ma Hong , después de tantos combates victoriosos contra flotas organizadas y potentes que su mayor derrota la iba a sufrir frente a un pequeño grupo de conquistadores en unas islas lejanas. Fue difícil clavar una pica en Flandes pero no lo fue menos hacerlo en las Filipinas.




Bibliografía

Hemeroteca digital/Biblioteca Nacional de España

María Dolores Elizalde y Josep Mª Delgado. Filipinas, un país entre dos imperios .
(Editorial Bellaterra, Barcelona 2011)

Antonio de Morga; edición crítica y comentada y estudio preliminar de Francisca Perujo. Sucesos de las Islas Filipinas (México: Fondo de Cultura Económica, 2007)

María Dolores Elizalde, editora. Las relaciones entre España y Filipinas: siglos XVI-XX
(Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Cientificas; Barcelona: Casa Asia, 2002)


^arriba^

portada primavera 2012 archivos enlaces contactar índice

Tomo XVI, no.1,
Primavera 2012
,

Director: Edmundo Farolán
Isaac Donoso Jiménez
Subdirector, Redactor




En este número:

EDITORIAL



UN HECHIZO ORIENTAL
Gastón Segura


UNA GIRA A QUIAPO
Guillermo Gómez Rivera


PIRATAS DEL PACÍFICO
Carlos A. Font Gavira


EL DIARIO DE
FRANKIE AGUINALDO
(Fragmentos)

Edmundo Farolán


BIBLIOTECA DE CRÍTICA
LITERARIA FILIPINA
NÚMERO OCTAVO

«EL JARDÍN DE EPICURO»:
CENÁCULO
MODERNISTA FILIPINO
Isaac Donoso Jiménez













Todos los derechos reservados
Copyright © 2012
Revista Filipina,
Edmundo Farolán
Diseño: E. A. Lozada