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Tomo XI, no.3,
Invierno 2007-08
Director: Edmundo Farolán


En este número:


Cuando llegues


El recuerdo nunca muere
de Emocionario,
versos de la adolescencia (1929)

Francisco Zaragoza

Versos contra
los indignos filipinos

G.Gómez Rivera
Carta abierta a José Rizal
Francisco Zaragoza

Nueva antología de
escritores
filipinoamericanos
con una intro. a P. Rosal y A.Girmay
E. A. Lozada

Como vidrio
Patrick Rosal

Lamento del gallo
Patrick Rosal, Aracelis Girmay


Memorias de
la guerra de Filipinas
en los recuerdos de
María dolores Tapia del Río

Andrea Gallo

Homenaje
al Profesor Leandro Tormo Sanz

Perla Primicias, Andrea Gallo


BIBLIOTECA DE
CRÍTICA LITERARIA FILIPINA

Número Primero
José Rizal y el canon
literario occidental:
El Consejo de los dioses (1880)

Introducción y edición de
Isaac Donoso Jiménez









Todos los derechos reservados /
Copyright © 2007 Revista Filipina,
Edmundo Farolán

Diseño: E. A. Lozada


Patrick Rosal

Como vidrio
De Field of Mirrors, una antología de escritores filipinoamericanos (PAWA, Inc., San Francisco, 2008)
Como vidrio es la versión en español de As Glass de My American Kundiman
(Persea Books, New York, 2006)




Cuando estos hijos de Buenos Aires me gritan
desde el otro lado de la calle en los lenguajes formales
que usan sus padres para ignorar a los mendigos de Recoleta
y a los perros callejeros en todas partes, entiendo
apenas lo suficiente para pasar la bolsa de frutas
de una mano a la otra y meter El Clarín
entre mi codo y mis michelines y entonces se lo arrojo
de vuelta su bolón — rendido por verano — que aterriza
a la mitad de la distancia al campo Se lanzan hacia mí para reclamarlo
Regreso al piso de madera de mi departamento en Palermo
y telefoneo a mi papá en Nueva Jersey: Papi digo yo
Por supuesto al principio él no reconoce su propio
nombre ni aun mi voz porque le estoy hablando
con un cariño cuyas preposiciones
apuntan a todas las direcciones equivocadas
No nos aborrecemos en español
como nos aborrecemos en inglés Por ahora nos estamos riendo
juntos Desde Qué hay hasta Adiós Terminamos
deseándonos que cada uno vaya con Dios
y los chicos — todavía les oigo burlándose
en lunfardo hacia la mitad de la calle Quizás
no son demasiado jóvenes para detestar
a sus padres Quizás ya pueden probar
un veneno minúsculo en sus bocas en las oraciones
que fingen decir antes de que se duerman

En este momento yo amo a mi papá más en este
castellano (este dialecto de conquistadores —
idioma de ladrones) le amo más que le amaré
en inglés en los muchos años que vienen: en los vernáculos
norteamericanos que preferiría escupir a sus pies
lo que tartamudeo en el pelo de mi amante
lo que es cocido en mis tendones
Soy elocuente con rabia y tontería
Debo decirte lo que todavía no sabes
del inglés de mi papá: surge
de sus tobillos hasta su tronco y brazos
como vidrio derretido Se anquilosa cuando se enfría
y por eso él y yo nos podemos mirar enfurecidamente
por décadas sin movernos – todos los léxicos
de tristeza y deleite rellenan el cuerpo haciéndose
fríos y duros alrededor de todos los músculos y huesos
una filigrana cristalina alrededor de los vasos capilares y
en sus escondrijos metacarpianos deteniéndose
en el esófago duplicando con precisión
la celosía plena de lo invisible. Pues si
la carne, la fibra y la tripa — el crisol humano —
fuera a deshacerse (como suele deber) lo que se queda es la clara
anatomía del interior invisible de un hombre —
fundida en el idioma más frágil que va sin ser evocado
por 77 años: los abanicos de madera tallada de su juventud
calesas meciendo sobre los guijarros de Vigan
rosarios cincelados el frío curioso de Chicago
la tos solitaria en un banco de iglesia en Brooklyn
sopa y catres y ascensores y ofrendas quemadas
y 400 años de estiércol de caballos ... y allí estoy también —
sentándome en un departamento fresquito en Palermo
escuchando a los aullidos atenuándose desde el campo de fútbol
la caridad audaz de una lengua extranjera dulcifica
en mi mente la imagen de este hombre que está rápidamente envejeciendo
él que nos golpeaba a mis hermanos y a mí con su cinturón de cuero
y cada palabra de cada ternura que no logré hablar
ya está subiendo por mis rodillas
como vidrio Es anciano y es puro
Y no es libre de amargura ni de dolor
Mientras escribo esto está calentando mis dedos
Y de esta manera yo sé que pasaré mi vida
esperando hacerme añicos en el cuerpo de mi padre