La Esclavitud en las Islas Filipinas
Juan Hernández Hortigüela


Afirmar que la esclavitud fue uno de los grandes negocios de los países denominados civilizados, hasta finales del siglo XIX, no es descabellado. España, para nuestro desdoro histórico, fue el último país europeo en legislar la abolición total de ese “ignominioso tráfico de ébano”: la esclavitud. Un decreto del mes de octubre del año 1886, que suprimía el Patronato, terminó con la esclavitud en Cuba, último reducto esclavista de España. Previamente, en el año 1873, se había abolido la esclavitud en nuestra colonia de Puerto Rico. La famosa Ley Moret fue la antorcha legislativa, desde el año 1870 al año 1886 (con la fuerte oposición de la Liga Nacional y del Círculo Hispano-Ultramarino, presidido por el Marqués de Manzanedo) que encendió la luz final de la abolición. Pero, curiosamente, las leyes de abolición no se refirieron nunca a Filipinas; no hacía falta, en Filipinas se había abolido la esclavitud casi trescientos años antes
.....Cierto es que España se apuntó, a principios del siglo XIX, a legislar a favor de la anulación del tráfico de esclavos, con objeto de poner impedimentos a la esclavitud, de manera que mediante el Tratado suscrito entre Gran Bretaña y España, el 30 de mayo de 1820, “S.M. Católica se obliga a que el tráfico de esclavos quede abolido en todos los dominios de España” habilitando cinco meses después de esa fecha para que completen sus viajes los barcos ya en navegación. Pero este Tratado fue meramente un testimonio, porque los negreros no cesaron de recorrer los mares y depósitos, con su cargamento de cabezas negras. Además, este Tratado con Gran Bretaña se refería, en principio, al tráfico, no claramente a la abolición definitiva, que llegó bastantes años después a Europa
.....Portugal, dominador de las costas de África desde mediados del siglo XV, convirtió a su capital, Lisboa, en el mercado principal de esclavos negros de África, llegando las ventas de estos, en la mitad del siglo XVI, a más de 40.000 cabezas.
.....España siguió el mismo camino porque necesitaba esclavos para enviar a América y Filipinas y porque, justo es decirlo, el tráfico de esclavos era un gran negocio. Desde principios del siglo XVI, se importaban 4.000 esclavos destinados a las plantaciones de Santo Domingo. Barón Fontacín estima que pasaron de “trescientos mil” los esclavos contratados con particulares, hasta finales del citado siglo.
.....No sirven ahora, en el siglo XXI, los arrepentimientos históricos, los grandes escritos políticos de las alabanzas abolicionistas, así como otras informaciones a través de la divulgación de filmes anatemizando los horrores de la esclavitud. Todos los países del mundo arrastran su culpabilidad histórica y así debemos aceptarla. Como también hay que aceptar, hoy, para mayor vergüenza e hipocresía de la mayor parte de las naciones del orbe, que otras nuevas formas de esclavitud (trata de mujeres y niñas, esclavitud laboral de niños, inmigración, drogas, etc) imperan como un gran negocio que, hipócritamente, se denuncian pero que sigue su escalada inevitable, mientras no se promulguen leyes estrictas y se persiga duramente a los infractores para erradicar esa lacra social y sean capaces de mover la conciencia universal.
.....Nadie podrá negar, a estas alturas de la historia universal, que ningún gobierno ni ninguna institución hayan trabajado tanto a favor del esclavo, como la iglesia católica. No ha habido un solo pontífice que no haya condenado la esclavitud. La abolición de la esclavitud debe ser considerada como una gran obra del cristianismo. Así lo han reconocido intelectuales de opiniones y credos políticos diferentes.
Un gran ejemplo de lo anteriormente escrito se cumplió en las Islas Filipinas. Al poco tiempo de llegar los primeros religiosos agustinos, comenzaron a denunciar la esclavitud de los naturales, consentida por las autoridades civiles, cuyos amos eran los españoles y los propios indios, esclavistas éstos como hábito social extendido desde la época prehispánica. Las denuncias llegaban al rey mediante cartas que le enviaban los religiosos agustinos.
.....Fr. Juan de Alva, agustino de casi setenta años, que llegó a Filipinas en el año 1569, escribió una carta, el 28 de julio de 1570, al virrey de Nueva España, denunciando la esclavitud y sus efectos perniciosos en las Islas. Es la primera denuncia, dirigida a instancias mayores, acerca del comportamiento de los españoles que habiendo llegado a Filipinas “ todo su exerçiçio á sido rrovar para comer, pues el governador no les da nada para se mantener de los trivutos que se cojen, y no solo an dado en rrovar pueblos, an quemado cantidad dellos, así destas tres provincias, como de todas las comarcanas a ellas, y lo que es más mal, pareçe an hecho cantidad de esclavos, siendo libres, quitando la hija de su madre y el hijo de su padre…” (1)

(1) AGI, Patronato 24, ramo 9. Transcrito en Patricio Hidalgo Nuchera, Los Primeros de Filipinas, Doc. 33, pág.283.

.....Es en el "Memorial de los Religiosos de las Islas de Poniente de cosas que el Padre Fray Diego de Herrera a de tratar con su Majestad o su Consejo Real de Yndias" escrito en el año 1573, para que sea llevado a España por Fr. Diego de Herrera, cuando se presenta la esclavitud de Filipinas con mayor crudeza. El memorial refleja las denuncias que han de hacerse, acerca del comportamiento de los españoles con los indios, “Que se da por guerra justa en consejo de guerra, si los yndios dizen que no quieren el amistad de los españoles, o si hazen algún fuerte para defenderse, y a estos matan, cautivan, rovan, queman las casas...” “.. y en todas estas mataron mucha gente y cautivaron y vendieron por sclavos...” “Que se da por guerra justa en el consejo de guerra para destruyr un pueblo y hazer sclavos los que pudieren cautivar… “Que han vendido muchos sclavos, y otros retienen que son mal avidos, cautivados injustamente…” (2)
.....Las denuncias no solamente alcanzan a los españoles porque la esclavitud, entre los indios, era un práctica habitual antes de la llegada de los españoles, “los sclavos que los naturales tienen, parte dellos son de ynmemorable memoria, que sus padres y agüelos sirvieron a sus antepasados; parte dellos por empréstitos y deudas an venido a ser sclavos,, contando siempre en los empréstitos husuras, que se husan aquí mucho, parte por delitos o por aver hurtado, por poco que sea, o levantado testimonio, o atrevídose en palabra o en hecho contra algún principal; otros, y estos son los menos, que an sido cautivos en guerras, que tiene entre sí, las quales algunas son de que muy antiguo son enemigos, otra por algún agravio, que de la una o de la otra parte a sido hecho, las quales causas son difíciles de averiguar quién tiene justicia, aunque es gente en este caso tan mal ynclinada, que quando hallan ocasión, no guardan cara al amigo. Otro género de sclavos ay después que los españoles están en esta tierra, que se an vendido en tiempo de hambre por comida, en tiempo de el hambre el padre al hijo, el hermano al hermano, el tío al sobrino, y otros asimismo por muy poco precio, en lo qual, el que comprava hazía misericordia al comprado, que jamás vendían sino al que estava tal que no podía vivir por sí." (3)
.....En la carta se hacen recomendaciones urgentes “Que los yndios, que son y an sido cautivos de españoles y vendidos en tierras estrañas, se rescaten y buelvan a sus tierras...” “Que se haga inquisición de sclavos mal avidos y timavas mal retenidos, que están en poder de españoles, y que se quiten, aunque sean cristianos…”

(2) Idem, pags. 323-324
(3) Ibidem, pag 325


“Que si su Majestad permitiere que los naturales sean sclavos en poder de los españoles, como lo son de los naturales, que no permitan que los saquen de sus tierras, porque así en breve se despoblaría y destruiría la tierra, y que la sclavonía sea más blanda que la de los negros, dando a entender quan libre es la sclavonía entre los yndios…” (4)
.....Felipe II, conociendo estas denuncias, como gran defensor de la permanencia de España en las Islas Filipinas y de un profundo sentido cristiano, heredado de su padre, extendió una Cédula Real el 7 de noviembre de 1574 (5) mediante la cual se prohibía la esclavitud en las Islas.
.....Sin embargo cuando en el año 1581 llega el primer Obispo a Filipinas, Fr. Domingo Salazar, viaja en la misma expedición con algunos padres agustinos (6) que traían consigo una Cedula Real, dirigida al Gobernador, mediante la cual se imponía la abolición de la esclavitud (7) con la obligación de poner inmediatamente en libertad a todos los esclavos, fueran de españoles o indios.
.....Se convirtieron, de esta manera, las Islas Filipinas en el primer país del mundo en beneficiarse de la abolición de la esclavitud, con trescientos años de adelanto a las leyes abolicionistas españolas del año 1886. En realidad, a principios del siglo XVII, no existía esclavitud en las Islas Filipinas, salvo casos aislados que perduraron siempre, que se refieren a los habidos entre los propios filipinos. A partir de entonces los filipinos disfrutaron de los mismos derechos y obligaciones que el resto de los habitantes españoles.
La medida abolicionista que se planteaba en el Archipiélago, tenía consecuencias sociales muy importantes y de gran trascendencia.

(4) Ibidem, pag.325
(5) AGI. Patronato 25, R, 2
(6) Llegaron con el Obispo Salazar, entre otros religiosos, el agustino Fr. Juan Pimentel con diecisiete compañeros, citados en páginas anteriores
(7) Esta Cédula, es posible que la conocieran los Gobernadores Guido de Lavezares y Francisco de Sande, y no fuese publicada porque, como tantas veces ocurría, las ordenanzas reales “se acataban pero no se cumplían”. Otra probabilidad sería que, debido a la tardanza de firmas, dilatada duración de los viajes y su paso por México, no es extraño que fuera la que llevaron los agustinos o, menos probable, fuese una copia de la misma. Fue durante el mandato del Gobernador Gonzalo Ronquillo, por la insistencia de las denuncias de los agustinos y por la llegada del Obispo Salazar, cuando se tomaron las medidas oportunas, a pesar de que el Gobernador Ronquillo demoró su publicación todo lo que pudo, sin justificación alguna.


AGI. Patronato 25.R.2 (Cédula Real del 7 de noviembre de 1574)

.....Tan pronto como la Cédula fue presentada al Gobernador Ronquillo, este se puso en contacto con el Obispo Salazar, antes de publicarla, para que diera su parecer sobre la trascendencia de la misma.
.....El Obispo reunió a los priores y religiosos de los conventos de agustinos, franciscanos y jesuitas (recién llegados a las Islas) para tomar las resoluciones que fueran pertinentes. De esta reunión salió un documento titulado “La Junta y Resolución que el Obispo tomó sobre la execución de la Cédula de los esclavos” fechado el 16-10-1581. El contenido de esta Junta, será considerada por algunos estudiosos del tema como el “Prólogo” del importante Sínodo que convocó el Obispo al año siguiente, 1582 (8) cuya duración fue de cuatro años.
.....En la Junta se planteaban las consecuencias que tendría, entre los propietarios de esclavos, la publicación de la Cédula y si estos recurrirían ante S.M para su suspensión. Asimismo, se preguntaban si el Gobernador debía conceder algunos plazos a los poseedores de esclavos para la ejecución de la misma. Para responder a estas cuestiones el Obispo Salazar solicitaba a los componentes de la Junta “que por ser cosa tan grave les rogava y encargava lo encomendasen a Dios y mirasen y confiriesen, y en cargo de sus conciencias declarasen con toda libertad y verdad lo que sintiesen…” (9)
.....Las repuestas de los religiosos fueron contundentes basadas en argumentos jurídicos, invocando la Cédula de 1530 de Carlos V, la cual no permitía esclavos por “ninguna vía que se adquiriesen, ansí en guerra justa como avidos o comprados de los naturales…”. Por consiguiente la resolución final fue que el Gobernador ejecutase la Cédula a la mayor brevedad, concediendo un plazo de treinta días a los propietarios de esclavos para liberarlos. Los padres acordaron no admitir a confesión a los amos de esclavos hasta que no procedieran a la liberación de los mismos.
.....Todavía, el Gobernador Gonzalo Ronquillo no quiso hacer pública la Cédula hasta el mes de marzo de 1982, fecha en que el Obispo Salazar en carta al rey le decía,
“…y pregonada la cédula y admitida, la suplicación que para V.M. interpuso la ciudad, todos tomaron a su porfía, y como yo vi esto, junté otra vez a los padres y sacerdotes, y acordamos admitir confissiones a los dueños de esclavos, pero aviendo de estar y passar sin replica por lo V.M. mandare, o que dentro de dos años, que se les dio de termino, que corre desde que esta nao se hiciere a la vela, les daran libertad
(10)

(8) Véase referencia del Sínodo en el capítulo correspondiente a la Orden de Predicadores (Dominicos)
(9) Isacio Rodríguez, Historia XV, 37
(10) Isacio Rodríguez, Historia… pág. 39, nota 185

.....Posteriormente, durante el Sínodo, se suavizaron para los propietarios de esclavos las condiciones de su libertad. Así, determinaron las autoridades civiles y eclesiásticas que, los esclavos que tengan más de diez años continuarán sirviendo a sus amos hasta los veinte años, que serán emancipados. Los que tuvieran más de veinte años, deberían servir cinco años más, hasta su libertad total y los que nacieran de esclavos, serían libres. Sin embargo hubo frailes que se negaron a confesar a aquellos que no habían liberado a los esclavos.
.....Pero como tantas veces ocurría, a pesar de las denuncias y presiones de los religiosos, las Cédulas del rey se acataban pero no se cumplían, al menos en su justa medida. En Filipinas quedó siempre una esclavitud residual, encubierta, consentida, casi autorizada, debido a que muchos esclavos lo eran de una manera voluntaria, porque al dejar de ser esclavos se encontraban en el más absoluto desamparo y miseria, y se negaban a ser libres, ofreciéndose nuevamente a su amo, confabulándose ambos para estar al borde de la ley. De otra parte, era una práctica común entre los indios que, en el caso de no poder pagar las deudas, se ofrecieran como esclavos, por determinado tiempo, a sus deudos. Pero como en España la esclavitud seguía existiendo, la llegada de esclavos a las Islas continuaba produciéndose, con toda impunidad. Así, por ejemplo, se concedió licencia a Gonzalo Ronquillo de Peñalosa, Gobernador del Archipiélago, “para llevar a las Islas Filipinas quince esclavos negros, libres de derechos, para su servicio y el de la gente que lleva” (11). O aquella otra licencia, del 31-1-1585, que se concedía al capitán Juan Maldonado “para llevar a las Islas Filipinas 15 esclavos negros para su servicio, libres de derechos…”. Y otras muchas más de semejantes características, con cargo a la Hacienda Real, aunque siempre se referían a esclavos negros, es decir, africanos, nunca a naturales (indios)
.....Hubo otro tipo de esclavitud residual en las Islas, correspondiente a los negros esclavos que trasportaban los portugueses en sus barcos y que al recalar en los puertos filipinos desembarcaban y vendían algunos de ellos a comerciantes, principalmente. La esclavitud de los negros africanos fue siempre considerada como normal y consentida por todas las autoridades civiles aunque no era permitida por los eclesiásticos, dando lugar a muchas protestas y controversias en Filipinas.

(11)AGI. 105-2-11, Libº 1º fº 124 v de 25-8 1578

.....Si bien la abolición de la esclavitud fue efectiva en todas las Islas Filipinas, se debe hacer una excepción con la isla de Mindanao. Esta isla ha sido siempre la asignatura pendiente, política y religiosa, de España, desde su llegada hasta, prácticamente, su salida en el año 1898. Unas de las principales causas fueron su gran distancia de Manila y el carácter aguerrido de los moros, sin olvidar la religión, musulmana, que profesaban.
..... Mindanao, y las islas al Sur de ésta, profesaban la religión mahometana y los mahometanos habían sido los enemigos de España. Cuando embarcó Legazpi hacia Filipinas, las ordenanzas del rey Felipe II, eran claras: “bajo ninguna consideración deberéis hacer esclavos a aquellos indios que hayan adoptado el culto de Mahoma; pero tratareis de convertirlos y persuadirlos a aceptar nuestra santa fe católica por medios buenos y legítimos”. Pero las cosas cambiaron después. Los moros de Mindanao hacían incursiones en las islas Bisayas para comerciar, pero en muchas ocasiones robaban, mataban y esclavizaban a los indios. Estos desmanes de los moros hubieron de ser corregidos por los conquistadores primero y, posteriormente, por diversas incursiones que hicieron los españoles en Mindanao, sin que el éxito fuese completo nunca, ocasionando muchas muertes y desgracias, obligando a los españoles a volver a sus puntos de partida, sin poder quedar mucho tiempo en la Isla. Nunca la presencia civil y eclesiástica española en esta isla fue muy importante.
.....Felipe II, como consecuencia de las denuncias y relaciones de las autoridades civiles y religiosas, se vio obligado a dirigir a las Islas una Cédula Real, que disponía acerca de la esclavitud o libertad de los “Mindanaos”:
“Al distrito de las Islas Filipinas, y sus confines son adyacentes los de Mindanao, cuyos naturales se han rebelado, tomado la secta de Mahoma, y confederándose con los enemigos de la Corona, y hecho muy grandes daños a nuestros vasallos, y para facilitar su castigo ha parecido eficaz remedio declarar por esclavos a los que fueren cautivos en la guerra. Mandamos que así se haga, procediendo con tal distinción, que si los Mindanaos fuesen puramente Gentiles
(12) no sean dados por esclavos, y si fueren de nación, y naturales Moros, y vinieren a otras islas a dogmatizar, o enseñar su secta mahometana, o hacer guerra a los españoles, o Indios, que estan sujetos a Nos, o a nuestro Real servicio, en este caso pueden ser hechos esclavos; mas a los que fueren indios y huvieren recevido la secta no los haran esclavos, y seran persuadidos por licitos, y buenos indios, que se conviertan a nuestra Santa Fe Catolica”(13)

(12) Quiere decir, sin convertir a la religión mahometana ni cristiana
(13) Documentos, Ley XII, Libro VI, Titulo 2 (4 de julio de 1570)

Es decir, los naturales de Mindanao fueron siempre una excepción importante dentro de la conquista y evangelización de Filipinas.
.....La iglesia, en los primeros años de evangelización del Archipiélago, no tenía obreros suficientes para desplazarse tan lejos de la capital, Manila, a sabiendas de las dificultades de predicar y convertir a los mahometanos.
.....Sin embargo, con la llegada de los jesuitas en el año 1581, y posteriores, se aventuraron a aparecer por Mindanao, en el año 1596, con licencia del Gobernador Tello con muchas dificultades y con poco éxito de conversiones, hasta tal punto que, (como ocurrió con algunos agustinos posteriormente, en el año 1599) terminaron abandonando la isla, entre otras causas, por la retirada del capitán D. Esteban de Figueroa. No sería hasta bien entrado el siglo XVII cuando, con la ayuda de los Agustinos Recoletos, llegados a Filipinas en el año 1606, y conseguida cierta tranquilidad política, comenzaron estos religiosos a obtener resultados aceptables.
.....La esclavitud en Mindanao era una práctica usual entre los naturales y lo siguió siendo hasta la pérdida de Filipinas en 1898. En una carta que dirigió el jesuita, P. Felipe Ramo al P. Francisco Nebot, desde Talacogon (pueblo de Mindanao) decía: “Amadísimo en Cristo P. Nebot: Visitóme Francisco Banquianan, como dije a V.R en mi anterior, para decirme que Tomás Eño, Teniente 1º de Verdú, Diego Guinood y no se quien más estaban en el bosque, cerca de San Estanislao, para que les entregaran 9 esclavos y me pidió licencia para entregárselos”. El contenido de la carta y el motivo fundamental era que Francisco Banquianan quería casarse con una muchacha, Agustina, para lo cual Tomás Eño le exigía muchas cosas de dote para casarse con ella, a pesar de no tener algún parentesco con la muchacha. Pero se creía con derecho a pedir la dote que quisiera, por haber auxiliado, en una ocasión, a su padre con 10 pesos.
.....El caso es que Francisco le daba toda la dote que le exigía y nueve esclavos, condición imprescindible para celebrar la boda. Francisco se creía acorralado por la petición y recurrió, desesperado, al P.Felipe Ramo, “Dijo además Banquianan que los 9 esclavos los sacaría de los manobos o mamánuas (14) y que los obtendría matando a casados y apoderándose de las viudas y de los hijos hasta completar el número (15). El valor histórico de esta carta, además de estar fechada el 22 de junio de 1894, es la demostración de cómo seguía vigente la práctica de la esclavitud entre los naturales de Mindanao, después de más de trescientos años de la llegada de los españoles.
.....Otro documento similar, escrito el 24 de octubre de 1892, es la carta escrita por el P. Saturnino Úrios al P. Pastells, superior de la misión de Tagum (región de Davao) de Mindanao. Refiere la carta las luchas que tenían las tribus de los mandayas con los ata-as, dando la razón el P.Saturnino a los mandayas, escribe refiriéndose a los ata.as,
“..son los que proporcionan, a petición de los moros, esclavos para cualquiera que los desee.” “..esta comarca de Davao es tal en lo de la esclavitud, que rompe el corazón la trata que aquí se está haciendo con las pobres gentes infieles. Bien y mal acomodados, viejos y nuevos cristianos de Davao y de las reducciones, tienen esclavos, adquiridos por compras unos y como pago de casamiento otros. En las haciendas y en las casas y en todas partes encuentra uno esclavos”
(16)
.....Aunque la esclavitud fue abolida en Filipinas mediante la Cédula Real que se ha citado, no dejó de ser una preocupación constante de los religiosos que pretendían se cumpliesen las ordenanzas. Sin embargo hubo necesidad, durante muchos años después, a seguir legislando acerca de los esclavos. Por ejemplo, mediante la Cédula de 6 de marzo de 1608, fol.108, nº 76, del Cedulario, mandó S.M. al Gobernador informase acerca de los esclavos que traían a Filipinas desde Malaca y dispusiese lo necesario para corregir el problema. El Procurador General de Filipinas, en el suplicado que originó esta Cédula, decía que los portugueses traían esclavos para ser vendidos, desde Malaca, “siendo la mayor parte negros viciosos, ladrones, y fugitivos que daban en salteadores, por cuya causa estaba con mucho riesgo aquella tierra, se les prohibiese llevarlos, y en caso de hacerlo fuesen muchachos que no pasasen de 12 años so pena de darse por perdidos” (17)

(14) Tribus de Mindanao
(15) Cartas de los Misioneros de la Compañía de Jesús en Filipinas.- nº 113.- Manila 1895
(16) idem, pag, 148,149(2) Diccionario de Gobierno y Legislación de Indias.- Manuel Josef de Ayala. Págs. 28-29.- Edic. Cultura Hispánica. Madrid 1989.
(17) Diccionario de Gobierno y Legislación de Indias.- Manuel Josef de Ayala. Págs. 28-29.- Edic. Cultura Hispánica. Madrid 1989.

.....De igual manera, se suplicaba al rey, originando otra Cédula del 1 de mayo de 1608, que no viajasen esclavas en los navíos de comercio con Nueva España, “siendo causa de muy grandes ofensas a Dios, y otros inconvenientes en deservicio suyo, a que no se debía dar lugar, pues no era bien que en navegación tan larga, y peligrosa huviese tal desorden;”
.....Por consiguiente, aunque la abolición de la esclavitud en Filipinas fue un hecho constatado a principios del siglo XVII, hubo necesidad de ir perfeccionando la ordenanza inicial, mediante Cédulas, motivadas por denuncias de los religiosos; pero salvo los casos expuestos, residuales, y las costumbres ascentrales de los indios, hubo un estricto control y vigilancia de la esclavitud en Filipinas, no existiendo esclavitud entre los españoles, especialmente por la denuncia y vigilancia de los religiosos.


  ^arriba^


portada invierno-08-09 archivos enlaces contactar

Tomo XII, no.4
Invierno 08-09

Director: Edmundo Farolán



En este número:

Un cuento folclórico filipino:
Verdad y Falsedad

Traducción: Darío Seb Durban

Recuerdos de Filipinas.
Entrevista
a Brooke Cadwallader

Andrea Gallo

La Esclavitud
en las Islas Filipinas

Juan Hernández Hortigüela

Las Filipinas
en busca
de su identidad hispana.

Dr. Enrique Javier Yarza Rovira.

Una antología
de la literatura española
reciente

Pablo Cuevas Subías

Gloria Macapagal de Arroyo:
¿Promover el español
en Filipinas?
José Mario Alas

Dos cartas
a la Directora
de IC en Madrid

J.H. Hortigüela, G.G. Rivera







Todos los derechos reservados /
Copyright © 2008
Revista Filipina,
Edmundo Farolán
Diseño: E. A. Lozada