....
La hispanización y la identidad hispana en Filipinas (2a parte)

David Sánchez Jiménez
Lean: primera parte


5. LIBERACIÓN NORTEAMERICANA, POSGUERRA Y NUEVOS CONTACTOS: SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XX

....La Guerra Civil española había trasladado al archipiélago el estado de lucha entre republicanos y nacionales, por lo que las rencillas internas entre los distintos grupos no tardaron en aparecer, dividiendo también a la herencia hispánica en Filipinas. Del mismo modo, el final de la guerra infundió el miedo a los empresarios, que vieron en esta contienda un preanuncio de la adhesión española a las tropas nazis y fascistas en la Segunda Guerra Mundial.

[…] estos grupos aceleraron un proceso de renuncia a la nacionalidad española de los más famosos y poderosos líderes, como Andrés Soriano, los Elizaldes o los Roxas, quienes temían la posible entrada de España en la guerra y una posible confiscación de sus propiedades, al igual que ya había ocurrido con los alemanes e italianos en los territorios británicos (Rodao, 1996b: s.n.).

....La prioridad del gobierno de Franco durante los años 40 en Extremo Oriente, cuando el español aún conservaba cierta entidad en las islas, no era otra que la conservación de la civilización hispánica —frente a la dañina influencia americana y japonesa— por medio de la independencia de Filipinas (Rodao, 1994b). En medio de este escenario, Quezon decidió defender la propaganda de la falange y un gobierno autoritario en Filipinas, a juicio de Rodao (2006), con la finalidad última de mantener a los Estados Unidos fuera de la zona de influencia filipina, al contrario de lo que sucediera en Latinoamérica en estos mismos años. En realidad, todo este movimiento mediático formaba parte de una estrategia del presidente Quezon para gobernar con mayor libertad de movimiento y con independencia de las fuerzas externas a la nación filipina:

El dominio tan aplastante del Partido Nacionalista en las Filipinas y el liderazgo inamovible de Quezon aparecen como la principal diferencia en este capítulo del debate general: Manila comprendió que adaptarse a las interpretaciones norteamericanas disminuirían su libertad de acción y podrían llevar a una menor soberanía de la ya obtenida. El legado cultural español, tal como llevaba ocurriendo durante décadas, separado de sus negativas connotaciones más recientes, sirvió bien a Quezon para sus objetivos de reforzar el poder. Y para resistirse al cada vez más hegemónico esquema bipolar Eje-Aliados que dejaba tan poco espacio a las terceras partes.

....No se hizo esperar la reacción de los americanos sobre esta ligazón transatlántica, difundiendo las amenazas españolas de tomar el país en una nueva conquista, ante lo cual el Embajador español Maldonado tuvo que desmentir de forma oficial esta acusación.
....Por una paradoja histórica, finalmente España se mantuvo neutral mientras que Filipinas fue invadida y tuvo que entrar forzosamente en la guerra (Rodao, 2002). Lo que en principio se creyó como un intento japonés por liberar a los pueblos orientales de la opresión occidental, terminó convirtiéndose en una extensión imperialista de la isla nipona. En el caso de Filipinas, al librarse los combates más duros de la Batalla de Manila de 1945 en los barrios del sur, donde habitaba la población hispanizada, ésta se redujo de forma significativa y quedó empobrecida, por lo que tuvo que emigrar al final de la guerra. El cambio de imagen del invasor norteamericano tras este conflicto, al que antes se rechazaba, se vio fortalecido por su supremacía en los combates contra los japoneses, pues liberaban al país de un temido colonizador. Como consecuencia de estos hechos “La ola de pro-americanismo que sacudió el archipiélago filipino destruyó toda clase de balance entre sus identidades americana, española y local, hasta el punto que fueron más patriotas americanos que los propios estadounidenses” (Rodao, 1996b, s.n.). Incluso la comunidad hispanizada que había defendido hasta entonces un sentimiento anticolonial oponiéndose al dominio norteamericano, aceptaba ahora la imagen dulcificada del libertador.
....Por todo ello, el final de la Guerra del Pacífico significó el fin de la vitalidad de lo español en las Filipinas y el declive definitivo de ese sentimiento de afinidad que desde este archipiélago se había sentido hacia España y su cultura. Se empieza a mirar desde entonces a los Estados Unidos de América con otros ojos, como a héroes libertadores que habían mediado en la desocupación nipona de las islas. Los norteamericanos habían librado ya tres guerras en suelo filipino, contra España, contra el propio gobierno independentista filipino y contra Japón, con saldo favorable todas ellas (Rodríguez-Ponga, 2003). Si los norteamericanos se erigían como el bando vencedor en este marco, a España se le asociaba con los países perdedores. Esto provocó que de entre los pueblos colonizadores que habían desembarcado en Filipinas, fuera el americano el que terminara ganando las simpatías del pueblo malayo. Frente a esto, el desinterés y el abandono a su suerte por parte de la antigua patria española en todas las contiendas libradas durante el siglo XX no dejaba mucho margen de recuperación a la imagen de España en las islas. El nacionalismo hispano se vio firmemente afectado por esta liberación americana, se transformó radicalmente la imagen que hacia esta nación se tenía y se entendió a Estados Unidos como un país defensor de las libertades y de los derechos universales que luchaba contra el ejército nazi y el japonés, mientras que la prensa norteamericana publicitaba la intención española —aliada con el eje del mal— de reiniciar su sueño imperialista con la reconquista de Filipinas. Estados Unidos aprovechó la altisonancia y la radicalidad de las declaraciones públicas del gobierno español en apoyo de las fuerzas del Eje para efectuar una crítica aún más eficaz contra sus adversarios. Esto no sólo contribuyó a disminuir la influencia de España sobre Filipinas, sino que sirvió también para reinterpretar el legado español desde una óptica negativa, belicista y conservadora del momento coyuntural que se estaba viviendo en el mundo31(Rodao, 2006). No obstante, el ser antiamericano era equivalente a ser antidemócrata en estos tiempos (Rodao, 2006: 264). Esta posición se vio reforzada por el desinterés español de mantener el contacto con la antigua colonia y la pérdida final de su estatus en las islas en 194532 y la posterior retirada de casi toda la representación oficial del país a partir de 195333 (Rodao, 2002). Este descrédito español en Filipinas, se extendió también a otras partes del continente asiático, como relata Rodao (2003: 352-353):

El final de la guerra del Pacífico marca el punto más bajo de la relación española con Asia oriental. España fue marginada también en Asia e incluso el Kuomintang suprimió la delegación franquista en 1946, a pesar de la guerra civil y el auge contra los comunistas. Los intereses privados de Filipinas, por su parte, perdieron mucha de su anterior importancia. En parte por los destrozos causados por la lucha en el archipiélago, donde murió una buena parte de la comunidad española, en parte por su desvinculación con la Península en momentos donde primaba lo inmediato y, por último, porque la imagen de España salió malparada de la guerra del Pacífico. La relación española con Asia de nuevo declinaba y perdía los pilares que le habían mantenido hasta entonces, los intereses políticos que le habían impulsado desde los años treinta, y los lazos privados que la habían mantenido desde 1898. A lo largo de la dictadura franquista, volvió a limitarse a ser escenario para las relaciones con países u objetivos más importantes.

....A la deshispanización de Filipinas no sólo contribuye el aislamiento internacional de la España de Franco, la desaparición de los restos culturales hispánicos, el retraso de una nación española anclada en los valores del pasado o la propaganda norteamericana, sino que además de todos estos factores, gran parte de la población española se vio obligada a emigrar y las empresas a cambiar de nacionalidad en esta época34. La propia consideración negativa que adquiere lo español y el español en este tiempo, asociado a la oligarquía filipina y lejos ya de la doctrina de Recto y de las Letras doradas de los años 20, contribuye también a esta deshispanización acaecida de forma generalizada a partir de la década de 1940, motivo por el cual los jóvenes filipinos —educados ya en un ambiente académico inglés— reniegan de su uso.

Desde entonces, la identidad hispana pasó a estar asociada a la llamada oligarquía española, que usaba el castellano en parte para diferenciarse de otros estratos inferiores de la sociedad: pasó a ser un idioma de derechas (Rodao, 1998a: 132).

....La presencia española pervivía aún en Asia hasta la Guerra del Pacífico, principalmente por el dinamismo de dos colectivos, los misioneros y el comercio de la oligarquía hispano-filipina. Rodao (1998b) manifiesta que los intereses de ambas fuerzas estaban entrelazados por afinidades ideológicas y por lazos económicos. Pero su influencia no sólo pivotaba sobre el continente asiático, sino que extendían su influencia hasta España, especialmente en la toma de decisiones en la península en relación con Asia35. A pesar de la probada influencia que ejercían en el poder económico y político las familias filipinas de raíz española, no se sabe mucho sobre las conexiones directas de sus empresas con otras semejantes en España36(Rodao 1999; 2003). Después de la Guerra Civil, finalmente se perdió el contacto con los grupos oligárquicos hispanos o filipinos (Rodao, 1992; 2003). Las empresas españolas mantuvieron las dos terceras partes del volumen total del comercio exterior de Filipinas hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, esto teniendo en cuenta el cambio de nacionalidad de los empresarios de descendencia española, como es el caso de los Ayala y los Soriano, quienes mantuvieron la nacionalidad española hasta poco antes de esta guerra37.
....En un intento por recuperar su credibilidad y tras quedarse aislado por la derrota del Eje, el régimen franquista procuró un tímido acercamiento a través de Asia a los Estados Unidos mediante la ruptura de sus relaciones diplomáticas con Japón —incluso estuvo a punto de declararle la guerra— con el fin de levantar las simpatías del gobierno norteamericano y romper así el aislamiento internacional al que se veía sometido.

[España y Japón] estaban unidas indirectamente, primero por medio del Pacto Antikomintern (1936) y después también por el Tripartito (1940), firmado por España en secreto. La amistad política condujo a Japón, al entrar en guerra contra Estados Unidos en diciembre de 1941, a solicitar a Madrid la ayuda más importante que podía prestarle un país neutral: representar sus intereses y los de sus súbditos en los países enemigos y conseguir información de inteligencia en el continente americano, principalmente en Estados Unidos. El ministro de Exteriores, Ramón Serrano Suñer (1940-1942), aceptó, pero la marcha de la guerra obligó a modificar los planteamientos favorables al Eje. Después, con el conde de Jordania (1942-1944), Tokio fue el banco de pruebas para el camino hacia la neutralidad, y con José Félix de Lequerica (1944-1945) Japón pasó a ser percibido en función de los beneficios que un enfrentamiento podría provocar en la posguerra, cuando el régimen franquista quedara aislado y sin poder recurrir a sus antiguos patrocinadores nazis y fascistas. Madrid pensó en declarar la guerra en incluso mandar una División Azul contra Japón, lo que no se hizo ante la respuesta escasamente favorable de los gobiernos de Estados Unidos y Gran Bretaña, por lo que las medidas japonesas se quedaron en la cancelación de la representación de los intereses japoneses y la ruptura de relaciones diplomáticas (Rodao, 2003: 352).

....Es debido a este cambio de rumbo —ya con la Segunda Guerra Mundial prácticamente perdida— por lo que algunos historiadores han observado en este hecho la causa de la represalia de los soldados japoneses contra los españoles en su retirada de Manila (Rodao, 2003). En 1945 España había acusado al país nipón de los peores crímenes, una estrategia política del gobierno de Franco que perseguía la conciliación con la sociedad internacional, erigiéndose además como una nación en pugna contra la amenaza comunista y como parte necesaria en la constitución de una Europa Libre38(Rodao, 1992). Tras firmarse la rendición incondicional de Japón el 2 de septiembre de 1945, en 1946 España envió una misión especial extraordinaria para asistir a la toma de posesión del primer presidente de la nación filipina tras la ocupación. Sin embargo, y a pesar de estos vanos intentos por recuperar la credibilidad perdida en el orbe mundial, las decisiones tomadas por el gobierno franquista durante estos años supusieron un duro revés para las relaciones con Filipinas y marcaron un claro declive en la presencia y en la consideración de lo hispánico en las islas.
....Por otro lado, la imagen benevolente de lo norteamericano se potenció a raíz del protectorado impuesto por los nuevos gobernantes, pues con un sistema de pensionado (De la Peña, 2001) habían ofrecido la mejor formación a las élites filipinas en tierras estadounidenses y una educación generalizada en inglés en las islas, razón por la cual muy pronto surgiría una nueva generación de líderes en la posguerra que había sido educada en inglés. Manuel Roxas (1946-1948) fue el primer presidente que había sido educado en inglés en la Universidad de Filipinas, aunque también hablara el español (Rodao, 1996b).
....Otro hecho notable para la reducción de la influencia hispana durante este periodo está marcado por la constitución de una lengua autóctona que pudiera sustituir al español en calidad de lingua franca. Durante su mandato, Quezon apostó por el “Lenguaje Nacional Filipino” en provisión constitucional y dispuso en 1937 la aprobación de los acuerdos realizados por el Instituto Nacional de la Lengua para que éste se basara en el tagalo. El uso del español se mantuvo firme hasta el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, pero resultaba un tanto anecdótico tras el descenso de su uso y de su proyección tras este conflicto. Sin embargo, hubo un intento por recuperar la lengua española como parte del pasado de Filipinas y como medio para llegar a los documentos fundacionales de la nación, cuyo objetivo era el poder comprender la identidad del ser filipino (Rodao, 1996b).
....A partir de 1953 España retira sus cargos representativos de las islas, las empresas españolas están ya muy debilitadas en estas fechas y la élite filipina de raíz española se ha decantado por el patrocinio de lo americano. España irá recobrando en las siguientes décadas el interés por revivir un pasado común y desmentir la imagen putrefacta que se había perpetrado durante más de 40 años de guerra ideológica con los Estados Unidos. En los años 60 y 70 se produjeron importantes contactos, como la visita del presidente Diosdado Macapagal a España y la concesión de un crédito de 10 millones de dólares por parte del Gobierno español, así como la firma de un convenio de cooperación técnica en febrero de 1974. En este mismo año S.A.R. Don Juan Carlos visitaba Filipinas, acompañado por el ministro de Asuntos Exteriores, Pedro Cortina Mauri. Tales contactos no se tradujeron en un impulso renovado de la lengua española39, que seguía en estado latente esperando su momento, especialmente tras la muerte de dos de sus más fieros defensores en el archipiélago en estos años, Manuel Bernabé y Claro Recto (De la Peña, 2008). Con las muertes de Bernabé y Recto se van dos de los representantes de la literatura filihispánica más relevantes y se inaugura una década, la de 1960, de un marcado signo antiespañolista en el sector de la educación. Desde la Ley Cuenca de 1957 se redujo sustancialmente el número de horas de español en la enseñanza reglada. La enseñanza obligatoria pasó por ley (R.A. 5182) de 24 a 12 unidades en 1967, de las cuales 9 se dedicarían a leer la literatura filipina en español, mientras que las 3 restantes se corresponderían con el curso de literatura en español. Se le hacía, por lo tanto, un flaco favor a la supervivencia del idioma español en las islas. Este hecho produjo el profundo rechazo de una sociedad que había crecido a la sombra de la leyenda negra —la causa española de los males de Filipinas— sobre el periodo colonizador español, sembrada por la escolarización norteamericana. Se produjeron incluso manifestaciones de estudiantes que no querían estudiar una lengua que no les resultaba tan práctica como el inglés (Rodao, 1996b). La obligatoriedad del español fue un rotundo fracaso, entre otras cosas, como señala De la Peña (2001), por no haberse hecho de la manera adecuada. Por otro lado, la lengua española se relacionaba de forma negativa con la oligarquía filipina que la seguía usando y carecía de toda utilidad en una sociedad fuertemente americanizada. Unido esto a que el sentimiento antiespañol por el pasado colonial era más fuerte en la posguerra debido al sentimiento antiimperialista y anticolonialista, en la fecha de 1976 se le cortó definitivamente la cabeza al español con su eliminación de la Constitución como lengua oficial y con la supresión de su obligatoriedad en el currículo en 1987. La eliminación de la obligatoriedad de las clases de lengua española en las instituciones educativas se desatendió únicamente en la Universidad de Filipinas, donde se retuvieron las 12 unidades en algunas facultades, con la opción en el resto de cursar 6 en un idioma extranjero y otras 6 en otro diferente. En este contexto, la enseñanza del español en Filipinas pasó de ser obligatoria a opcional, motivo por el cual mejoró la calidad de su enseñanza. Bautista Luna (2004) señala dos razones para esta mejora, que los estudiantes que cursaban las asignaturas de español estaban más motivados para aprender la lengua y que las clases resultaban más manejables, debido a la reducción en el número de alumnos matriculados.
....A pesar de este hecho, con la elección de la presidenta Aquino en 1986 y con la visita a Filipinas del presidente del Gobierno español Felipe González, se estrecharon las relaciones. Comenzaba así una nueva etapa, materializada en la firma de destacados acuerdos sobre Seguridad Social y Cooperación Económica e Industrial. Con el fin de promover la lengua española e impulsar el conocimiento de la España actual en Filipinas, S.A.R. la Infanta Doña Elena viajó a Manila para inaugurar la primera sede del Instituto Cervantes en Asia el 5 de mayo de 1994, que ha disfrutado de una actividad cultural muy dinámica como organizadora de congresos internacionales, así como de actos culturales y lingüísticos relacionados con el mundo hispánico. Además, en su labor principal, la enseñanza y la difusión de la lengua española, ha experimentado un vertiginoso crecimiento de matrículas en los últimos años, siendo en 2009 el que mayor número de matrículas registra en todo el mundo.
....Fidel Ramos realizó su primera visita oficial a España como presidente de Filipinas los días 11, 12 y 13 de septiembre de 1994, tras treinta años de ausencia de un mandatario de esta nación. En el discurso de recepción, S.M. el Rey Don Juan Carlos expresó su voluntad de incrementar la cooperación económica con este país, puerta de oriente, y alabó el proceso democrático y la madurez con que el pueblo filipino lo había afrontado. Al año siguiente y como muestra de las buenas relaciones establecidas, el presidente de la República de Filipinas, Fidel Ramos, devolvió la invitación de SS.MM. los Reyes de España y acogió a Don Juan Carlos y Doña Sofía en visita de Estado, entre los días 1 y 4 de abril de 1995. La visita, a pesar de formar parte de una gira por varios países asiáticos, suponía la primera ocasión en la que un monarca español pisaba las islas de forma oficial después de un pasado en común de más de trescientos años. Estos guiños durante la década de 1990 demostraban un sincero interés por parte de España en la región, erigiéndose Filipinas como un cauce privilegiado para favorecer unas mayores relaciones entre Europa y Asia. Como señala Rodao (2005), hay una renovada apuesta en lo económico por estas latitudes.
....Como respuesta al compromiso de cooperación política y económica firmado durante la visita de los Reyes de España en abril de 1995, el ministro de Asuntos Exteriores, Abel Matutes, visitó las islas en febrero de 1997 con la finalidad de impulsar las relaciones comerciales en la zona. En medio de estas reuniones, el ministro de Asuntos Exteriores filipino, Domingo Siazon, anunció el 11 de febrero de este año la formación de una comisión mixta hispano-filipina que ya había sido planeada en la visita del Rey Don Juan Carlos en 1995 y que se sumaba al compromiso establecido con Fidel Ramos de que los dirigentes de ambos países se reunieran periódicamente, cada dos años. Del mismo modo, Matutes y Siazon acordaron que se firmara en 1998 -coincidiendo con el centenario de la declaración de la independencia filipina- un nuevo Tratado de Amistad entre ambos países. Ese año, y para conmemorar los fastos del centenario, los Reyes de España realizaron una nueva visita oficial a Filipinas. El 11 de febrero tuvo lugar la ofrenda floral que el Rey Don Juan Carlos depositó ante el monumento de José Rizal y la concesión de la Gran Cruz de la Orden de los Caballeros de Rizal al monarca español. Junto al presidente filipino y su esposa, los Reyes de España rindieron también homenaje a los marinos españoles y filipinos que un siglo antes habían perdido sus vidas en la batalla naval de Cavite en la contienda que marcó el fin de la presencia española en Filipinas. Antes de abandonar el país, también visitaron el gran parque temático del centenario de la Expo Filipinas que acogería unos meses más tarde las celebraciones del 98, a las que la AECI destinó dos millones y medio de euros.
....Fernando Villalonga, el secretario de Estado para la Cooperación Internacional y para Iberoamérica, se entrevistó el día 22 de marzo de 1999 en Manila con el presidente de la República, Joseph Estrada, para firmar varios programas destinados a preservar el patrimonio histórico común, aliviar la pobreza y aumentar la cooperación cultural y educativa entre ambos países. El mes siguiente, el ministro de Asuntos Exteriores filipino, Domingo Siazón, firmó el Tratado de Amistad y Cooperación con su homólogo español, Abel Matutes, con el fin de continuar y afianzar las buenas relaciones entre ambos países tras el Centenario.
....S.M. la Reina Doña Sofía, durante su estancia el mes de febrero de 2000, se interesó por los proyectos de cooperación que financia España y asistió a la inauguración de la exposición “Filipinas hace un siglo” en el Museo Metropolitano, organizado en colaboración con el Ministerio Español de Cultura. Otros actos a los que acudió la Reina durante esta visita fueron una reunión con los representantes de las ONG españolas que trabajan en Filipinas, la inauguración de un hogar de acogida para niños de la calle y un centro benéfico para mayores sin recursos —construidos ambos con fondos españoles y con la participación del gobierno español—, la inauguración de un monumento al rey Felipe II, visitó los Archivos Nacionales —modernizados desde 1992 gracias a fondos y expertos españoles— y el Hospital General de Filipinas. Quizás este ha sido uno de los proyectos de mayor envergadura en los que han colaborado los gobiernos de España y Filipinas. En los años venideros, mediante la IV Comisión Mixta, la AECI promovía la creación de un Centro Nacional de Referencia en Oftalmología en el Hospital General de Filipinas para el diagnóstico y tratamiento de afecciones oculares en el país, mediante la transferencia de tecnología española en este campo. Del mismo modo se acordó la creación del “Filipinas Eye Center Foundation, Inc.” que garantizara la autosostenibilidad del Centro en el futuro.
....Ese mismo año fue José María Aznar, el presidente del gobierno, quien inició una visita oficial a Filipinas con el objetivo de estrechar los lazos del pasado y potenciar las relaciones políticas y económicas en el presente. Firmó un Convenio de Amistad y Cooperación en todos los ámbitos de la colaboración bilateral con el presidente filipino Joseph Estrada y mantuvo reuniones con empresarios españoles y filipinos con la intención de mirar al futuro de forma conjunta en un plan común de inversión y cooperación económica bilateral. El 26 de noviembre de este año 2000 fue el subdirector general para Europa Oriental y Asia de la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI), Ricardo Martínez-Vázquez, quien inauguró en el Museo Español de la Isla de Corregidor la muestra “La modernidad del pasado”, que recoge las principales infraestructuras y el desarrollo tecnológico que desarrolló España en Filipinas durante el siglo XIX.
....Algunas medidas desarrolladas en común a la hora de preservar el lenguaje y la cultura españolas en las Filipinas en los tres años siguientes han sido la inclusión de la lengua y la cultura española como parte del currículo en el sistema educativo y, para hacerlo efectivo, el gobierno español se comprometía al el envío de dos profesores Filipinos de español de la escuela secundaria a España para asistir a un curso de verano para profesores extranjeros. En 2010, como explicamos abajo, se dará un paso más en este terreno. También desde la península se dará la oportunidad a profesionales filipinos para aprender a operar en la conservación en centros Iberoamericanos y talleres educativos creados por AECI dentro del Programa de conservación del Legado cultural. La Secretaría de Estado de Cultura del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte tendrá un papel importante en la conservación y restauración de los fondos del archivo del legado hispano-filipino en el programa de modernización del Archivo Nacional de Filipinas. La AECI y el Instituto de Patrimonio Histórico Español del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte también se involucran en el programa de conservación y restauración del Museo Nacional de Filipinas mediante la formación de personal técnico en la conservación y restauración de archivos. En la Universidad de Filipinas se desarrolla un proyecto de Creación de una Escuela de Conservación y Restauración de Pintura de Caballete. La rehabilitación del Museo Nacional “Padre Jose Burgos” de Vigan y la conservación de las colecciones con el plan de Revitalización del Centro Histórico de Vigan es otra de las acciones en las que participaba el gobierno español. El apoyo de la publicación de trabajos o traducciones que contribuyan al conocimiento de la sociedad, la cultura y la historia en común es otra vía de colaboración entre ambos países.
....Conforme a lo establecido con la firma en Manila del Tratado General de Amistad y Cooperación entre el Reino de España y la República de Filipinas el 30 de junio de 2000 y en el Convenio Básico de Cooperación Técnica del 20 de septiembre de 1974, se celebró el 3 de julio de 2001 en Madrid la cuarta sesión de la Comisión Mixta Hispano-Filipina de Cooperación, con el fin de establecer acuerdos conjuntos de colaboración durante el periodo 2001-2003, con la representación de los firmantes, por parte española, Rafael Rodríguez-Rodríguez-Ponga, Secretario General de la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI) y por parte filipina, Lauro Baja Jr., Viceministro de Política Exterior y Ministro de Asuntos Exteriores, y Rafael Lotilla, Director General Adjunto de la Autoridad Nacional de Desarrollo Económico (NEDA). Algunos de los proyectos arriba citados se concretaron en este documento, con acuerdos en materia de educación, salud, abastecimiento y gestión del agua, gobierno y sociedad civil, microcréditos y servicios financieros, empresa, agricultura y desarrollo rural, industria, desarrollo y gestión urbanos, turismo, ayuda multisectorial para servicios sociales básicos, seguridad alimentaria, ayuda de emergencia y reconstrucción, promoción de la lengua española en filipinas, becas, preservación del patrimonio cultural común hispano-filipino, el programa de Consolidación del Archivo Nacional de Filipinas, el proyecto de Creación de una Escuela de Conservación y Restauración de Pintura de Caballete en la Universidad de Filipinas, la rehabilitación del Museo Nacional “Padre José Burgos” de Vigan y la adecuación de sus colecciones, el apoyo a la Comisión Nacional de Conservación y restauración de edificios emblemáticos de la NCCA - National Commision for Culture and Arts- bibliotecas, publicaciones, traducciones, exposiciones, proyecciones y representaciones, propiedad intelectual, Hispanismo Filipino, el programa de Cooperación "Hacia un futuro común", proyectos de Hermanamiento de Ciudades, la colaboración en los ámbitos de la música, el turismo cultural y todas aquellas iniciativas que pueden contribuir al fortalecimiento de los lazos entre los dos países. En esta comisión también se expresa la satisfacción por las actividades que realizan diversas instituciones, como la Asociación Española de Estudios del Pacifico (AEEP), la Fundación Histórica Tavera, la Fundación Santiago o la Fundación Asia-Europa (Acta IV CM, 2001).
....El acta de la V Comisión Mixta Hispano-Filipina de Cooperación firmada el 30 de noviembre de 2005 en Madrid por Juan Pablo de Laiglesia, Secretario General de la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI), y Rolando Tungpalan, Vicedirector Ejecutivo de la Autoridad Nacional de Economía y Desarrollo (NEDA), se analizan y ratifican los proyectos anteriores y se incluyen otros nuevos para los años 2005-2008, de acuerdo con el Plan Director de la Cooperación Española 2005-2008, que señala a Filipinas como país prioritario dentro del Plan Director. En ella se reconoce el incremento en la colaboración de España con Filipinas, con un considerable aumento de la ayuda de la II Comisión Mixta de 1995-1997 de unos 15 millones de euros (2.583 millones de Pts.), en la III Comisión Mixta con 22,3 millones de euros en 1998-2000, un 45% más con respecto al trienio anterior, y con la IV Comisión Mixta en 2001, a cuyo programa se destinaron 40,42 millones de euros, con un ascenso del 81,25% en la ayuda desde la III Comisión Mixta. Esta colaboración se establece por el interés de ambas partes, y el Estado Filipino declara los motivos históricos pasados y presentes que la posibilitan:

[…] los especiales vínculos existentes entre ambos países; la importancia de los aportaciones españolas a la República de Filipinas y de su destacable crecimiento en los últimos años; la experiencia española en materia de cooperación con el Sureste Asiático; y los relativamente recientes procesos de modernización del Estado español, de su economía y de sus políticas sociales (Acta V CM, 2005: 3).

....Dentro de las prioridades sectoriales de la V Comisión Mixta se señalan los siguientes sectores:

(i) provisión de necesidades humanas básicas mediante intervenciones que permitirán un mejor acceso a la educación, salud y agua; (ii) fortalecimiento de las capacidades de las entidades sociales e institucionales a través de iniciativas que apoyen a las Unidades de Gobierno Local, el empoderamiento de la sociedad civil, y asistencia en el proceso de crear y establecer organizaciones; (iii) la mejora de las capacidades económicas mediante actividades que generen puestos de trabajo y aumenten la productividad de los agricultores rurales;; (iv) logro de la sostenibilidad medioambiental reduciendo la degradación medioambiental; (v) promoción de la cultura mediante la conservación y ampliación del legado cultural y artístico de la época Española en Filipinas dando un trato especial a la muy diversa y dinámica cultura de Filipinas; y (vi) la facilitación del proceso de paz actual que daría lugar a la paz duradera (Acta V CM, 2005: 5).
...
....Esto se concreta en alguno de los más destacados proyectos de la V Comisión Mixta: dentro de la Cobertura de las Necesidades Sociales Básicas destacan el Programa de Salud Reproductiva para Mujeres Musulmanas de Maguindanao, Mindanao, la Mejora de la Atención Primaria en la región de Caraga (Fase II), la Protección de colectivos en situación de mayor vulnerabilidad, el Acceso al agua potable y el saneamiento básico; en educación el fomento de la Formación Ocupacional y Calificación Profesional y el Apoyo al Departamento de Educación Mediante la Mejora en la Calidad de la Educación a Través de Programas de Formación y la Provisión/Rehabilitación de Aulas Escolares para el año 2005, dotado con una cantidad de 968.322 euros, para ser implementado en Aurora, Quezon, la Ciudad de Iloilo, la Ciudad de Zamboanga, Lanao del Sur, Lanao del Norte, y Cotabato del Norte; la promoción del tejido económico y empresarial mediante el Programa de Seguridad Alimentaria de Caraga en la región de Caraga, provincias de Agusan del Norte y Agusan del Sur. En tres provincias de Luzón Central se sigue ejecutando el Proyecto de Apoyo al Sector Hortofrutícola, la Creación de un laboratorio de cultivo de plátano y centro de formación en Lanao del Norte en 2005, el Programa de Microproyectos Rurales en la Región de Bicol y el Proyecto de Desarrollo de la Seguridad Alimentaria en Surigao del Sur; respecto al medio ambiente, se llevan a cabo el Proyecto de apoyo para los sistemas de producción de semillas y mejora en la gestión forestal comuniatira en Mindanao, el Proyecto de fomento de la gestión sostenible de los recursos marinos de Baler, provincia de Aurora, ejecutado de manera conjunta por la ONGD española FUNDESO y el Aurora State College of Technology (ASCOT), con una subvención de 535.000 euros. Durante el cuarto trimestre de este año se inicia en Caraga el Proyecto de mejora de las condiciones de vida de los agricultores de Surigao del Sur mediante el apoyo a un desarrollo sostenible de los recursos forestales que será ejecutado por la ONGD española IPADE y cuenta con un presupuesto total de 309.000 euros. Parte de la ayuda se concede también al fortalecimiento de la capacidad de respuesta y preparación comunitaria ante desastres naturales; en cuanto a la cultura y el desarrollo, se llevaron a cabo el Congreso de Urbanismo, la Bienal de Guitarra, el trabajo en común con la Sociedad Estatal de Accion Cultural y Exposiciones (SEACEX), dio como fruto la realización de las exposiciones en 2004 y 2005 respectivamente, Filipinas: Puerta de Oriente de Malaspina a Legazpi y Balmis y la Real Expedición de la vacuna de 1805. La presencia española en Filipinas se hace patente también mediante Cine Europa y con la participación en festivales internacionales como el Festival de Música San Agustín de Intramuros. Como medio para una más completa formación, se extienden las Becas del Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación y la Dirección General del Libro, Archivos y Bibliotecas de este Ministerio patrocina viajes a Manila de tres creadores españoles para impartir conferencias en el Instituto Cervantes y en la Universidad de Manila. Se han concedido ayudas a la traducción a dos editoriales de Filipinas para la traducción y edición de las obras: El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha e Historia del pueblo Basayan en las Islas Filipinas. El Museo Nacional del Prado manifiesta su disponibilidad para la cooperación con Instituciones de naturaleza museística de la República de Filipinas y el intercambio de visitas de sus profesionales y de expertos bibliotecarios y especialistas en información, con el fin de conocer el funcionamiento y gestión de bibliotecas públicas y universitarias. La Biblioteca Nacional de España, que habitualmente mantiene relaciones de canje bibliográfico con la Biblioteca Nacional de Manila, muestra su interés en promocionar las relaciones con las bibliotecas filipinas y especialmente hace hincapié en que se le mantenga informada de la producción editorial filipina sobre España y de las traducciones o ediciones que se hagan en Filipinas de autores españoles e hispanoamericanos.
....Las relaciones entre ambos países se describen en este documento como excelentes y de amistad, fortalecidas por un pasado histórico compartido y la creciente cooperación política y económica en el presente, con la intensificación del diálogo entre ambas partes, de las relaciones económicas bilaterales y el incremento de las inversiones españolas en la República de Filipinas. No obstante, en el Informe Anual 2004 del gobierno filipino se señala que España ha pasado a ser el primer donante bilateral de fondos no reembolsables entre todos los miembros de la Unión Europea con el objetivo del desarrollo económico del país, especialmente en lo relativo a la reducción de desigualdades sociales.
....En los últimos años esta colaboración se ha venido ampliando con el desarrollo de ambiciosos proyectos en lo cultural, lo educativo, la cooperación humanitaria y la económica. Por ejemplo, en lo cultural se han concedido becas por parte de la AECID a través del programa de becas MAEC en las mejores universidades españolas para completar la formación de los estudiantes universitarios filipinos. El Instituto Cervantes, en colaboración con la Embajada de España, está a cargo de una colección de ocho obras inéditas —o no reeditadas— de la literatura filipina escrita en español a principios del siglo XX, agrupadas en la Biblioteca Clásicos Hispano-Filipinos. En lo educativo, el Ministerio de Educación y Cultura ha promovido la creación de la Consejería de Educación en Filipinas, que tiene como función primordial el asesoramiento y el apoyo a los docentes de español en los diferentes niveles del sistema educativo, colaborando en lo posible con las instituciones educativas y culturales filipinas y prestándoles servicio técnico, formación, gestión de programas de cooperación, orientación y materiales didácticos. Hasta ahora, su labor más relevante ha sido la de impulsar la enseñanza de la lengua y la cultura española en la enseñanza reglada filipina. Estos intentos se han consolidado el 23 de febrero de 2010, durante la celebración de la V Tribuna en Barcelona, mediante la firma del Memorando de Entendimiento para la Mejora y Promoción de la Enseñanza de la Lengua y Cultura Españolas, entre los representantes de los gobiernos español y filipino, el Ministro de Educación de Filipinas, Jesli Lapus, el Director General de Relaciones Internacionales del Ministerio de Educación español, José Manuel Martínez Sierra, la Directora General del Instituto Cervantes, Carmen Caffarel, y el Director de Relaciones Culturales y Científicas de la AECID, Carlos Alberdi. Con él se pretende implantar la lengua española como lengua extranjera en la enseñanza secundaria en Filipinas, y establecer un marco general para coordinar los recursos que aportará cada una de las instituciones españolas involucradas en el proyecto, con la atenta supervisión del Departamento de Educación del gobierno filipino. Para ello se establece una fase piloto en la que se incluirá la asignatura de español en 15 centros escolares de secundaria, unos mil alumnos, para extenderse más tarde a otros cincuenta centros escolares hasta 2012 (MEC, 2010).
....Los acuerdos económicos y las inversiones, tanto de carácter público como privado, ratifican el buen momento político por el que pasan las relaciones entre ambos estados. En materia de cooperación destacan el plan de Seguridad alimentaria para la infancia en Filipinas firmado el 4 de diciembre de 2009, con el que se pretende garantizar la seguridad alimentaria y la nutrición para niños de entre 0 y 2 años a lo largo de tres años en las ciudades de Naga y Pasacao en la provincia de Camarines Sur, Carles e Iloilo en Iloilo, y Zamboanga y Aurora en Zamboanga del Sur, con el fin de reducir la malnutrición y la mortalidad de los niños más pequeños y vulnerables. Este plan está financiado por el Fondo España-PNUD para la consecución de los Objetivos de Desarrollo del Milenio en Filipinas y está dotado con un presupuesto de 2.364.000 euros. Este programa aspira a reducir la mortalidad infantil en casi un 20% y se prevé que cuente con 532.000 beneficiarios, 227.000 niños menores de cinco años, 45.000 mujeres embarazadas y otras 260.000 en lactancia. El 29 de junio de 2009 se clausuró la cuarta y última fase del proyecto Poder y Prosperidad de la Comunidad iniciado en 2004, que nació con un presupuesto de 4.100.000 euros y con la finalidad de reducir la pobreza dentro de los Objetivos del Milenio de las Naciones Unidas, mediante la iniciativa, el impulso y la promoción de los servicios sociales y las instituciones del gobierno locales (AECID, 2009).
....En la última década el gobierno español y el filipino han venido estrechando sus lazos y mimando su relación con acuerdos que han logrado excelentes resultados bilaterales para ambas partes. No cabe duda de que estas relaciones seguirán impulsándose en las próximas décadas para conseguir avances tan significativos como el logro de la incorporación de Filipinas a la Cumbre Iberoamericana. En los últimos años se han sucedido las visitas de los mandatarios y máximos representantes del gobierno y de sus ministerios, lo que ha dado ocasión a importantes medidas y compromisos, como el de la presidenta Arroyo, quien en su viaje oficial a España en 2007 anunciaba su intención de impulsar el estudio del español como lengua extranjera en las escuelas del archipiélago. Este hecho, como sabemos, tuvo repercusiones trascendentes, como la de la creación de la Consejería de Educación en Filipinas, con la finalidad de llevar a cabo este proyecto aportando el asesoramiento y los recursos necesarios.

6. LA IDENTIDAD FILIPINA Y LA HERENCIA HISPÁNICA

....Es inexcusable en este largo exordio por el hispanismo filipino hablar de la identidad del habitante actual de las Islas Filipinas y de las repercusiones que ha tenido la consideración de su pasado -y de la hispanidad propiamente dicha- en su peculiar manera de ver el mundo y de vivir la vida.
... Lo hispano estuvo vivo en Filipinas hasta la década de 1940, aunque ya en los años 20 se le asestó un duro golpe que anunciaba una serie de sucesos imparables, surgidos con el objetivo de su destierro total del archipiélago. Los norteamericanos alejaron del poder político, militar, económico y cultural a los primeros dirigentes filipinos, porque la cultura de éstos era española (Pascual, 2003). Para ello tuvieron que dedicar sus esfuerzos y grandes sumas de dinero a la formación en inglés de aquellos otros filipinos que ocuparían el lugar de los hispanizados y que asumirían la invasión norteamericana. Cuenta Pascual (2003: s.n.) que “Para Filipinas la situación fue traumática. La intelectualidad de la época, si quería llegar a sus propios compatriotas (las nuevas generaciones eran educadas en inglés) tuvo que ir abandonando el español, o resistir en él, cada vez más aislados”. Como afirma Ruescas (2009), a través de una política combativa de lo hispánico, la llegada de los norteamericanos significó un retroceso irreparable en la herencia cultural hispana, especialmente en la lengua española, que sería sustituida impunemente por la inglesa a pesar de las repetidas renuncias de una sociedad que había crecido en español: “la administración norteamericana obligó a un país ya formado, civilizado y moderno, a olvidar su idioma nacional, elemento unificador de tagalos, cebuanos, ilocanos, bicolanos, warays, ilonggos y bisayas” (Ruescas, 2009; s.n.).
....La lengua española era ya en el siglo XX un elemento integrador que formaba parte de la identidad filipina, como lo había sido antes la labor administrativa de los españoles en las islas, dispersas en culturas distintas que se enfrentaban unas con otras, “porque el español era algo propio, era un idioma hablado en todas las grandes ciudades de las Filipinas del siglo XIX” (Ruescas, 2009: s.n.). Es por tanto que a la negación del español sobrevino la negación de la propia identidad hispánica. Se inició en estos años un programa educativo del pueblo filipino en inglés, con textos de un marcado tinte ideológico antiespañol en las escuelas —que perdurarán hasta el presente— sobre los tres siglos de colonización española, en los que se subrayaba la parte negativa e interesada, que tanto nacionalistas filipinos como norteamericanos se habían encargado de resaltar en beneficio de sus propios intereses políticos. Dejaban aparte tres siglos vividos en común, de los que había surgido un nuevo país y la simbiosis de dos culturas hermanadas que confluyeron en una identidad propia, diferente de la española y de la precolombina malaya. El régimen estadounidense trató de borrar este pasado e impuso la ignorancia de lo hispánico durante más de cuarenta años, hasta conseguir que la lengua española fuera desterrada de Filipinas.

[…] la causa más grave de dicha disociación de la conciencia filipina del pasado hispanofilipino no fue el cambio radical de un paisaje religioso, tradicional e hispanizado a otro anglosajón, secular y tecnológico. El mayor factor de la disociación fue la desaparición de la generación hispanofilipina que primero lideró el movimiento de asimilación e igualdad de derechos bajo España, y, después, la Revolución y la instauración de la República. La flor y nata de aquella generación filipina paradigmática fue eliminada del liderazgo de la nueva nación a través de la muerte y el exilio […] aquella heroica generación fueron marginados de la vida social y nacional y reemplazados por los ilustrados no nacionalistas, quienes se convirtieron en los colaboradores de los norteamericanos. Fue así como se perpetró la traición, mediante el falso discurso de que el proyecto nacional fallido se continuaba pero esta vez bajo un nuevo tutor de corte benévolo y democrático, el mismísimo que había destruido aquel proyecto nacional (Medina, 2000a: s.n.).

....Esto produciría un daño irreparable en la personalidad del filipino del que a día de hoy aún no se ha recuperado:

La pérdida de la identidad hispanofilipina se expresa hoy en día como el estado de disociación sicológica y emocional del mundo hispanofilipino en los filipinos posmodernos. Sin embargo, éstos tienen la falsa creencia, promovida por los libros de historia, que no existe ninguna brecha cultural significativa entre ellos y la Generación de 1896. Es un hecho constatable, no obstante, que el triunfo de EE.UU. sobre la Primera República y la posterior reestructuración de la vida social, cultural y de la identidad filipina entre 1901 y 1945 significó una ruptura violenta a todo nivel para el pueblo hispanofilipino. El cambio lingüístico, la educación, la transformación tecnológica, y la difusión a través de las telecomunicaciones de las costumbres y la cultura general de EE.UU., borraron la memoria hispanofilipina casi por completo, separando así a la nación de sus antepasados hispanofilipinos (Medina, 2000a: s.n.).

....La repercusión más clara de esta desconexión del filipino con su pasado hay que buscarla en las bases de su propia fundación como pueblo, pues en la actualidad pocos filipinos hablan la lengua española y los estudiosos filipinos de la historia, la ley, la economía, etc. deben apoyarse en las traducciones de los textos —cuando estas existen— que aún perviven en español. Esto ya lo había advertido Recto bastante tiempo atrás en el discurso La cruzada por el español en Filipinas que iba a leer en 1960 ante la Real Academia Española cuando le llegó la muerte en Roma, mucho antes de que la lengua española perdiera su relevancia dentro de la sociedad filipina:

Porque sería trágico que llegase el día en que para leer a Rizal, a del Pilar, a Mabini y a Adriático, a Palma y Arellano, a Mapa y a Osmeña, los filipinos tuviéramos que hacerlo a través de traducciones bastardas. En fin, porque el español es una tradición patria que, si tiene raíces en nuestra historia, también las tiene en las entrañas de nuestra alma (Recto, cit. en Farolán, 2006).

....Así, Martínez Expósito (2007: 25) señala que existen unas 3.000 obras de literatura filipina escritas en español y más de 13 millones de manuscritos de la historia de Filipinas en esta lengua —documentos del gobierno, economía, legales, religiosos, registros, cartas, etc. escritos hasta 1898— en los archivos filipinos. Estos son documentos escritos en español que la gran mayoría de la sociedad desconoce y a los que no tienen acceso por estar escritos en una lengua que ya no habla y por haberse desarrollado en un contexto cultural que el filipino ignora, o mal conoce, por la deformación que ha sufrido en manos de aquellas plumas interesadas que han manipulado las huellas de la historia . Sirva como ejemplo la reciente conferencia organizada el 8 y 9 de febrero de 2010 por la Biblioteca Miguel de Benavides y la Facultad de Farmacia de la Universidad de Santo Tomás, uno de los últimos bastiones del español en Filipinas, como prolegómeno de la conmemoración del cuarto centenario de la fundación de la universidad. Fue una profesora española de la Universidad de Filipinas, María Luna, quien tuvo que encargarse de la investigación sobre la historia de la Facultad de Medicina para la ponencia The Faculty of Pharmacy during the Spanish Period (1871-1898), pues toda la documentación estaba escrita en español.
....Este corte radical en la historia de Filipinas, que la divide en dos mitades irreconocibles e irreconciliables, produce una escisión en la personalidad del filipino medio, quien desconoce el origen de su cultura e incluso de su pasado más cercano, el de los compatriotas de principios de siglo que lucharon con sus vidas contra los españoles por la Independencia de Filipinas y que se opusieron a la posterior ocupación norteamericana que cercenaba su libertad. A pesar de la desidia española a partir de 1898, un grupo reducido pero importante de filipinos y mestizos, ya fuera por razones familiares o misioneras, mantuvo la identidad hispana. El signo más representativo de este hispanismo que anda por su propio pie es el de Claro Recto. Es un hispanismo que no tiene que ver con España, que no se concibe como una imposición o una herencia, sino como un coágulo en el que se mezclan distintas sangres y surge una nueva identidad, distinta de la filipina y de la española, pero definida a partir de los rasgos comunes y de la conjunción de ambas. Durante el banquete de 1953 en honor de Don Alberto Martín Artajo, el Ministro de Exteriores español que se encontraba en Manila de visita, Recto lo expresó del siguiente modo (cit. en De la Peña, 2008: 7):

[…] nuestro hispanismo, en punto a finalidad, y como aspiración y propósito, poco tiene que ver con España, y mucho con nosotros mismos, porque el español, por cuya conservación y difusión luchamos, que a eso se reduce a fin de cuentas nuestro hispanismo, es algo que ha llegado a ser nuestro propio, consustancial, por fuero de historia y de espiritualidad, por razones de presente y por exigencias del futuro, que sin él quedará grandemente menguado el inventario de valores de nuestro patrimonio cultural y descoyuntada toda prefiguración del futuro de nuestra nacionalidad. El fragmento de este discurso de Recto lo tomé de El Debate de Manila en su edición del 8 de febrero de 1966.

....Tony Fernández (2003) glosa estas palabras de Recto para apuntalar que España forma parte del pasado filipino, de la identidad hispana que hay en Filipinas, pero que también es importante mirar hacia el futuro, que es eminentemente práctico para el filipino del siglo XXI conocer y tener relaciones con lo español, no sólo para leer los textos pretéritos, sino también para crear ocasiones de futuro.
De la Peña (2008) recuerda que la voz de Recto fue la más importante durante el periodo americano y que la fuerza contra la campaña de americanización de los escritores filipinos en español se caracterizó por una dureza que convulsionaba al país:

This doctrine was the ideology which gave life to the literary production during the American period, and the moving force behind the anti-Americanization campaign of our writers in Spanish. Fernandez Lumba would call this tendency hispanofilia filipina (Filipino love for things Hispanic) (De la Peña, 2008: 7).

....Baste el ejemplo postrero de Nick Joaquín, uno de los pensionados del régimen norteamericano, educado en y para la grandeza de los Estados Unidos, quien estaba destinado a hacer más grande la letra inglesa dentro de las fronteras nacionales filipinas. Hombre docto y de una fina inteligencia, reconoció en la historia y en la identidad de Filipinas la huella hispana y la hizo suya en sus textos escritos en inglés —especialmente en La Naval de Manila y en la ambientación de A Portrait of the Artist as Filipino—, y conservó la lengua española hablándola en los círculos íntimos, como medio de vincularse también a los escritos del pasado. Es por ello que recibió duras críticas de sus coetáneos y contemporáneos, por admirar a sus antepasados y desmarcarse con reservas del patrocinio de los Estados Unidos.
....El tiempo ha demostrado que en la configuración de la identidad filipina no es necesaria ni aconsejable la exclusión de ninguno de los componentes que la conforman. Como recuerda De la Peña (2008), Recto consideraba el hispanismo como parte de la identidad filipina y defendía la necesidad de integrarlo dentro de una patria tricontinental, una gran Confederación dentro de la variada multiplicidad de estos países, como apostilla también Farolán (2006) en su artículo Claro M. Recto: Abanderado del hispanismo filipino. Este sentimiento del pasado, esta doctrina de Recto es lo que De la Peña (2008: 7), como tantos otros, reivindican también en el presente: “affirms and defends the presence of Spanish and of Hispanic culture which Spaniards left behind and which the Filipinos acquired and assimilated into the Philippine cultural identity”.
....No se ha de olvidar tampoco que el español es parte constitutiva de la nacionalidad filipina y que esta lengua entronca directamente con el patrimonio nacional, ya que fue esencial para el desarrollo autóctono de la nación. Su olvido o su rechazo ha tenido consecuencias fatídicas para la identidad del ciudadano. Medina (2000a, 2000c) propone su recuperación y la reconstrucción de un tejido histórico seriamente dañado por las deformaciones interesadas de los historiadores y educadores desde principios del siglo XX.
....La naturaleza de la disociación es sencilla: los filipinos de hoy no han experimentado la cultura hispanofilipina; el castellano se ha perdido en Filipinas como idioma vivo; y existe un marcado sesgo cultural e historiográfico contra la época colonial española.
....No es tampoco nuestro interés negar ni despreciar tal hecho, sino más bien animar a los filipinos actuales a emprender con suma seriedad el sondeo del sustrato hispanofilipino que se encuentra bajo la superficie norteamericanizada de nuestra cultura. Sólo así logrará nuestro pueblo sentir su profundo raigambre en el poderoso y hermoso legado cultural e histórico que compartimos con los pueblos latinoamericanos. En otras palabras, no pretendemos negar la complejidad de la ontología e historiografía filipina, sino todo lo contrario: honrar y hacerle justicia (Medina, 2000a: s.n.).
....Esta llamada a un pasado común con Hispanoamérica tampoco es gratuita. No puede entenderse de otro modo la colonización de Filipinas, dependiente del Virreinato de Nueva España, pues no cabe otra interpretación de lo español y de lo hispano que atracaba en Filipinas, si no es visto desde el filtro a su paso por Hispanoamérica. En cierto modo, la conquista filipina fue una empresa americana, pues las naves se construyeron en América, se equiparon allí y fue constituida y liderada por los hombres que habitaban estas tierras. No obstante, Filipinas fue colonia de una colonia hasta la independencia de Nueva España, y una parte importante de las influencias que recibía el país llegaban desde este Virreinato. El comercio y las relaciones con los países hispanoamericanos eran más frecuentes que con la propia metrópoli, por la mayor rapidez con que desde allí llegaban las comunicaciones. Además, el pasado compartido por estos países con Filipinas iguala su situación en el presente, donde aún quedan múltiples rasgos reconocibles de las costumbres, formas de vivir, tradiciones, organización social, etc. actuales que la emparentan con Hispanoamérica42. Philippe Cahuzac (2003), por su parte, afirma que la conquista dejó rasgos de civilización que acercan más a Filipinas a Latinoamérica que a la Asia del Sudeste asiático, de ahí la occidentalización del filipino. Por ello, mantiene Cahuzac que Filipinas sólo tiene sentido si se concibe como parte de Hispanoamérica, debido al pasado histórico compartido, como país hispano que fue.
....Uno de los rasgos que diferenciaban a Filipinas de otros países de Hispanoamérica es que allí la población española iba a quedarse mientras que a las islas del sudeste asiático llegaban de paso (Rodao, 2004; 2005). Louapre (1990) relata las pésimas condiciones del viaje, la estancia en las islas, las enfermedades tropicales que asolaban a los colonos españoles o la escasez de materiales preciosos —en comparación a las tierras de América—, circunstancias que tuvieron una consecuencia directa en la baja población hispana en las islas y, por lo tanto, en la dificultad de crear una sociedad mayoritariamente mestiza, como ocurriera en la América hispana. Este motivo —con un galeón al año y una colonia de mil españoles— impidió tanto la transculturación como la difusión de la lengua española por pueblos y provincias. Rodríguez-Ponga (2003) aporta la otra causa importante que motivó la falta de arraigo de la lengua española en las islas. Además de la señalada carencia de un grupo de lengua materna hispana significativo —salvo en ciudades como Manila, Cebú o Zamboanga—, la predicación religiosa en las lenguas autóctonas fue la otra gran razón por la cual el español no cuajó en suelo filipino. Sin embargo, los religiosos se han defendido a lo largo de los siglos de estas críticas, arguyendo que de haberlo hecho así, hubiera supuesto un coste adicional de tiempo y de esfuerzo, cuando su finalidad principal era la de cristianizar, no la de hispanizar las islas. Por otro lado, Gerona (1998) destaca el interés de los nativos por aprender la lengua española, impresionados por la escenificación eclesiástica y por la creencia en la capacidad superior del español y del latín con respecto a las lenguas nativas para expresar las verdades metafísicas, como Dios, la fe, Santo, Cruz, etc. Sobre este punto, Rodao (2004; 2005) señala que la Iglesia actuaba de este modo en defensa de sus propios intereses, pues la imposibilidad de hablar español les convertía en intermediarios privilegiados del archipiélago con la Corona, evitando en lo posible el contacto de las gentes filipinas con el viejo continente. El conocimiento de este idioma era, por lo tanto, un privilegio que se reservó para las clases pudientes (Louapre, 1990). A pesar de esto, Rodríguez-Ponga (2003) aporta datos de cómo en torno al 50% de la población en Manila sabía hablar español —con distintos grados en el dominio de la lengua— a finales del siglo XIX, gracias al fuerte impulso dado a la escolarización generalizada y a la enseñanza del español durante el reinado de Isabel II43. Otro elemento para el desarrollo del español fue la publicación de periódicos y de literatura. Señala Mariñas (1974) que normalmente los escritores filhispanos realizaban la publicación de sus obras en los periódicos, por lo que la prensa fue piedra angular del pensamiento, la política, la propaganda y el nacionalismo. En 1806 se publicó el primer periódico filipino, “Aviso al público” y alrededor de 1898 convivían más de 60 publicaciones en Filipinas, todas ellas en español, el canal de expresión de las ideas en el país. Sin embargo, el propio Mariñas subraya que los filipinos ilustrados de finales de siglo escribían para una minoría que podía entenderlos, aunque la lengua de cultura y de comunicación entre las regiones fuera el español.
....Se dio por ello, en muchos casos, una indigenización que reinterpretaba lo español desde la perspectiva filipina y hacía asomar una identidad nueva que se consolidó con la constitución de una clase educada con valores propios que distaban, en gran medida, de los del colonizador, pero que hablaban en su lengua. Como comenta Rodao, “Al contrario que la influencia norteamericana, lo español se ha filipinizado y forma parte de lo considerado como propio” (Rodao, 1998a: 128). Así lo corrobora también Farolán (1998) cuando afirma que “Norteamérica ha llevado y dejado la lengua, unos sistemas económicos, educativos, etcétera, aunque no tan profundos como las huellas dejadas por España”. El colonialismo español fue incapaz —y nunca se lo propuso— de hacer desaparecer las culturas de los nativos ni de acabar con las otras identidades:

Ni los españoles fueron a Filipinas a impulsar una conciencia nacional ni la creación de universidades tuvo la intención de iniciar las tertulias anticlericales. La propia debilidad de la dominación española fue la que permitió esa fusión de las identidades locales filipinas con lo hispano y lo chino (Rodao, 1998a: 131).

....El resultado final de este proceso es hoy, como comenta Pascual (2003), que muchos periodistas, escritores y políticos filipinos son desconocidos en su propio país porque en el siglo XXI su sociedad no habla español, que los hechos y los escritos del pasado resultan de difícil comprensión porque en el siglo XXI su sociedad no puede pensar en español y que muchas historias y conocimientos pertenecen encerrados en una lengua y un pensamiento indescifrable para el filipino del siglo XXI. Por ello, se puede interpretar, en algún sentido, que Filipinas es un país con solo 100 años de historia —el tiempo al que sus ciudadanos pueden acceder y comprender plenamente—, esta es la consecuencia de haber tenido que comenzar de cero cuando se llevaban más de tres siglos formando la nacionalidad filipina y que floreció finalmente con la madurez de un pueblo unido al grito de libertad en la constitución de su Independencia y de su Primera República.
....La escisión del filipino moderno a la que venimos haciendo referencia se justifica desde la desorientación, debido al desarraigo con respecto a su pasado desconocido, o mal conocido, interpretado por otros de forma partidista tras la forzada deshispanización del país. Esta deshispanización explica también, en cierto modo, el intento presente de la sociedad filipina por reivindicar su independencia como nación alejada de la dominación política de un pueblo extranjero. Este sentimiento arrastra como consecuencia un nacionalismo exacerbado en la superficie, pero con la paradoja de estar asimilando en el presente histórico los modelos económicos, educativos, culturales, tradiciones y hábitos de consumo foráneos. Estos reductos encubiertos del pasado hacen primar el gusto por lo extranjero sobre lo nacional, pero adaptándolo parcialmente al gusto de lo autóctono. Así, emergen copias admiradas de productos y costumbres extranjeras como Jollybee, el Karaoke, el golf, la cultura del centro comercial, los musicales, las actuaciones de Disney, etc.
.... Rodao (1998a: 129) describe este fenómeno de una manera precisa, y para ello contrasta las influencias más importantes que ha recibido el archipiélago en los siglos pasados: “Lo hispano existe, pero no es tan visible como lo norteamericano”, pues lo hispánico está oculto, fusionado con la identidad filipina, como los hispanismos de las lenguas autóctonas cuya procedencia española no pueden reconocer los hablantes nativos, cuestión que descubren en nuestras clases de español con suma extrañeza.


31Estados Unidos difundió las demandas españolas -consideraciones imperialistas de la permanencia espiritual y cultural de España en Filipinas- sobre el pasado histórico y que Filipinas era más española que nunca. Hasta entonces el gobierno de Washington había considerado el pasado español como un periodo en el que se habían cometido errores, pero que también le había reportado beneficios al país. A partir de este momento la propaganda se radicaliza en lo negativo (Rodao, 2006). Se decía que la amenaza española hacía peligrar los procedimientos democráticos iniciados en Filipinas como medio para combatir la propaganda española que llamaba a los filhispanos, mestizos y a la identidad hispana de los filipinos y los misioneros. En su contra, los anglosajones trataban de convencer a los filipinos de unirse a ellos usando la imagen de España en base a dos argumentos: 1. que los países del Eje tenían ambiciones imperialistas en Filipinas; 2. que los nacionales de esos países respondían a un patrón violento y radical, aunque se reconociera que podía haber españoles no falangistas, alemanes, no nazis e italianos, no falangistas (Rodao, 2006).

32Rodao (1998b) señala esta fecha como clave para representar cómo simbólicamente quedaron diluidos cuatro siglos de presencia española en Filipinas y prácticamente destruido el legado español, tanto por las consecuencias de la expulsión del ejército japonés de Filipinas como por los movimientos políticos de la España de Franco durante estos años y la consecuente pérdida de influencia en las relaciones oficiales con los gobiernos de Asia Oriental. Únicamente algunos aspectos permiten seguir hablando de la identidad de lo hispánico en Filipinas a pesar de la pérdida de la presencia española en las Islas, como son la estructuración de la sociedad, el idioma, las tradiciones, la gastronomía o la religión católica, mientras que los intereses privados españoles habían casi desaparecido de Filipinas. Desde entonces, sólo recientemente las empresas españolas están mostrando un renovado interés por Asia, como una parte necesaria en el objetivo de la globalización (Rodao, 2005). Desde que la presencia hispana alcanzara su punto más bajo en 1945, la situación ha mejorado ligeramente en los últimos años, pero todavía percibimos en la sociedad filipina los efectos de la falta de interés por parte española que sobrevino a los acontecimientos de 1898.

33Ciertamente, los hechos ocurridos en Asia precipitaron el comienzo de la Guerra Fría y, por lo tanto, influyeron significativamente en el fin del aislamiento internacional de España a partir de 1953, cuando Franco estableció nuevas relaciones con el Vaticano y con Washington. Después de esta fecha, 1953, y tras haber conseguido sus objetivos de diálogo con el bando Aliado, no habrá más contactos con Asia. Se puede decir que el gobierno español ya no necesitaba más a Filipinas. Una vez que el reconocimiento internacional después de 1953 aprobó la continuidad del régimen de Franco, las razones para mantener los contactos con Asia pasaron a ser mínimas. (Rodao, 1998b).

34Muchas empresas españolas se nacionalizaron filipinas a causa de sus desavenencias con el régimen de Franco y por el impedimento de la disposición de la administración americana que impedía adquirir tierra en Filipinas a los no filipinos o no americanos (Rodao, 1999). Por este cambio de nacionalidad, también el comercio cambió de manos. Si bien hasta la década de 1920 las dos terceras partes del comercio exterior de Filipinas había sido desarrollado por empresas españolas, tras la Segunda Guerra Mundial había descendido al mínimo. Aparte de los misioneros, el grupo más numeroso de residentes españoles en las Islas era el gremio de los empleados en empresas comerciales, industriales y agrícolas. Se calcula que unos 5 o 6 mil españoles habían adoptado la ciudadanía filipina como consecuencia de esta legislación, especialmente en los seis o siete años antes de la Guerra del Pacífico. Con respecto a los individuos de procedencia española, como los mestizos o cuarterones -un cuarto de sangre filipina- que conservaban la educación, los gustos y las costumbres hispanas, se estima que la cifra alcanzaba el medio millón. Socialmente, la imagen de España pasó a ser la de un país atrasado y cuya influencia había sido nociva para el país. (Rodao, 1994a; 1998b).

35Tal era su poder que los diplomáticos asignados a una representación en Asia podían encontrar un problema grave si decidían resistir sus demandas. Igualmente, Rodao (1998b) relata la imposición de medallas al mérito por parte del gobierno franquista con el fin de recaudar fondos, por ejemplo, las concedidas a Quezon o Rómulo. Las respuestas filipinas a las iniciativas españolas por una intensificación de las relaciones -medallas, honores y reconocimientos-fueron bien consideradas. Incluso se llegó a reconocer la valía de algunos elementos contrarios al régimen, como Enrique Zobel de Ayala, Antonio Roxas o el propio Rómulo. Estas aportaciones de dinero a cambio de medallas de reconocimiento a los expatriados no era exclusiva de las Islas Filipinas, sino que también era frecuente entre la comunidad española que gozaba de bienestar en América Latina (Rodao, 2006).

36Dentro de las compañías españolas en suelo filipino siguió con un puesto destacado la Tabacalera, creada en 1881. Mantenía a unos 200 empleados españoles y alcanzó durante la ocupación americana su periodo de mayor auge. Comerciaba con tabaco, azúcar, copra y aceite de coco e importaba otros productos españoles, como vinos, aceites y conservas. De las Compañías Familiares destacaban "Ayala & Cía", "Elizalde & Cía", "Lizárraga Hnos.", "Roxas & Cía.", "A. Soriano & Cía" y "R. Pérez Samanillo". Sin lugar a dudas, la más poderosa era la de Soriano, que poseía minas de oro, propiedades inmuebles y San Miguel, llegando incluso a tener influencias y acceso directo sobre el Cuartel General de Franco en España (Rodao, 1998b; 1999).

37La decadencia en la que entra España en estas fechas y la pérdida de influencia en Filipinas a partir de 1945 precipita los hechos. La pérdida de influencia de España a partir de la segunda mitad del siglo XX propiciará que una parte importante de la vieja élite española en las Filipinas cambie de nacionalidad y que comience un colapso entre las compañías españolas más allá de las iniciativas privadas (c.f. nota 26 y 34).

38El gobierno de Franco sintió un fuerte interés político hacia Asia Oriental debido a su aislamiento internacional y a la necesidad de mejorar sus relaciones con Washington. Asia Oriental empezó a ser vista como una especie de “puerta trasera” que podría servir para mejorar esas lazos con Estados Unidos por tres razones: 1. Las crecientes tensiones con la Unión Soviética (principalmente en la región, debido a la Guerra de Corea) realzaron la posición estratégica de España como un aliado localizado en un territorio bien protegido por los Pirineos ante un hipotético ataque de la Unión Soviética; 2. El ascenso del Comunismo -principalmente, por la victoria comunista en China- fue una “confirmación” de los avisos españoles sobre la creciente amenaza de Moscú; 3. Los regímenes anti-comunistas de la región -principalmente Manila, Bangkok y Tokio- eran lugares excelentes para establecer contactos con los altos oficiales de los Estados Unidos. Este peligro para Filipinas era real, pues en el año 1946 alcanzaría la independencia americana y los países totalitarios anticomunistas o los comunistas podían intentar un acercamiento al gobierno del archipiélago. A partir de este momento Franco estrechó relaciones con Filipinas y las cortó con Japón en un giro político radical que se extinguió a partir de 1953, cuando el gobierno de Franco consiguió el reconocimiento de la comunidad internacional (Rodao, 2006).

39Un informe elaborado por miembros de la Unesco (Blat, Rivas y Lorenzo,1968) recogía el dato del censo de 1960, en el que el español se hablaba entre el 2,1% de la población, de un total de 27 millones de habitantes, con respecto al tagalo o al inglés, con un 21,2% y un 39,5% respectivamente. No obstante, comentan estos autores la relatividad y la baja fiabilidad de los censos, pues en la categoría del inglés, por ejemplo, se incluía en el 39,5% a individuos que tenían un conocimiento imperfecto del idioma.

40El informe dice lo siguiente: “La Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) ha venido apostando desde su inicio por los procesos de democratización y fortalecimiento de los gobiernos en Filipinas, convencidos de que el fortalecimiento de las estructuras locales, la descentralización y la mejora de las infraestructuras y servicios sociales son pasos previos al desarrollo integral de cualquier país y, por lo tanto, claves para la lucha contra la pobreza en todas sus manifestaciones […] Esta situación se plasma en el proyecto Poder y Prosperidad de la Comunidad, que aúna de forma eficaz la promoción de la participación ciudadana a través de los Barangays (juntas de distritos municipales) y la creación de infraestructuras que mejoran de forma innegable las condiciones de vida de los beneficiarios, a través de obras como puentes, acueductos, aulas escolares, etc.”(AECID, 2009).

41No me resisto a citar aquí las acertadas palabras de Medina (2000a) a este respecto: “Presentamos la hipótesis de que la pérdida de la identidad y memoria hispanofilipino bajo el régimen colonial norteamericano llevó al tratamiento descontextualizado y parcial de la época hispanofilipina (1521-1898) en los textos de historia filipinos”.

42Rodao (1998a) señala que no conviene olvidar las condiciones sociales parecidas entre ambos países, como “el kumpadre, la religiosidad, los vínculos familiares como sustitución de los estatales y otras características de la mentalidad de los filipinos muestran un filtro latino difícil de esconder.” (130) o los procesos políticos similares en estos países: “Recientemente también se han vivido procesos semejantes en Filipinas y América Latina: los golpes militares y la similitud de unas crisis económicas en las décadas de los sesenta y los ochenta fueron producto de unos préstamos usados de forma ineficiente. Se habla también en Filipinas del creciente interés por el espiritismo, la brujería y los duendes, pero es sobre todo el auge de las telenovelas lo que revela el componente popular de las similitudes entre ambas sociedades” (Rodao, 1998a: 130)
.


Lean: la última parte


^arriba^

Tomo XIV, no.4,
Invierno 2010-2011

,

Director: Edmundo Farolán




En este número:

Editorial


Memorias y nostalgia:
“Mi Retiro” por José Rizal

Jad Monsod


El juego de gallos en
Nueva España y Filipinas

Juan Hernández Horitgüela


José Villanueva y Arévalo
en Filipinas
Marcos Mayorga Noval


El reto de informar
y comunicar en español

Carlos Juan Juan


Hispanidad en Cebú
(Segunda Parte)

Guillermo Gómez Rivera


La hispanización y la identidad hispana en Filipinas
(Segunda Parte)
David Sánchez Jiménez


Cartas y anuncios











Todos los derechos reservados
Copyright © 2011
Revista Filipina,
Edmundo Farolán
Diseño: E. A. Lozada


portada invierno 10-11 archivos enlaces contactar índice